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Tono y medio después de haber acercado mi temblorosa mano a mi oreja mientras intento no soltar el teléfono, alguien contesta. Pero no escucho nada, tan solo movimientos y ruido en el fondo. Mi corazón palpita con tanta fuerza que duele. Siento cómo los cañonazos de adrenalina se impulsan por todo mi cuerpo haciendo que me cueste controlar mi respiración. Cada segundo se hace eterno, y ya van quince. Abro la boca, insegura, dispuesta a decir su nombre, pero un brusco golpe al otro lado de la linea seguido de un continuo pitido que comunica, me dejan con la palabra en la boca. Mis ojos se llenan de lagrimas al tiempo que siento como un nudo se atasca en mi garganta. Me ha colgado.

— ¿Malas noticias? — su voz me pilla por sorpresa y en plena rabieta. Me quedo en silencio intentando ahogar mis llantos mientras que el eco de su grave tos retumba por toda la habitación.

— No, en realidad... — me quedo sin palabras a mitad de la frase, perdida en mis pensamientos y dándome cuenta, de una vez por todas, de que lo he perdido. Esta vez de verdad. — ...sí, supongo que si.

— ¿Quieres hablar de ello? — el hombre me observa desde la cama, girándose levemente mientras ahueca la almohada y se acomoda. Su expresión es de cansancio y pesadez, su respiración es pesada. Lleva días tumbado en la cama, esperando noticias de los medicos, esperando una solución. No me parece justo hablarle de lo mal que estoy cuando esto no es nada en comparación. — Hablar de ello te hará sentir mejor.

— ¿Tu crees? — inconscientemente utilizo un tono sarcástico que me deja perpleja al escucharme. Para mi sorpresa, él se ríe.

— La verdad es que no lo sé, pero estoy muy aburrido, cualquier cosa que me cuentes sería mejor que estar esperando en silencio. — sus ojos se quedan fijos sobre los míos, esperando una respuesta, tal vez una reacción, que empiece a hablar. — A ver si adivino, ¿se trata de un chico? ¿Un novio quizás?

— N... no exactamente. — me paro a mi misma asustada, por un momento, por un segundo, en mi cabeza resonaba la palabra novio y en mi lengua se arrastraba un si como respuesta. Que estupidez. — No sé lo que so... éramos. — una vez más lo escucho reír, cómo si le hubiera hecho recordar algo.

— Un rompe corazones. — dice con gracia. — Bendita juventud. Lo que daría por volver a ella. — hace una pausa y una vez mas mueve la almohada para poder apoyar su espalda en ella. — Yo a tu edad también era un rompe corazones aunque ahora no lo parezca. — se ríe con anhelo, recordando viejos tiempos. — Dime, Jules, por qué os habéis enfadado?

— Es complicado. Él, él simplemente se fue... — creía que me daba igual contarlo, creía que podía, pero ahora que lo intento, no tengo fuerza. Duele.

— ¿Se fue así sin más? — parece que mi historia ha llamado su atención y despertado su curiosidad. Asiento encogiéndome de hombros, intentando evitar contarle que prefirió el dinero a mí. Pensativo, me observa y hace una mueca confuso. — ¿Que fue lo que pasó antes de eso? ¿Habíais discutido?

— No, nada de eso. Todo iba bien, había preparado el día perfecto para mí, cada detalle... — mi voz pierde su fuerza por un momento, casi había olvidado lo bonito que había sido todo antes del desastre.

— Jules, una cosa te voy a decir y presta atención, nadie se molesta en preparar un día perfecto si después se van a marchar. Nadie. Ni siquiera yo lo habría hecho. — siento como mis ojos se humedecen y me nublan la vista al tiempo que un nudo se forma en mi garganta. Quiero ser fuerte, intentarlo al menos. Aguantar sin romperme. — A ese chico le importas, mucho. Lo único por lo que deberías preocuparte es por saber que es lo que le ha pasado.

Hold On To MeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora