Cuatro jóvenes... un hospital... Y una psiquiatra enferma.
Éstos son los ingredientes que devoran (o por los que son devorados) los autores Víctor, Vanessa, Laura y Aida para dar vida, respectivamente, a Joel, Paula, Irene y Aida.
Los caminos tortuo...
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EXTRACTO DE LA LIBRETA
Una simple mota de energía había completado su viaje.
El alma de un joven, el espíritu del redactor de estas líneas quizá ya manidas, recibió durante semanas el regalo que tuvo a bien otorgarle la misteriosa partícula.
Ahora, con el primero derrumbado por el fracaso en su cometido, a la segunda no le quedaba más camino que la vuelta al rocoso territorio donde, casi sin pretenderlo, se tropieza, se va cayendo, para abrazar al olvido.
Ahora que la mota disponía de crueles respuestas a sus inocentes preguntas, apenas se sorprendió cuando algo así como una mano, quizá más parecido a una zarpa, la engulló en su puño. Tras ella, un joven tumbado comenzaba a despertarse.
-- Diablos, Joel, te tienen drogadísimo. ¡Levántate! – Joel no sabía cómo había llegado allí.
Apenas tuvo tiempo de echar un vistazo a las gigantescas tormentas de relámpagos que oscurecían lo que parecía ser un lugar semejante a cierto tipo de inframundo. Gracias a esos rayos, pudo atisbar a lo lejos el zigzagueante recorrido entre barrancos tan imponentes como el que se perdía a su izquierda y paredes de roca altas como montañas.
Y escribo apenas porque Joel en todo momento fue consciente de a quién tenía delante. Hacía mucho que había aprendido a no perderse en la visión de esas fauces, en los tiempos en los que el monstruo lo torturaba en pesadillas donde adaptaba diferentes formas para culminar con el suspense de retorcidas tramas.
Luego las tramas... Se desarrollaron en la vida real.
-- Vas a dejar las cosas así, ¿No es cierto? – Joel desvió al suelo su mirada, acorralado. ¿Qué sabes de esa psiquiatra, salvo que juega con la información percibiendo un exagerado sueldo por ello? Porque eso es lo que ha hecho contigo, ni más ni menos...
Tras una pausa la voz más temida por Joel prosiguió.
-- ¿Sabes le que deberías hacer? – Una mano se posó en el hombro de Joel. Agarró fuerte la ropa y lo enderezó. -- ¿Sabes lo que quieres hacer? – Lo mismo, pero en el pelo. Las miradas chocaron al mismo tiempo que varios rayos iluminaron los cielos.
¿Qué soy?
Asesino (No)
¿Quién soy?
Impasible (Le)
¿Por qué tengo frío?
Muerte (Escuches)
La pelea entre las dos voces que se habían escuchado duró varios segundos... Hasta que la primera venció.
La mueca mostrando dientes en la cara de un rejuvenecido Tylerskar arrancó la sonrisa y el abrazo de su Monstruo personal, que, en esa ocasión, solo quería una cosa.
-- Me pareció escuchar algo acerca de un sobrepeso traumático... -- Dejo ir el Monstruo.
-- ... Entre otras muchas cosas. – Completó Tylerskar, muy seguro de sí mismo.
Tanto que agarrándose a uno de los filos del primer borde, se puso a escalar de inmediato, de regreso al lugar donde Joel, con sus tés negros y sus buenas intenciones, recibió el castigo merecido a tal inocente e ilusa actitud.
Abajo quedó el Monstruo, en su hogar.
Su semblante ensombreció, al dirigir por última vez en esa jornada su mirada, a esa sombra alta y siempre presente en la mente de Joel.
HISTORIA PRINCIPAL
Joel cerró con cuidado su libreta, apoyando a un lado el bolígrafo de tipo pluma con el que había escrito, ni con calma ni a toda prisa, esas líneas.
-- ¿Otro té? – El camarero alzó una tetera humeante, mientras con la mirada hizo una seña a la taza grande aunque casi vacía que Joel tenía enfrente. Mientras afirmaba el camarero no solo rellenaba la taza sino que, con discreción, le lanzaba una pregunta en voz baja: -- ¿Ya sabes lo que vas a hacer? – Joel le miró y éste sonrió como solía hacer, solo que esta vez su mirada era dura y no acompañaba a la mueca de sus labios. – Alguien ha liado una buena ahí dentro, ¿No es cierto...?
Cuando Joel había salido del despacho de Ellen Hamp hecho un mar de mocosas lágrimas pocos habían osado cruzarse en su camino, que casi a ciegas lo había conducido a la pequeña barra a la que siempre se había referido cariñosamente como taberna, quizá sin que para nadie quedase demasiado claro el significado de aquello.
Joel, sin embargo, regresaba al despacho con una actitud mucho más definida, más resuelta.
En los últimos metros ya podía escuchar gritos y lamentos. Golpes y ruidos.
Se encontró a Damian hablando con Ellen, como tantas y tantas veces en el pasado.
Una risa sensual acompañó a las palabras de la psiquiatra. -- ¿Vienes a por más, Joel?
Y una risa le fue devuelta, algo que hizo que la doctora apartase de un manotazo a Damian y se incorporase, seria de repente y frunciendo el ceño.
Joel, que ya era Tylerskar, ese semi monstruo alentado por el mal que lo corroía, agarró del pelo a Irene, que apenas se inmutó, como si estuviesen acariciándola.
Arrastrándola, se acercó a Paula, con quien hizo lo mismo, aumentando lo tembloroso de su cuerpo y rostro.
-- Observa, Hamp. – El cruce de tensas miradas acompañadas de sonrisas sinceras tenía paralizado a Damián en un rincón. – Observa qué pasa cuando colisionan dos personalidades profundas y desequilibradas. -- ¿Cómo lo dirías tú? ¿La una obsesionada perdida entre los asquerosos michelines grasientos de la otra?