Capítulo 14

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¿Era enserio? Creo que estaba perdiendo mi agilidad y mi vista.  ¿Acabaré como el socio que visitamos Padre y yo en Paris? ¿Como le llamaban? ¿Francis? ¿Francesco? Sí, Francesco el primo. ¿Extraño? Sí, pero todo en esto era así.  Hoy lo vería. Y eso no me gustaba para nada. Él y todo lo que lo rodeaba era escalofríante. Padre dijo que no convenía juntarse con él. Pero cuando hablaba con él parecía como si se conocieran aunque eso sí siempre con un aire de desconfianza y de frases con doble sentido. Antes no entendía nada pero ahora sé perfectamente a que se refieren en cada momento. Sólo que no digo una solo palabra a veces hay que quedarse callados y no decir una palabra. Depende de la situación, de la persona y de las consecuencias. Y yo aprendí eso a base de palos. Pero en cierto modo me alegro, porque finalmente lo aprendí.

Miré hacia abajo y estaba un chico de gafas con el pelo negro engominado con ojos marrones, gafas de pasta, camisa y pantalones de vestir. Podría jurar que era de la planta de contabilidad. Le tendí la mano. Él me miró receloso, se levantó solo y recogió sus carpetas del suelo. Yo retiré mi mano y me fui. No le pedí disculpas porque él tampoco se las merecía.

La noche llegó. Y yo ya estaba preparada para enfrentarme a todo y a todos. Me fui hacia el restaurante donde comeriamos. Es una tortura. No puedes comer tranquila ni si quiera respirar porque te atacan constantemente sin importarles la crueldad de sus palabras. Las personas eran crueles pero los niños lo eran mucho más. Cuando eres pequeño, no eres tan fuerte como de mayor. Intentas reprimir tus lágrimas y sin embargo no puedes. En cambio la gente mayor, sabe que hay una línea. Es imaginaria pero simplemente se respeta por el bien de la humanidad. Aparqué y me bajé rapidamente, miré mi reloj. Perfecto llegaba cinco minutos antes. Así podría coger sitio. Entré y todos hablaban en tonos bajos. Me fui a la parte más alejada de Padre, estoy segura que estaba muy enfadado por el error que cometí. Hice un asentimiento de cabeza a los que habían y puse mi bolso. No le hablé a nadie. Como siempre, afortunadamente estas reuniones solo ocurrían una vez cada dos meses.

 - Hola - Oí una voz detrás de mí. Me giré. No lo reconocí. Debía de ser nuevo. Y habiendo tanta gente, ¿porque me tenía que hablar mí? 

-Hey - Levanté mi cabeza y le miré a los ojos de la forma más intimidante que podía. Le retrocedió un paso. 

- Yo solo quería saludar- Tomo aire- Yo te vi sola. Soy nuevo Lo siento.

Lo miré seriamente. Me mojé los labios.

- Como eres nuevo te daré un consejo. No te fies de nadie. Todos te van a pisotear así que a la mínima pisoteales tú también asciende escalones y estarás más cerca de la muerte. Quedate abajo y morirás por que no valdrás nada. - Tomé un respiro - Hazte un imprescidinble. 

El chico asintió con la cabeza. Evidentemente estaba procesando la información o igual ya estaba trazando un plan. Mi móvil vibró. Lo cogí de mi bolsillo trasero. 

                                                        Ya estamos.

Era ÉL. Siempre nos avisaba antes de que Padre llegara. Le gustaba que estuvieramos sentados alrededor de la mesa. Como si fueramos una familia. Pensareís pero que bonito todo. Pues no. Nos sentabamos alrededor de la mesa para que se riera de nosotros. Pero eso no era no peor. Lo peor era tener que callarte, sin poder defenderte. Porque si no te tenías que despedir de los tuyos. No sé si me explico.

Me subí en la silla con cuidado de no caerme, alcé los brazos respiré hondo y les dije:

- ¡EH! - Todo el mundo se calló esperando a que yo hablara - Ya vienen 

Me bajé y me di cuenta de que alguien estaba sujetando la silla. Tenía los nudillos blancos. Miré hacia la persona y era el chico nuevo que me había hablado. 

-Sientate - Le dije en voz plana.

Él lo hizo sin cuestionarme. Me senté en la silla donde había dejado mi bolso. Crucé mis manos delante mío y miré a lo largo de la mesa. Habría unas 27 personas aproximadamente, o sea, que al menos unas 7 personas serían nuevas. Vi gente que tendría alrededor de mi edad y otros más pequeños. Seguramente Padre los habría rescatado. Como lo había hecho con todos los demás. Tendrían mucha suerte si se volvían a sentar en esta mesa.  

De repente se abrió la puerta, un aire frío entró en la habitación. Un escalofrío recorrió mi espina dorsal. Me giré y vi a tres personas. ¿Tres? No podía ser. Si sólo tenían que venir Padre y ÉL. ¿Quién es?

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Hola, ¿qué tal? Bueno quiera empezar por proponeros algo, que es que si quereís que escriba capítulos más largos. Me podeís dejar vuestra opinión abajo. Y me gustaría también que me dijeraís si os está gustando o no y eso por medio de comentarios y tal. Ah, y también quisiera si no es mucho pedir, que le dierais a la estrellita. Que está arriba a la derecha de la página. Gracias por leerme.

Sonríe conmigo Cheshire.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora