"Hijo mío, no te olvides de mi ley. Y tu corazón guarde mis mandamientos.
Proverbios 3:1-5
Hay algo que me parece fascinante sobre las fiestas. Las personas corriendo de un lugar a otro, llevando cosas a la casa de mi madre para apoyarla en la celebración.
Es el cumpleaños número dieciséis de Ruth y su novio Santiago le ha entregado una piedra preciosa. Él es de el sector D, aún así, no tengo idea de cómo ha conseguido algo tan costoso. Me ha buscado para hablar, a decir verdad, me sorprendí al verlo afuera de la mina, esperándome. Y la sorpresa fue aun mas grande cuando pidió mi autorización para comprometerse con Ruth. Yo no recuerdo haber pedido permiso de nadie al formalizar mi compromiso con Cris.
Después de una charla sobre la responsabilidad y sobre cómo debe cuidarla, di mi permiso o lo que sea. Santiago se fue feliz, hasta me acompañó a casa sin dejar de parlotear. Y al llegar a casa y encontrar a Cris ayudando a mi madre con las cosas de la fiesta, fue como encontrar el camino hacía el paraíso. El hecho de que ella se involucre con mi familia me hace feliz.
―¡Isaac!― el grito de Gabriel me saca de mis pensamientos. Él viene corriendo hacia mí, cargando pedazos de papel en los que se ha enrollado al correr por el pasillo.
Puedo ver a Sarah venir en nuestra dirección, con la firme intención de reprender al pequeño Gabriel.
―¡Haz destrozado todo!― grita ella. Puedo ver como sus manos se hacen puños al apretar los listones en ellas.
―¿Que ha pasado?― pregunto y levanto a Gabriel en brazos.
―¡Él ha venido corriendo y ha tirado toda la decoración!― exclama exasperada.
Bajo la cabeza para intercambiar una mirada con Gabriel. Él simplemente pone esa cara, con la que es imposible reprenderlo. Tiene la piel muy pálida ya que ha salido de una grave enfermedad y ha tenido que estar en casa, sus ojos oscuros contrastan con su piel y me da esa mirada en la que me convence de que no ha hecho nada malo. Apenas cuenta con cuatro años y Sarah quiere que se comporte como un adulto.
―Estaba tratando de ayudar― digo con calma.
―¡No!― grita Sarah― Él lo hace por molestarme...
―Basta de levantar la voz.―Mi madre se acerca hasta nosotros y me quita a Gabriel de los brazos―. Ve a ayudar a Santiago a colocar las luces, creo que se va a electrocutar.
―¿Por qué no usar antorchas?
Mi madre pone los ojos en blanco.
―No es una ejecución, Isaac, es el compromiso y el cumpleaños de tu hermana.
―Las luces son demasiado costosas― comento mientras camino hacía donde se desarrollará la fiesta, meto las manos en los bolsillos de mi pantalón.
―Santiago dijo que sus padres pagaran por eso.
―Entonces puedo ser feliz con la fiesta― digo con una gran sonrisa. Les doy la espalda y puedo sentir la mirada fulminante de Sarah.
Ella siempre se ha comportado como si hubiera nacido en el sector A, con un apellido y una herencia. A diario trato de recordarle que es del H, que sus gustos no pueden ser cubiertos con mi pobre paga de las minas ni con las costuras que hace mi madre. Sarah tiene que entender que no puede comportarse como una chica del A. Dice que va a conseguir un esposo rico que si pueda cumplir todo lo que pide ¡Suerte con eso, hermanita!
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El Quinto Amanecer
Science FictionCristina vive en la Fortaleza norte, aquella que ha sido la base de la sociedad durante los últimos cien años. Un día, los Padres Fundadores desaparecen sin dejar rastro. El mundo ha pasado por guerras y desolación. Se dividió a la sociedad en...
