Capítulo 3 - Tercera parte

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ESCRIBE LAURA


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"Irene, adelante".

La doctora está apuntando al techo, con el mando del aire acondicionado. 23º. El teléfono descolgado; "no te preocupes, si me buscan ya entrarán aquí adentro. Estoy harta de tantas interrupciones". Hace añicos unos informes. Sobre la mesa, el Vademécum con subrayados.

La expresión de Hamp es de aparente indiferencia, tipo máscara. A su vez, siente que no vale nada. Le vienen a la memoria sus pacientes de puerta giratoria, los que recaen mil y una veces en las drogas y los que se pasan el día en casa sin hacer nada, desaseados. Está convencida de que es imposible que puedan cambiar. Transita entre la desesperanza y el hastío. El curso de su pensamiento empieza a acelerarse y explota.

"¿Tienes idea de lo que cuesta a los contribuyentes tu ingreso?. De profesión enferma. Tus trastornos te sirven de parapeto, para afrontar las responsabilidades vitales. Demasiadas reticencias, te excusas en mil y una situaciones para no venir."

"¿Buscas una pensión vitalicia ? Tu funcionamiento relacional está muy perturbado. ¿Tanto te cuesta saludar a las personas? Es ridícula, la distancia que mantienes de confort con los demás!"


Irene enmudece. Llama la atención la total falta de afecto empático de la doctora, por el contrario, lo que aparece es una rabia contenida hacia ella.

"Utilizas argumentos normalizadores para justificar tus problemas."

El susurro de nuevo de su tío... El drama interior de la dra. Ellen Hamp le invade la consciencia. Mira fijamente a su Barbie de vestido naranja, en lo alto del armario del despacho. No puede soportar la angustia y llora. No quiere acordarse del pasado, es tabú. Está congelado en el tiempo.


Irene, mientras tanto, experimenta un gran desasosiego con las palabras que la han herido. Explica la personalidad rígida de la familia. Intenta relatar su evolución en el centro: colabora en un proyecto literario con sus compañeros, ha contactado por WhatsApp y teléfono con ellos – algo impensable hasta hace relativamente poco-... Se siente identificada con ellos, personas que han sufrido mucho en su vida. Todos le caen bien. 

"¡Calla!" Golpea su puño contra la mesa. "Sois seres dependientes, carne de cañón, futuros tutelados o asistidos. Discapacitados, que no pueden afeitarse ni siquiera. Ni tenéis insight ni os puedo resituar ", exclama Hamp, y se queda tan ancha.

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