1940. La guerra había comenzado. La familia de Adler y Edith se habían ido a vivir a las afueras de Berlín en una pequeña casa rural. Estaba al lado de las vías de tren, lo que hacía que no se pudiera dormir.
Antes de ir, Edith había ido a buscar a su padre y hermano, que tendría que tener 12 años. No tuvo éxito. Seguramente se habrán ido a otro lugar.
Adler y Edith eran muy felices juntos. Lo pasaban bien. Hasta que pasaban unos trenes de ganado muy seguido. No se oía vacas, ni cerdos, sino gente. Gente gritar y quejarse de dolor. A ella les llamó la atención así que fue a ver de dónde procedían.
Un día, por la madrugada, siguió las vías hasta su final. Estuvo como treinta minutos. Hasta que por fin llego. Era dentro de Berlín en una famosa estación. En ese momento, mucha gente entraba a ella. Todos con la señal judia.
Decidió acercarse más hasta una ventana donde veía perfectamente la estación entera. Se sorprendió con lo que vio. Era... judios, gente que ella conocía entrando a los vagones. Se apretujaban. Intentában escapar, pero no podían, los mataban si se salían de la fila. Los niños se escondían. Creían que era un juego. Y entre la multitud vio lo que no quería ver. Su padre agarrando a su hermano de la mano. Se petrificó. Intentó llamarles la atención. Aporreaba el cristal. Eran los últimos en entrar del tercer vagón, se quedaron al lado de la pequeña ventana que les comunicaba con el exterior.
El tren dio su pistoletazo de salida. Los guardias se subían al tren. Otros se quedaban. El tren se movía. Edith lo intentó perseguir. Corrió lo más rápido que pudo. En el campo empezó a gritar sus nombre.
- PAPÁ, JOSEPH.- gritaba.
Su hermano la oyó.
-EDITH.- respondió él.
Consiguió llegar al tren. Se agarro a vagón y se subió a un pequeño peldaño. Pasó la ventanilla con su mano y les abrazo como pudo. Lloraba, no sabía el destino adonde les esperaba.
- Escucha, no vengas a por nosotros.- Tapo los oídos de mi hermano.- Nos van a llevar a un sitio horrible.- Se les escapaban las lágrimas.
- Iré contigo, no te dejaré solo con Joseph.- dijo Edith.
- Lo siento Edith, adiós.- empujó a su hija del vagón. Edith por última vez el nombre de su padre. Se quedó en el suelo llorando.
Adler se despertó. No vio donde estaba Edith. Salió para buscarla. Vio que ahí tenía dos cartas. Eran del mismo lugar.
Abrió la primera.
Señor Adler:
Al reclutarse en la armada nazi, ha sido llamado para trabajar en el campo de extermino de Auschwitz (Polonia). Allí tendrá el puesto de cremador de cuerpos. Es bastante que este allí dentro de una semana. Su paga será de tres mil marcos mensuales. Esperemos que haga caso a esta carta o tendrá consecuencias.
¿Campo de exterminio? No le resultaba nada agradable. Leyó la siguiente
Señor Adler:
Se le ha visto últimamente a ti y a su familia con la judia Edith Pfeffer. Para su comunicación, la ayuda a judios sera condenada con la muerte de usted y su familia. Tienen dos días para entregarla a las autoridades de la Gestapo. La recompensa será de diez mil marcos. Esperamos su colaboración.
El capítulo " Judas" llegará pronto
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1945
Historische RomaneUno no es dueño de su destino, si cuando cae, hace que caiga otra persona junto a él. Esta historia se basa en la confianza y en la desconfianza, en el amor y la traición, en la seguridad y en la inestabilidad, pero entre ellos se asoma el resultado...
