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Capítulo 2.- Isaac.

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Y muchos de ellos decían: Tiene un demonio y está loco ¿Por qué le hacéis caso?

Juan 10:20


Van a matarme. O a exiliarme ¿Qué pasará con Cris? ¿Con mi familia? Esas preguntas me acompañan justo después de escuchar la propuesta de Jacob. Me paso la mano por el cuello, revolviendo el sudor con el hollín.

―No lo sé, hombre...

―¡Vamos!― Abre mucho los ojos, y al ser de color gris, desatacan con su piel llena de porquería de las minas―¡Nos espera todo un mundo afuera!

―No grites― lo reprendo.

Hoy es el aniversario del incendio, Cris me necesita más que otros días.

―No iré― digo tajante. A mi madre le daría un infarto y Cristina moriría de tristeza, no puede con dos abandonos.

―Pero... ellos no son confiables.

―Precisamente por eso no voy a salir del domo.

―¡Afuera hay comida!

―¿Quien lo asegura? Mira, eres mi amigo, pero no voy a salir, si nos atrapan los Saqueadores nos matan, y si nos descubre el Concejo, nos exilian, y eso significa que moriremos afuera.

―¿Ves? Tú eres el único que puede pensar en todas las posibilidades, además eres rápido...

―Dije que no― espeto fuerte para dejar el tema zanjado.

Jacob no discute, me conoce lo suficiente como para saber cuándo haré o no haré algo. Sólo espero que comprenda que puede morir afuera. Yo no lo echaré de cabeza si sale y regresa, pero no puedo decir lo mismo de los demás. Los mineros escuchan muchas cosas y son capaces de todo con tal de llevarse unos cuantos paquetes de comida por parte de los ancianos del Concejo.

Clavo fuerte el pico contra la roca. Hace muchos años que no encontramos algo grande, que los carritos no se llenan con nuestro trabajo. Temo el día en que cierren las minas, cuando eso suceda, van a echarnos del domo a los sectores bajos, por ahorrar el oxigeno y el producto. Mi familia moriría en el exterior. Sacudo la cabeza para deshacerme de esas ideas, no es el momento para pensar en ello, es el momento para seguir golpeando la roca.

Los primeros días del mes es cuando el anciano a cargo de este sector baja del A para supervisar nuestro trabajo. Esos días me siento completamente aterrado de que piense que nuestro trabajo no es suficiente y decida cerrar la mina ¿qué puedo hacer en ese caso? Nada. Nos echarían del domo sin pensarlo dos veces. La mayoría de los sectores bajos ni siquiera sabe leer y escribir ¿cómo podríamos ser de ayuda para los demás?

Dejo de golpear la roca y miro alrededor, estoy solo en este lugar. No quiero ponerme nervioso por Jacob, pero lo hago. Es mi mejor amigo, aunque esté lleno de estupideces. No tiene más familia que la mía... Frunzo el ceño en dirección al pico que sostengo entre las manos. Él es mayor de edad y puede cuidarse, Jacob no es mi problema.

Paso no sé cuantas horas en la mina, pero al final solamente logro llenar la cuarta parte del carrito. Eso no es suficiente como para cubrir mi cuota diaria, pero si quiero tomar un baño para ir con Cris, debo dejarla como está. Mañana trabajaré el doble para poder llevar algo de pan horneado a casa, para el cumpleaños de la pequeña Ruth. Salgo de la mina, con dolores fuertes en el pecho, los experimento desde que empecé a trabajar aquí, pero los ataques de tos comenzaron hace algunos meses. Paso al lado de los hombres mayores, los cuales han recogido su cuota diaria, al mirarla me doy cuenta de que la han reducido a tres pequeños pedazos de cobre, que podemos cambiar en la tesorería por algo de comida y materiales necesarios para el hogar.

El Quinto AmanecerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora