Cuatro jóvenes... un hospital... Y una psiquiatra enferma.
Éstos son los ingredientes que devoran (o por los que son devorados) los autores Víctor, Vanessa, Laura y Aida para dar vida, respectivamente, a Joel, Paula, Irene y Aida.
Los caminos tortuo...
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Enfrente del Paektu Cafe, hay un hospital que sólo abre de mañanas. Irene ha necesitado un empujón para ingresar. Nada a contracorriente. Disfruta con sus síntomas, sabe que le perjudican pero le pueden. Permanece sentada en una butaca kitsch del recibidor. Mientras,ve pasar 1, 2, 3, 4,5 chicas de pelo color azabache del staff .
"Te estás poniendo en riesgo. Esas conductas extrañas necesitan contención. Estamos preocupados". Recuerda la conversación del día anterior con la coordinadora. Se refería a esas compulsiones de comprobación, a la infoobsesión, que la gobiernan. La sacían por un instante, pero el círculo se repite de nuevo. Decide que, de momento, las compatibilizará con su ingreso.
Irene también siente un fuerte dolor emocional. De rechazo y abandono. Necesita olvidar, cambiar de contexto, trabajar ciertos aspectos de personalidad.
Su vista barre el espacio, muy conocido por ella, hay calma chicha. En un aparte observa a un chico y una chica charlar. Toman coca-cola sin cafeína. No sabe qué decirles, se calla, le suele pasar. Se siente cohibida, así que intenta disimular consultando el móvil o leyendo la prensa del lunes.
Un hombre grueso le pregunta si quiere algún refrigerio. "Ahora no", responde. "Vaya", el lugar le recuerda a una taberna.
Al rato, ella se gira y ve a dos jóvenes danzar, al compás de una melodía. " ¡Con qué salero se mueven !" - piensa-.