Harry sentado al borde de la cama pasa las manos por su pelo y suspira. Se levanta y recoge sus pantalones del suelo. Yo observo en silencio mientras se los pone, demasiado avergonzada para atreverme a hablar. Intentando pasar desapercibida, me muevo sigilosamente hasta alcanzar la sudadera que traía puesta y volvérmela a poner. Mis ojos se llenan de lagrimas y la tensión en el lugar no para de crecer, llegando a ahogarme. Para cuando me atrevo a mirar a Harry por el rabillo del ojo, ya está completamente vestido, con el ceño fruncido y perdido en sus pensamientos. Solitarias lagrimas se escapan sin querer de mis ojos y siento que no voy a poder aguantar más el suspiro que me muero por soltar. Es entonces cuando se gira, cuando me mira. Su rostro se congela al verme limpiar las lagrimas y se acerca a mi. Retira el pelo de mi rostro y limpia las lagrimas con extremo cuidado. Besa mi cabeza y se levanta de nuevo.
— Póntelo. — recoge mi pantalón del suelo y me lo da.
— Harry, no. — de nuevo las lagrimas corren por mis mejillas y me descompongo ante él. — No puedo seguir así. ¿Tienes idea de como me haces sentir?
— ¿Qué? — puedo ver la confusión perfectamente dibujada en su cara.
— Solo quiero que me digas la verdad, por una vez. Toda la verdad. — inútilmente seco mi rostro con la manga de la sudadera. — No quiero excusas ni medias tintas, no me importa que contarlo te traiga malos recuerdos, no me importa cómo te haga sentir. Merezco la verdad, Harry. La puta verdad. — él se queda observándome sin decir nada, escuchando todo lo que tengo que decir sin tan siquiera una queja, sin tan siquiera intentar detenerme, sin intentar huir.
— Vístete. — una palabra y se da la vuelta de camino a la puerta. Recoge mi mochila del suelo y sin vacilar sale de la habitación.
No sé por qué, pero una vez más obedezco sus palabras, me pongo el pantalón y sigo sus pasos al exterior. Apenas he puesto un pie fuera de la habitación cuando él se lanza y la cierra a mis espaldas. Me hace un gesto con la cabeza indicándome que lo siga y en silencio baja las escaleras. Camino detrás de él, intercambiando miradas entre su espalda y el suelo. Al llegar al coche y sin mirar atrás, Harry se sienta en el asiento del conductor y se queda mirando el volante a la espera de que me suba a su lado. Suspiro y ruedo los ojos, una vez más que me aparta. No sé en qué piensa, qué es lo que le preocupa, qué está pasando por su cabeza... Una vez cerrada la puerta del coche, miro a Harry, quien en silencio arranca el motor y mantiene la vista al frente. Me pongo el cinturón de seguridad y, sin tener más opción, dejo que me lleve a dónde sea que quiera.
La tensión que hay entre nosotros podría matarme. El silencio, las miradas, los gestos que nunca llegan a ocurrir. Es frustrante la forma en la que se calla sus sentimientos, lo que piensa. Le da vueltas en su cabeza como un bucle sin fin, que nunca llega, que nunca termina. Lo observo, suspiro, llevo mi mirada al otro lado de la ventana, intentando ocultar mi decepción. Apenas veinte minutos de viaje, veinte minutos que parecen veinte vidas. Lejos de la ciudad, del ruido, del bochorno. Llegamos a un lugar tan diferente al resto de la ciudad que me cuesta recordar que no hemos abandonado Londres. Los arboles se abrazan de esquina a esquina, las luces iluminan un precioso paseo lleno de flores y rocas. El coche se detiene frente a una verja, Harry apaga el motor y abre la puerta.
— Vamos. — gruñe entrecortado. Me quedo observándolo aún cuando ya se bajó del coche y suspiro.
Camino a espaldas de Harry, apurando mi paso hasta estar a su lado. Puedo ver como se tensa, como su cuerpo cambia y se inquieta. Me mira por encima del hombro apenas un segundo cuando, para mi sorpresa, me agarra de la mano. Tiemblo bajo su toque, y no puedo evitar apretar su mano, intentando calmarnos a los dos. A lo lejos, diferentes filas de lápidas se abren paso ante nuestros pies. Reduzco mi paso al darme cuenta, pero Harry me presiona para seguir. Puedo sentir como tiembla a medida que se acerca, pero eso no es nada comparado con la sensación que me transmite cuando se detiene. Suelta mi mano y fija su mirada en la lápida a sus pies, llena de flores, cartas y fotos. Anne. Harry se agacha y con su mechero enciende una vela casi del todo consumida. Permanece agachado durante largos segundos mirando la lápida de su madre hasta que finalmente se da por vencido y se deja caer.
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Hold On To Me
FanfictionSegunda parte de "Hold On" // Yo pertenecía a una alta clase social, aparentaba ser feliz y perfecta. Él era un chico solitario que aparentaba no tener sentimientos. Pero nada es lo que parece. Eso es algo que ambos aprendimos desde el momento en qu...
