"Tus muertos vivirán; junto con mi cuerpo muerto resucitarán ¡Despertad y cantad, moradores del polvo! porque tu rocío, cual rocío de hortalizas; y la tierra echará los muertos. Anda, pueblo mío, éntrate en tus aposentos, cierra tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto que pasa la ira"
Isaías 26:19-20
―Es suficiente― dice una voz enfadada y cierra el libro justo en mi cara.
―¿Qué demonios?― inquiero y me levanto de golpe de la silla. Mala idea, pues me quedo mareada unos segundos.
Me doy cuenta de que Isaac tiene el libro en sus manos y un semblante más que enojado en su cara.
―¡Eso es lo que yo pregunto, Cris! ¿Qué demonios pasa contigo? El Consejo está matando a los chicos de los sectores bajos ¿Y tú estás aquí? ¿Leyendo? ¿Aquí es donde has estado los últimos dos días?
―¿Qué? No, yo no... ¿Dos días?
Isaac esboza una sonrisa irónica y lanza el libro a la cama. Se pasa las manos por el cabello mientras se pasea por la habitación.
―Dos días― murmura―. De todo lo que dije sólo eso te importa ¿No?
―No comprendo de que me estás hablando.
Él me toma por los hombros, no es la primera vez que estamos tan cerca, pero ahora estoy asustada.
―Mataron a Santiago, lo ejecutaron frente a todos los sectores, eso desató una revolución dentro del domo. Están matando a los Guardias que envían a los sectores bajos, mientras que el Consejo se ha encerrado en el sector A para decidir qué hacer con nosotros. Y tu estas aquí, demasiado atormentada por el fantasma de tu madre, como para hacer algo al respecto.
―¡No te atrevas a...!
―¿A qué?― interrumpe y me suelta― ¿A meter a tu madre en esto? ¿Sabes por qué no te entregué ese libro en primer lugar? ¿Por qué decidí dárselo a Eva?
No sé que responder a eso. He visto a Isaac roto, cuando se llevaron a su padre, he visto al Isaac revolucionario, al pensar que los ricos se favorecen de los pobres, he conocido al Isaac amoroso, tanto conmigo como con su familia, he sido testigo del Isaac valiente, al hacer todo lo que hace por el bienestar de los demás. Pero nunca me he enfrentado al Isaac enfadado, y es más que eso, hay frustración, ira.
―Cálmate― digo en voz baja y me atrevo a poner una mano en su brazo, me sorprende que no se sacuda.
Él se deja caer en la cama, sus piernas chocando contra la base y escondiendo su cara en las manos.
―Ha sido horrible― murmura―. He tardado horas en llegar aquí...― continua diciendo cosas a las que no le encuentro sentido.
Trato de enfocarme en todo, intento llamar a Abraham para saber que sucede, pero no me responde. Eso si es raro. Quiero hablar con Isaac, pero no parece que pueda sostener una conversación en estos momentos. Por primera vez reparo en como se ve, sus manos están cubiertas de algo pegajoso que se ha metido en sus uñas y entre sus dedos. Su cabello está sucio, cubierto de las mismas cosas que sus manos, hay marcas por todos sus brazos y en su cuello, pero no sé que son y no creo que me permita acercarme.
―Isaac― susurro y me arrodillo para poder mirarlo a los ojos. Él levanta la cabeza y me doy cuenta de que su cara está cubierta de lo mismo― ¿Que ha pasado?
―Lo colgaron. Fue una ejecución pública... he visto muchas ejecuciones, pero esto... las personas del D se salieron de control... primero lanzaron piedras, en algún momento alguien comenzó a disparar, no sé si fueron los Guardias o si los sectores bajos consiguieron armas... pero... oh Dios...
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El Quinto Amanecer
Science FictionCristina vive en la Fortaleza norte, aquella que ha sido la base de la sociedad durante los últimos cien años. Un día, los Padres Fundadores desaparecen sin dejar rastro. El mundo ha pasado por guerras y desolación. Se dividió a la sociedad en...
