La verdadera cara

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A pesar de lo fugaz y pequeña que fue la ceremonia, Link y Zelda sentían la felicidad gobernándolos, pues las emociones que vivieron y los detalles que se empeñaron para que esta pudiera realizarse, fueron hermosos y significativos, y por siempre quedarían grabados en sus corazones. La pareja se encontraba de regreso en la casa preparándose para ir al palacio, decididos a confesarle al Consejo que se habían casado legal y espiritualmente, y por supuesto, llevando a Noah en brazos para presentarlo como su hijo; esta vez nada iba a quedar oculto, y mucho menos iba a separarlos.

Mientras el guerrero terminaba de alistarse, veía a su amada de espaldas a él peinándose, mientras su cuerpo temblaba ligeramente. No le sorprendió verla en ese estado, pues a pesar que ambos tenían el valor de enfrentar lo que sea con tal de defender su relación y a su familia, el miedo por lo que se avecinaba estaba presente; lo que iban a pasar era muy fuerte. Decidido a calmarla, se acercó a ella y la abrazó.

- Tranquila. Yo también tengo miedo, pero mientras los tenga a Noah y a ti puedo enfrentar cualquier cosa. – dijo Link, tratando de calmarla.

- Yo igual...

El joven héroe escuchó que su princesa comenzó a sollozar, mientras algunas lágrimas resbalaban por sus mejillas. Fue en ese momento que se preocupó y varios pensamientos negativos pasaron por su mente, sus peores miedos. Alarmado, hizo que se volteara para verla a los ojos.

- ¿Qué pasa, Zelda? No me digas que... estás arrepentida de todo esto. – preguntó preocupado.

- No, mi amor... jamás me arrepentiría, estoy muy feliz. – respondió ella, tratando de sonreír.

- ¿Entonces por qué lloras? Sé que estás nerviosa, pero...

- Quiero que regresemos al castillo cuanto antes. Tengo un mal presentimiento. – dijo, asustada.

- ¿Ah?

- Quiero ver a Noah... estoy preocupada por él. Siento que me necesita...

- Mi amor, él está bien con Impa.

- ¡Ya vamos, por favor!

- Tranquila... ya en este momento nos vamos. Te aseguro que nuestro bebé está bien. – expresó, tratando de calmarla.

- ¡No estaré tranquila hasta verlo! ¡Vamos! – exclamó alterada.

Ambos salieron rápidamente de la casa. La ansiedad de la dama terminó por contagiar al guerrero, quien también comenzó a presentir lo peor y deseaba ir a ver a su hijo. Sólo rogaban a las Diosas que ninguno de sus miedos se vuelva realidad.

...

Noah se encontraba entregado al sueño, con su dedo en la boca y derrochando dulzura. Sin embargo, por momentos se inquietaba debido a que percibía el ambiente turbio, sobre todo porque alguien estaba tocando su pequeña mano. Abel se encontraba contemplando la pulsera que esta tenía, mostrando furia e indignación debido a lo ciego que había sido durante todos esos meses, por haberse dejado ver la cara de imbécil por la peor de sus enemigas. Si antes la odiaba, lo que sentía por ella sobrepasaba esos límites, y ahora había trascendido al mocoso que se encontraba frente a él. El horroroso fruto de su pecado.

- Ahora entiendo la obsesión de esta perra por no querer alejarse de ti, por no enviarte a un orfanato. Eres su hijo... su bastardo. – dijo indignado.

Enfurecido, tomó al niño en brazos bruscamente, provocando que se despierte alterado. Al ver que un ser malvado lo miraba feo y sentir dolor en su cuerpo por el agarre, el pequeño comenzó a llorar a gritos, aterrado por la horrible sensación que estaba sintiendo. El ministro lo miraba con furia, con verdadero odio, tanto que deseaba acabarlo en ese mismo momento con sus propias manos. No le importaba que se tratara de una criatura inocente. Poco faltaba para que siga con sus malditas intenciones, pero en ese instante fue detenido por una amenaza.

Lazos eternosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora