4. Hogar dulce hogar Part 2

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— ¡Llegamos!—grité.

Por fin pensé.

Después de hora y media por fin llegábamos a casa.

Giré la mitad de mi cuerpo para ver a mis amigas, ¿Es enserio?, estaban dormidas, bueno, sólo Dalí y Arantza.

Arantza estaba boca arriba, con los pies arriba sobre el respaldo, y Dalí tenía la cabeza apoyada sobre su panza. Y debo admitirlo, la panza de Arantza siempre ha sido cómoda, al igual que su brazo.

Miré a Diana, estaba entretenida con su Tablet, revisaba el holograma de la fábrica. Mientras que Paola escribía en un cuaderno mientras miraba la pantalla de su laptop.

— ¿Chicas?—volví a hablar.

—Mmmm—dijo Diana.

—Ya llegamos.

—Mmmm, chido—contestó aún escribiendo en su cuaderno.

Apagué el motor, me quité el cinturón de seguridad y abrí la puerta.

—No sé ustedes, pero yo me largo—cerré de un portazo y camine a la entrada, me sentía cansada y sucia como para pelear con ellas.

— ¡Oye!...—gritó Arantza—.Espéranos.

En un abrir y cerrar de ojos Paola estaba a mi derecha, y Diana a mi izquierda, giré mi cabeza, Arantza y Dalí salían corriendo del auto tratando de alcanzarnos.

—Eres una amargada—Paola hizo un puchero.

—No lo seria si me hicieran caso—sentí como alguien me empujaba, giré sobre mis talones y por acto reflejo coloque las manos en mi cintura, inclinándome un poco a la izquierda.

—Dalí, Arantza, ¿Quieren dejar de pelear?—dije algo molesta.

—Ella empezó—dijeron al unísono mientras se señalaban la una a la otra.

Rodeé los ojos y subí las escaleras blancas y un poco degastadas para dirigiéndome a la puerta principal, Diana y Paola ya estaba adentro, así que me dirigí a ellas.

—Tenemos que ir con Sophie.

Ambas asintieron y caminamos hacia la sala principal, abrimos las puertas y nos adentramos a esta.

Las paredes estaban pintadas de un color blanco perla, en el centro había una pequeña mesita ovalada, con una decoración de piedras azules en el fondo y agua, con peces naranjas, azules y morados de todo tamaño. Frente a esta, había un sofá para cuatro personas de un color azul marino aterciopelado, a derecha había otro sillón pero más pequeño, para tres personas, y a su izquierda uno individual. Enfrente había una chimenea, y estaba encendida. Era una sala bastante grande e iluminada, ya sea a la luz del sol o de la luna.

Sophie estaba sentada en el sillón individual, con un libro abierto sobre su regazo, con la pierna cruzada y mirando hacia la chimenea, vestía un elegante saco negro que hacia juego con su falda y zapatillas, su playera era blanca y ajustada a la cintura.

—Hemos llegado Sophie—al instante levantó la cabeza y sonrió, su sonrisa era blanca, sus ojos azules eran penetrantes, que hacían juego con su cabello café claro, tenía una silueta muy bonita, su estatura era media, un poco más baja que nosotras, su rostro aparentaba unos diez años menos de su edad y su porte reflejaba autoridad.

—Justo a tiempo chicas—cerró el libro y lo colocó en la mesita— ¿Y bien? ¿Cómo les fue?

—De maravilla—se apresuró a decir Paola antes de que yo pudiera decir algo, sonrió como niña inocente.

Experimento Secreto (Pausada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora