Y ahí estaba de nuevo. Con el teléfono en su oreja, y su hija parada a su lado. El tono sonaba, mientras ella esperaba que se atendiera. Seguía muy nerviosa, y jugaba con el doblez de su ropa. Y se escuchó.
-¿Hola?- No era él, era su madre. Pudo imaginarse a Susana parada en la cocina, con el teléfono en la mano, esperando una respuesta, como siempre atendía hacía 12 años atrás.
-Hola, ¿qué tal? Yo...-
-Carla.- su tono no fue el más amistoso. Susana siempre era de defender a su hijo, especialmente porque él no lo hacía. Y Carla sabía que, tal vez, no era la persona que menos daño le había hecho; pero claro sin esa intención.
La anciana no era de olvidar nada o casi nada, y sabía que sería muy difícil que se olvidara o la perdonara en un futuro cercano. Ella parecía no haber notado que su hijo ya no era un niño, y que no tenía que intervenir o meterse en sus problemas.
Shina podía notar a su madre nerviosa, y parada a su lado trataba de transmitirle la mayor tranquilidad posible. Estaba muy atenta, tratando de escuchar lo que se decía desde el otro lado, esperando sentir la voz de su padre de nuevo.
-Si, hola. Yo... ¿Me pasas con Marco, por favor?- Marco, así que ese era su nombre, pensó la niña.
-Mira, Carla. Después de lo de hoy, se nota que no has cambiado nada. Esto no es un juego, y si quieres...-
-Susana, por favor. Déjame... Déjame hablar con él- la angustia de la mujer se notaba en su voz, al parecer lo suficiente para que la anciana lo notara, se sintiera culpable y se callara totalmente por un minuto.
-Dame un momento.- las lágrimas querían caer por sus ojos, pero su hija le tomó la mano. La miró y le sonrió, antes de escuchar cómo le hablaban por el teléfono.
-¿Carla?- Marco no parecía estar muy emocionado de hablarle como la anterior vez. Ella podía imaginarlo, parado en la cocina, con su mano jugando en su pelo como cada vez que estaba incómodo o nervioso.
-Marco, antes que todo, yo lo siento.-
-No tienes que disculparte por lo de hoy, fue un atrevimiento de mí parte. No sabía que tenías una hija... Si lo hubiera sabido, no te habría llamado. En especial por tu esposo, no quiero problemas... Supongo que por eso terminamos, quiero decir, ella parece de unos 12 años y...-
-Marco.- él se calló. Parecía decepcionado, y avergonzado. -Es tu hija- Soltó muy rápido, sin medir sus palabras o tener el mínimo tacto. Sabía que no iba a poder decirlo si se ponía a pensar en eso, debía decirlo antes de arrepentirse y terminar la llamada.
Él pudo sentir cómo se hundía en un abismo. El entorno se nubló y desapareció. No podía ser. ¿Una hija? ¿Él? Sus piernas parecieron fallar y necesitó una silla para sentarse.
Esa dulzura de niña que se encontró esa tarde... Siempre había estado en su ilusión ser padre, criar una personita, darle su vida y ser feliz con una familia. Ahora eso estaba sucediendo, pero claramente no de la forma que le hubiera gustado. Sabía que Carla no estaba mintiendo, simplemente lo sabía, pero cómo podría ser que nunca se lo hubiera dicho. Que solo se haya alejado de él, mientras estaba embarazada de su hija...
-Carla... No me parece gracioso...- sus pulmones parecían estar fallando, y tuvo que tomar varias bocanadas de aire en medio de la oración. Ella no se había presentado a su encuentro en el parque, había aparecido una niña que ahora resultaba ser su hija; esto solo podía pasar en las películas.
-Nunca bromeo, ¿crees que lo haría con esto? ¿Ahora?- Shina no podía siquiera imaginarse qué era lo que su padre podía estar diciendo desde el otro extremo de la comunicación, pero si sabía que era muy tonto pensar que esto era un chiste. Y si lo fuera, sería uno muy fuera de lugar, y de mal gusto.
-¿Sabes lo que estás diciendo?- los pensamientos de Marco aún no se habían ordenando y el ya estaba explotando. -¿Sabes lo grave que es esto? ¿Me estás diciendo que todos estos años has criado a nuestra hija? ¿Una hija que no sabía que tenía?- No solo era ira, indignación, sino dolor... -Nunca me lo dijiste, me has quitado el derecho de criarla, estar con ella, amarla... ¡Me has quitado el derecho de ser su padre! Ni siquiera tuviste la madurez emocional para decírmelo. No somos niños, ¿si? Esto no es un juego y algo que tomar a la ligera. Esto ha sido muy irresponsable de tu parte y...-
-¡En serio quiero arreglarlo!- soltó Carla tratando de ahogar su llanto. Para su buena suerte, el hombre no pudo escucharlo. Aclaró su garganta y, como pudo, siguió. -Por eso ella está aquí, junto a mí. Pienso arreglarlo. Y ella quiere conocerte, es algo que pienso respetar, y que si estás de acuerdo también, claro.- Él suspiró, y algo dentro suyo se iluminó. Eso le hacía más que ilusión. Esa niña tan linda, simpática, con una sonrisa tan amable era su hija. Y quería conocerlo, a él.
-Pásame con ella.- La mujer se apresuró a pasarle el teléfono a la niña. Ésta lo tomó con sorpresa y cierto nerviosismo. Aunque ya había hablado con ese hombre una vez, sabía que no sería lo mismo después de todo. Él tenía una sonrisa muy cálida, una humildad y sabía que era buena persona.
-¿Hola?- Carla empezó a frotarse las manos repulsivamente mientras observaba cómo la pequeña entablaba una conversación con quien había sido su amor de la juventud. -Si, soy yo- Los nervios de la mujer no la ayudaban, pero trató lo más posible de centrarse en lo que Marco le decía.
Su madre se alejó caminando lentamente, se dejó caer en el sofá del living y escuchó atentamente. Muchos "Si", "Me parece bien", "No hay problema" se escapaban de la boca de Shina, muy educadamente y con cierta timidez. El hombre se notaba calmado, y había cambiado drásticamente de su humor con Carla a su humor hacia la niña que al parecer ahora pasaba a ser su hija. Escupió unos "Hasta luego", "Adiós" y "Nos vemos pronto" muy rápido, y colgó mucho más nerviosa que cuando empezó a hablar con él.
Carla se paró rápidamente y se acercó a ella, ahora estaba mordiéndose las uñas; un comportamiento que odiaba pero hacía cuando la estaba pasando mal de los nervios y la presión. Iba a pedir detalles; quería detalles. Pero su hija le leyó la mente antes que ella pudiera abrir la boca.
-Pensó en conocernos mañana. No hubo mucha más conversación, no quiero hablar de eso- La pequeña se frotó los ojos para alejar las pequeñas lágrimas que de la emoción del momento se habían formado. No podía creer lo que estaba pasando; iba a tener un papá después de todos los años preguntándose dónde estaba él.
Su madre se preguntó qué le había dicho Marco a su hija para que la conversación haya sido tan confidencial; su hija ni Marco se lo contaron ni cree que lo hagan ahora, después de tantos años. Siempre tuvo la duda, y aunque muchas veces se sintió insegura respecto a eso; jamás preguntó. Eso demostraría interés, y ella quería actuar como que lo del acercamiento de Marco a su hija no le importaba en absoluto.
-Genial, te acompañaré y veremos qué sucede.-
-Mamá, ni siquiera pudiste acercarte a menos de 15 pasos de él hoy temprano, ¿qué cambiará mañana?- preguntó Shina divertida, el plan de su madre se oía notablemente ridículo.
-Bueno,- empezó Carla, tratando de encontrar un argumento válido y para nada tonto. Algo coherente. -él es un desconocido. No puedo dejar que te vayas sola con un desconocido.-
-No es un desconocido, es mi papá después de todo. Y no creo que ustedes sean lo que se llama "desconocidos", justamente. ¿No crees?-
-No es gracioso.- la niña acababa de soltar una pequeña risita. -Los años cambian a la gente, a mí me han cambiado. Y él podría cambiar lo suficiente para ser un desconocido para mí.-

ESTÁS LEYENDO
Entre la Vida y la Muerte
Fiksi RemajaLa muerte es algo por lo que todos pasamos. Temprana o no nos parece horrible. Imagina ser una niña y descubrir que morirás en un año. Esperarla tranquila es muy complicado y estar muy alarmada no sirve de nada. Su familia estará allí para apoyarla...