Nunca imaginé que comprar un vestido de novia pudiera ser tan deprimente. Las mariposas que un día sentí en mi estómago se han convertido en piedra, pesadas y dolorosas. Mi cuerpo es un hormigueo constante que convierte mi piel en una lija, que raspa la suave tela blanca que se aferra a mi cuerpo desde mi pecho hasta mis pies. Christine, la dependienta elegantemente vestida con un traje de falda y chaqueta azul marino, pelo rubio y sedoso recogido en un moño italiano, uñas de porcelana y tacones de aguja de al menos quince centímetros clava una diadema junto a un fino velo en la parte alta de mi cabeza. Acomoda el largo de este asegurándose de que se vea perfecto y se echa a un lado para que todos puedan verme al tiempo que junta sus manos orgullosa y sonriente.
La señora Archer, su mejor amiga, dos damas de honor y Ava, la dama de llaves y la cual se ha convertido en mi única y mejor amiga, me observaban de arriba abajo resaltando descaradamente todas mis imperfecciones. Que si mi pecho es demasiado pequeño para ese escote, que si mis caderas se ven muy anchas con esos volantes, que si la espalda no puede ir tan descubierta, que debo ir tradicional pero reveladora, que si un boche aquí o brillantes allá... Cómo siempre, mientras ellas hablan, yo me limito a quedarme callada y observar a la persona que el espejo refleja. Las mismas imágenes y palabras se repiten una vez más en mi cabeza, y una vez más mis ojos se llenan de lágrimas. Respiro profundamente y desvío mi mirada en el espejo hacia Ava, quien al igual que yo me observa en silencio, sabiendo exactamente en qué estoy pensando. Intento fingir una sonrisa, pero fallo y hago una extraña mueca. Mi pecho se contrae y expulsa todo el anhelo de golpe, obligándome a secar los bordes de mis ojos para impedir el desborde.
— Dicen que cuando una novia llora al verse, es que ha encontrado su vestido perfecto. — Irrumpe Christine mirándome fijamente con una sonrisa.
— Es muy bonito. — Intento fingir que esa es la razón de mis lágrimas.
— Debería probarse otro. — La señora Archer se levanta y camina hacia nosotras. Da un par de vueltas a mi alrededor, tocando aquí y allá, buscando errores. — Uno con menos encaje y algo menos ceñido.
— Yo la veo perfecta. — Una de las damas de honor la contradice y ella la fulmina con la mirada, se puede ver como la tensión le atrapa el cuello dejándola sin palabras.
— Tengo un par de ellos que serían ideales. — Christine intenta arreglar la situación, o alejarse de ella. — Iré a buscarlos, Jules, acompáñame, por favor.
Asiento con la cabeza e intento bajar los escalones hasta pisar la moqueta. Sigo a Christine hacia los probadores sin poder evitar desviar la mirada a algún que otro vestido. Me detengo en seco al ver uno que me llama la atención, de tal manera que me quedo embaucada. Me acerco a él y acaricio la tela, es un vestido sencillo, de tirantes. Su escote es algo atrevido, deja al descubierto casi toda la espalda. La parte superior es de encaje, ceñido al cuerpo casi hasta la cintura, desde donde cae libremente en cascada hasta los pies. Todo lo que una vez me había imaginado pasa por mi mente en forma de imágenes, el sentimiento es tan intenso que hasta parece real. Sonrío al verme a mi misma feliz, atrapada en mis pensamientos mientras que la yo de la vida real le sonríe a la nada.
— ¿No es hermoso? — Escucho su voz casi susurrando en mi oído.
— Es perfecto. — Digo para mis adentros, pero las palabras salen por el enorme agujero que se ha creado en mi pecho permitiendo que ella también las pueda escuchar.
— Deberías probártelo. — Me ofrece con una cálida voz.
— No creo que sea lo que están buscando. — Digo al recordar todas las quejas que ponen sobre cada vestido que me pruebo.
— Pero sí lo que estás buscando tú, y eso es lo único que importa. — Su brazo se estira sobre mi hombro, coge el vestido que ambas estamos admirando, y sin más se pone a caminar hacia los probadores esperando que la siga.
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Hold On To Me
FanfictionSegunda parte de "Hold On" // Yo pertenecía a una alta clase social, aparentaba ser feliz y perfecta. Él era un chico solitario que aparentaba no tener sentimientos. Pero nada es lo que parece. Eso es algo que ambos aprendimos desde el momento en qu...
