No temas, pues no serás avergonzada; ni te sientas humillada, pues no serás agraviada; sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud, y del oprobio de tu viudez no te acordarás más.
Isaias 54:4
Había pequeñas cosas, algunos detalles que le gustaban. Sucesos como el silencio luego de haber cesado el ruido agobiante. Como las cenizas cubriendo los nuevos agujeros para tumbas. O encontrar una planta nueva.
Pero las cosas que había conocido dentro del domo lo agobiaban. Había ruido y las personas no tenían un orden específico para hacer las cosas. No es que fuera del domo fuera diferente, pero no había luz suficiente ni interés por su parte como para pensar en lo que hacían los demás.
Si lo pensaba bien, se daba cuenta de que la única diferencia era que ahora buscaba a alguien, pues Sarah le había pedido ayudar a su familia. Samuel sabía perfectamente dónde estaba aquella casa, pero las calles estaban repletas, de personas muertas y vivas. Aquellas que escapaban hacía el domo central pasaban por encima de los cadáveres para avanzar más rápido, sin importarles el respeto por los muertos. Se preguntó cuántos de ellos habían recibido un mensaje al oído, solamente para que pudieran encontrar un lugar de paz en el Ocaso.
Para él, no había nada peor que los Saqueadores, en ese momento de observar a aquellas personas pasar por encima de los muertos, pensó que quizá sí había algo peor que ellos, pues por lo menos los Saqueadores tenían miedo de la muerte y el provocarla no estaba dentro de sus prioridades.
Respiró profundo y dejó de mirar a las personas, pues los Guardias se acercaban, su corazón comenzó a latir fuerte al escuchar detonaciones, pero Samuel no se movió de dónde estaba, a pesar de ver los cuerpos de los civiles caer al suelo. Había visto la muerte las suficientes veces como para reconocerla.
Esperó a que todo se calmara, los Guardias pasaban entre los cuerpos, revisando cualquier indicio de vida, y si lo encontraban, terminaban con él. Ahora Samuel estaba asustado, no por sí mismo, se dio cuenta, si no por no poder cumplir la promesa a Sarah.
Cuando no pudo escuchar ni un sonido mas fue que se atrevió a salir de su escondite, mirando atrás en cada momento para asegurarse de que nadie lo seguía, para que ningún Guardia preguntara cosas que él no sabría cómo responder ¿Cuánto tiempo se tardarían en darse cuenta de que Samuel era de fuera del domo? ¿Lo matarían? ¿O interrogarían? Creía que ambas cosas le darían los mismos resultados, ya que él no hablaba a no ser que fuera necesario, y mucho menos si se encontraba asustado.
Esperaba no ser atrapado por los Guardias, esperaba que estos no lo mataran si llegaban a verlo ¿Cómo era posible que tuviera más miedo de estos humanos que de las bestias que vivían en el exterior?
Samuel daba pasos cuidadosos, viendo a su alrededor para evitar pisar algo que pudiera romperse, ya que eso ocasionaría un ruido fuerte en el silencio de aquel cementerio. Trataba de no pisar los cuerpos, pero sus pies iban por ese camino y lo único que podía hacer era una pequeña oración por aquellos que no encontrarían un lugar en el ocaso. Suponía que los de dentro del domo los echarían del domo, ya que podían contraer alguna enfermedad. Él se prometió que una vez fuera iba a cavar una tumba para todos y cada uno de ellos, y si no podía hacer tantas tumbas, encendería una hoguera para que sus almas encontraran el camino en la oscuridad.
Vio a un grupo de personas correr y se quedó petrificado, mas ellas pasaron a su lado, como si Samuel no existiera. Él soltó un suspiro y esperó a que sus temblores se calmaran. Debía atravesar el centro de aquel lugar para poder llegar a esa casa, pero era un sitio completamente descubierto. Eso lo hizo replantearse el hecho de volver y decir a Sarah que no pudo hacerlo.
ESTÁS LEYENDO
El Quinto Amanecer
Science FictionCristina vive en la Fortaleza norte, aquella que ha sido la base de la sociedad durante los últimos cien años. Un día, los Padres Fundadores desaparecen sin dejar rastro. El mundo ha pasado por guerras y desolación. Se dividió a la sociedad en...
