Trabajo en equipo

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En la cárcel del condado las visitas eran controladas, como en todos los penales del mundo, pero esto aplica para las visitas civiles, los cuerpos de seguridad del estado simplemente informaban y remitían una orden a la hora que se solicitase, se les permitía el acceso. El director del penal apenas se disponía a almorzar cuando fue avisado de una visita especial que está en la entrada, dada la circunstancia le permite la entrada ya que tienen una carta directa del jefe de la policía estadal. En cuestión de minutos tocan a su despacho, con la voz en alto les indica que pase, por la puerta entra  el teniente Samuel Kolher de la policía del estado y le sigue el coronel John Ashbil, el director apenas vio la figura de Ashbil entrar, pareció empalidecer, su actitud de mal humor por interrumpirle la proximidad a su hora de almuerzo fue sustituida por unos torpes movimientos y tartamudeo. 

- Caballeros, en que puedo servirles

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- Caballeros, en que puedo servirles .- En el tablete del escritorio se leía claramente Jack Leroy - Director.  - Dispense usted la interrupción director, mi amigo Ashbil y yo tenemos la necesidad de entrevistar a un recluso de su penal, conociendo el antecedente y tal vez la posición del recluso, la solicitud se la hacemos a usted directamente.- Le indicó Kolher inclinándose al espaldar de las sillas, ninguno de los dos se sentó a pesar de haber sido invitados con un gesto del director al recibirlos, eso le alivió un poco ya que indicaba que la visita sería corta. - Efectivamente, Sr. Leroy, he venido a ver al recluso Burckhardt Schnitzler .- Al mencionar ese nombre, el director casi comenzó a temblar. Ashbil y todos lo que están presentes en esa oficina saben que en los penales funcionan bandas que controlan en cierto modo el penal, es una lucha de poder, el líder de la banda tiene ciertas reglas impuestas, donde él le ofrece garantías al director y viceversa, Leroy sabe que llevarle una visita como Ashbil sería violentar esos acuerdos y por ende, corre peligro su vida. 

- Lo que me piden es bastante riesgoso para ustedes, imagino que saben que el Sr. Schnitzler es el líder de la hermandad aria en este penal, no es que quiera legitimizar o dar un poder supremo, no.- Esta última frase la culmina con una sonrisa evidentemente nerviosa. - Entonces no lo piense dos veces y llévame al cuarto de visitas privadas, allí lo espero.- Ashbil sabe que en este cuarto no entran más que el visitante y el visitado y disponen de doce minutos de privacidad absoluta, precisamente en este cuarto, es donde Schnitzler recibe las visitas que no considera prudente recibir en su aposento especial que está en el corazón del penal bajo la protección de sus lacayos. Leroy miró a Ashbil con una expresión de resignación y exhalo aire - De acuerdo, vamos. - Sale de la oficina y Ashbil lo sigue, Kolher hizo para seguirlos pero Ashbil con un gesto - Espérame aquí, será solo unos minutos.- 

- Venga por mi en el tiempo estimado, saldré primero, el saldrá después.- Leroy cerró la puerta hermética al salir, Ashbil observó el cuarto, un catre, una mesa, una silla, todo adosado a paredes y piso, nada se movía de su sitio, Ashbil se sentó en la silla a esperar. 

Schnitzler le pareció bastante extraño la notificación de la visita, pero en todo momento se le indicó que era una visita oficial, por lo que no debía anunciarse como la mayoría de los visitantes que recibe, que son citas concertadas. El reo circula por los pasillos sin esposas o cadenas, el resto de la población penal algunos le apoyan otros le repudian, pero no se atreven a insultarle, cuando eso ha ocurrido, se convierten en hombres muertos al poco tiempo. Al llegar al cuarto de visita los escoltas le abren la puerta y sin mencionar palabras esperan su entrada, la puerta se cierra a sus espaldas, Schnitzler miraba extrañado la figura del hombre que lo espera, para su sorpresa, al levantar el rostro, era Ashbil, a quien no conoce personalmente, pero supo, apenas verle, que se trataba del policía que debió cargarse. - Hermano, no es nada personal, sabes como funcionan estas cosas, es el negocio.- Le decía Schnitzler apenas dedujo de quien se trataba. Ashbil, se levantó de la silla y de los bolsillos de la chaqueta extrajo dos manoplas, las colocó en sus manos mientras daba, despacio, pasos hacia Schnitzler. - Hermano, no comprendes lo que digo? - Schnitzler estaba sólo, vulnerable, sin sus escoltas es simplemente un reo más, un mafioso de calle sin poder, acostumbrado a resolver sus problemas con armas de fuego o que todo un ejercito de delincuentes hagan el trabajo sucio. Sin decir una palabra Ashbil levantó el codo hacia atrás con el pie contrario adelante y le atestó un fuerte golpe directo al maxilar superior, en la región del labio, donde la manopla al chocar contra el hueso partió de un tajo la piel y haciendo un gran daño a la dentadura y la encía. Schnitzler cayó de espaldas con los ojos desorbitados totalmente. Ashbil respiraba agitado por la adrenalina, le dio la espalda a Schnitzler por un instante pero lo escuchaba mientras aún aturdido intentaba incorporarse apoyándose en los codos, emanaba sangre de su rostro, bañaba su vestimenta, que no era el habitual uniforme de reo color naranja que usa la población penal . 

La emboscada.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora