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Capítulo 10.- Isaac.

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El rebelde no busca sino el mal. Y mensajero cruel será enviado contra él."

Proverbios 17:11

Siempre hay algo por hacer. Trabajar en la mina, asegurarme de que mi madre sigue respirando, bañar a Gabriel y cerciorarme de que esté bien alimentado. Ver que Jacob no se meta en problemas. Tratar de que Cristina no haga algo que la lleve demasiado lejos. Revisar que Sarah no envenene mi comida... Creo que lo único que está bien en todo es mi hermana Ruth, sin ella todo se habría ido al demonio hace mucho tiempo.

Estoy recargado contra la puerta de la cocina. Sarah y ese extraño chico están sentados a la mesa, ella fulminándome con la mirada y él con los brazos cruzados sobre el pecho y sus ojos evitándome.

―Aún espero una explicación― digo. No puedo ocultar el enojo en mi voz.

He trabajado en la mina y recibido una paga miserable para una familia que no lo agradece, me han humillado los altos mandos, he perdido a mi padre... y ahora me encuentro con que mi hermana menor está haciendo quien sabe que cosas con chicos extraños que encuentra en medio de la noche. Por no mencionar la pelea que he tenido con Cristina.

―No me vas a creer aunque te diga la maldita verdad― espeta Sarah.

El chico la mira aterrorizado.

―No maldigas en la casa, y no levantes la voz. Despertarás a mamá.

―Por lo menos así se levantará, para ver qué sucede...

―Ya basta― suelto entre dientes y alterno la mirada enfadada entre los dos―¿Que estaban haciendo?

―Nada que te importe.

―Créeme que me importa si voy a tener otra boca que alimentar en esta casa― digo con toda la paciencia que puedo―. Y más vale que sepas trabajar en algo para poder cuidar a un bebe, porque...

―¿De qué demonios estás hablando?― inquiere mi hermana, se ha puesto roja como un tomate y golpea la mesa con ambos puños― ¿Por qué supones que los demás hacen las mismas porquerías que tu cuando estas solo con Cristina?

El chico comienza a toser, como si se ahora con su propia saliva, Sarah le da una mirada más suave que a mí, pero cuando vuelve su rostro al mío, sólo puedo ver odio.

―No metas mi relación con Cris en esto, además ella y yo estamos comprometidos y la última vez que revisé, tu no tenias un novio― suspiro lentamente para calmarme y bajo el dedo con el que la he estado apuntando todo este tiempo― ¿Que se supone que piense al encontrar un chico solo contigo en la casa?

―Cualquier cosa, menos eso― murmura y comienza a raspar la orilla de la mesa con las uñas. El muchacho sigue todos y cada uno de sus movimientos.

―Vete de mi casa, ahora―digo en tono firme.

Sarah levanta la cabeza de golpe.

―No puedes echarlo, hay toque de queda.

―No es mi problema― gruño y me doy la vuelta para ir a la puerta, dispuesto a usar la fuerza con él.

―¡No te mereces todo lo que él hace por ti!― exclama enojada.

Giro lentamente por la furia puesta en cada una de sus palabras.

―¿Sugieres que le debo algo?

―¿El ya no estar muriendo es suficiente para ti? Es él quien trae esas cosas para ti, esas plantas extrañas ¿Crees que te has curado por arte de magia?

Abro la boca para responder, tratando de pensar en algo coherente y no en todas las preguntas tontas que le dan vueltas a mi cabeza.

―No existe la magia― susurra el chico. Escucho su voz por primera vez desde que los saqué de ese sótano.

El Quinto AmanecerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora