Sospecha

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Keith salió del closét al escuchar las sirenas.

Desde hacia media hora su padre y sus estúpidos amigos habían comenzado a gritarle al viento.
Siempre era lo mismo.
Cuándo su padre tomaba se volvía violento y normalmente eran los vecinos quienes sufrían los daños: ventanas rotas, césped orinado, puertas como objetivos de botellas, Keith agradecía que su padre no hiciera los destrozos en la casa, no tenían dinero para algo así.

Vio a su padre ser esposado y metido a la fuerza a la patrulla. Se apoyó contra la puerta esperando verlos partir.
-Hola Keith.
El chico miró al policía frente a él.
-Oficial Wimbleton -saludó con un movimiento de cabeza.
-No hay nadie presente Keith, puedes dejar las formalidades -señaló con la cabeza al padre del chico-. ¿Tienes para pagar la fianza?
-Se lo bebieron.
-Ya veo. ¿Te encuentras bien? Pareces perturbado.
-He tenido una semana difícil.
-¿Exámenes?
Keith asintió.
-¿Has estado comiendo? Estás muy pálido.
-Es mi tono natural Coran.
El oficial suspiró.
-Quería preguntarte algo. ¿Conocías a la niña que desapareció? Iba en tu misma escuela, ¿no?
-Sí, pero era más joven que yo. Nunca la conocí hasta que desapareció.
Coran sonrió.
-Cierto, a veces olvidó que tienes catorce años.
-En realidad tengo dieciséis -le molestaba que todos creyeran que era más joven.
-¿En serio? Habría jurado que tenías catorce. Eres demasiado pequeño.
-Sí, me lo dicen mucho -suspiró Keith.
-Estaba pensando en ti hace unos días -Keith no respondió-. Tu padre... ¿aún te golpea?
-No.
-Keith...
-No lo hace. Evitó estar con él.
-Si necesitas ayuda...
-Tengo tu número.
-Bien. Ammm, te invitó a comer mañana, ¿qué dices?
-¿Para?
-Hablar solamente.
-De acuerdo. No tengo nada que hacer de todas maneras. ¿Cuándo me lo devolverás? -dijo señalando a su padre.
-¿Cuándo quieres que lo haga? -sonrió Coran.
-No me importaría tener la casa para mí sólo este fin de semana.
-Entonces el lunes será.
-Gracias.
-Anda ve a dormir de un vez. Y deberías ir al médico para que te dé vitaminas o algo para que engordes un poco.
-Lo haré. Buenas noches.
-Buenas noches Keith.

¤¤¤

Se despertó tarde.
El reloj marcaba las once de la mañana.
Fue hasta la cocina y se sirvió un vaso de jugo.
No tenía tareas que entregar ni nada que hacer más que esperar a que llegará Coran por él.
Lo conocía desde tiempo atrás cuándo fue a parar al hospital con fracturas. El hombre se había mostrado interesado en él y había llamado a servicios sociales para que lo ayudarán, no logró nada pero desde entonces era algo así como su protector.
Le agradaba Coran, y por supuesto conocía todo de él.
Nació en Liverpool, Inglaterra.
Tenía casi cincuenta y cinco años.
Su madre fue una costurera irlandesa y su padre un oficial de policía.
Viudo, sin hijos.
Tenía un gato naranja llamado Freddy...

El timbre de la puerta lo sacó de sus pensamientos.
Miró la hora y se sorprendió al notar que eran casi las cuatro.
Odiaba cuándo le sucedía eso.
Su mente se quedaba en blanco y el tiempo pasaba sin que se diera cuenta.
Una vez incluso su padre lo había llevado al hospital cuándo descubrió a Keith con la mano sangrando por sujetar un vidrio.
No había sentido nada todo el tiempo que estuvo perdido en su mente.
Podía parecer algo insignificante, pero era peligroso, si ocurría un incendio y él sufría uno de esos episodios... moriría quemado.

Se levantó y fue a abrir la puerta.
Coran iba vestido con un traje negro que parecía caro. El cabello pelirrojo peinado hacia atrás.
-Dime que no te arreglaste así por mí.
Coran se rió.
-Tenía una junta, por eso llegó tan tarde, te llamé pero no contestaste.
-Lo siento, estaba escuchando música.
-Bueno. ¿Estás listo?
-Claro.

¤¤¤

-¿Y qué será para ti, cariño? -le preguntó la mesera, era bonita, de cabello rubio y ojos azules.
-Una hamburguesa con papas.
-¿Y para beber?
-Refresco de manzana.
La mesera lo anotó y les sonrió antes de irse.
-He notado que siempre tomas jugo o refresco de manzana -comentó Coran.
-¿Y?
-Se ha demostrado que los psicópatas prefieren las bebidas de manzana.
Keith se puso más pálido que de costumbre. Las manos comenzaron a temblarle y la boca la sintió seca.
-¿Ah, sí?
Coran rió.
-No. Pero hubieras visto tu cara. Parecías a punto de vomitar.
Keith respiró.
-Apuesto que sí.
La comida llegó y el joven atacó primero su bebida.
El teléfono de Coran comenzó a sonar.
-¿No piensas contestar?
-Les pedí que no me molestarán -gruñó Coran.
El teléfono no paraba de sonar. Las personas alrededor los miraron molestos.
-Quizás es importante -sugirió Keith.
-Créeme la última vez que hubo algo importante fue que un cachorro se había metido a la estación y querían adoptarlo.
-Amo los perros -Keith sonreía.
Coran suspiró.
-Tú ganas -contestó la llamada-. Más vale que sea importante -el semblante de Coran palideció-. Sí, entiendo. Voy para allá.
-¿Qué sucede? -preguntó Keith al colgar Coran.
-Encontraron el cadáver de otra chica. No están seguros pero quizá sea la niña de la que te hable ayer.
Keith casi salta de su asiento.
-Lo siento, pero tengo que irme -Coran se levantó.
-Quiero ir -saltó Keith listo para seguirlo.
-De ninguna manera, una escena de crimen no es lugar para un niño.
-No soy un niño y quiero ver.
-¿Por qué? -Coran se cruzó de brazos.
-Porque creo que ... -yo la maté- me ayudara a tener material para una historia que estoy escribiendo.
Coran frunció el ceño.
-No sabía que escribías.
-Ahora lo sabes, por favor -Keith le hizo ojos de cachorro.
-Agh, está bien. Pero no digas o toques nada y no te separes de mí, ¿de acuerdo?
Keith asintió.
-Tu hamburguesa.
-Tengo una idea.
Keith tomó su comida y su vaso, salieron. Se acercó a un vagabundo sentado en la acera y le entregó su plato.
El hombre sonrió abiertamente.
-Muchas gracias, chico.
-No es nada.
-Sabes Keith -Coran abrió la puerta del auto-, el mundo sería diferente si hubiera más chicos como tú.
Keith sonrió.
No tienes idea de cuán diferente sería, Coran, ni la más mínima idea.

¤¤¤

Había policías por todos lados.

Estaban debajo del puente Fox Hill. El agua parecía estar calmada mientras que arriba algunas personas habían salido de sus autos para ver el espectáculo. Keith recordó la historia del fantasma de Jenny que supuestamente vagaba por el lugar y sintió escalofríos.
Caminaba pegado a Coran hasta llegar con un hombre que obviamente era el forense.
-¿Ya confirmaron la identidad del cadáver?
-Seguimos buscando las... -se detuvo al ver a Keith.
-Está bien, viene conmigo.
El forense, un hombre grande y calvo lo miró con recelo.
-El cadáver estaba descuartizado, encontramos la mayor parte pero la cabeza y la pierna izquierda siguen desaparecidas -el hombre no separó la mirada de Keith-. Creemos que quizás estén en el río.
-Mandaré un equipo de rescate para buscar los restos.
-¿Puedo ver? -dijo mirando a Coran.
-¿Ver? ¿Crees que un cadáver es una atracción de feria? -el forense estaba furioso-. Estás hablamos de una persona.
-Un cadáver es sólo eso, un cadáver. Ya no es una persona por mucho que pretendas que lo es -contestó Keith con calma como si hablará con un niño pequeño-. Y por lo visto ellos piensan lo mismo -dijo señalando a la multitud que se amontonaba en el puente.
-Dile eso a los padres de la niña.
-Se supone que los forenses deben ver los cuerpos sin ninguna afectación emocional, no pareces estar haciendo bien tu trabajo.
-¿Cómo te atreves? -el forense se acercó a Keith con los puños cerrados.
-Basta Sendak -exigió Coran-, Keith tiene razón, es un cadáver.
El hombre los miró furioso.
-Cuándo sus cuerpos estén en el mismo lugar que ella haré que toda la ciudad los vea -gruñó.
-¿Eso fue una amenaza? -Coran se acercó a él.
Sendak se hizo para atrás.
-Aquí está -dijo señalando un punto en la tierra- observála todo lo que quieras enfermo -dijo pasando junto a Keith.
El chico lo ignoró y se acercó al cuerpo.
Contuvo las arcadas, el olor era insoportable.
Pero era ella. La chica que Lance había secuestrado.
No importaba que la cabeza no estuviera. Reconocía las heridas que le inflingió la noche anterior.
El tronco haba sido separado de las piernas recordándole a la "Viuda Negra", los brazos cercenados formaban una "X" sobre la pierna derecha. Keith distinguió el trozo de carne faltante en el muslo. Sintió escalofríos.
-¿Keith? ¿Te encuentras bien? -Coran le puso una mano en el hombro.
-Estoy bien -se agachó -. Hay algo que me ha estado molestando. Dijiste que había OTRA chica, ¿cuántas más hay?
-Eso es confidencial.
-Oh, vamos. ¿A quién le diría? Sabes que no tengo amigos.
-Y eso me sorprende, eres un buen chico.
Keith junto las manos como si rezará.
-Agh, está bien. Con ella van tres chicas muertas.
-¿Alguna conexión?
-Ninguna . Tanto las víctimas como el método usado para asesinarlas no tienen relación en común.
-Así que buscan a tres asesinos diferentes -concluyó Keith.
-Correcto. Pero tengo esperanzas de encontrar a éste.
Keith volvió a sentirse mareado.
-¿Y eso por qué?
-El asesino mordió a esa chica. Su saliva seguirá en el cuerpo y tendremos a nuestro hombre. Por eso deben ser tres asesinos diferentes, éste no fue muy inteligente a diferencia de los otros dos. Dios mío Keith, ¿te sientes bien? -Coran le tomó del rostro-. Parece como si hubieras visto el fantasma de Jenny.
-Creo que debí haberme comido esa hamburguesa.
Coran se rió y lo ayudó a levantarse.
-Vamos, debes comer algo.
Keith se dejó llevar. Aprovecharía al máximo esos momentos, porque cuándo la saliva en el cuerpo de la chica lo vinculé a él, Coran lo trataría como la escoria que en realidad era.
Y lo peor era que sabía que no delataría a Lance.

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Muchas gracias a todos ustedes por sus comentarios, tenía miedo de haberme pasado de la raya por el comentario de una persona pero ahora veo que el error fue no advertir previamente de lo sádica que sería la historia.
De nuevo gracias, son los mejores lectores que cualquiera podría desear.

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