Alzamiento

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Una mota de polvo. Parecía insignificante ,pero en un abrir y cerrar de ojos esa mísera mota se extendió

El partido nazi llego al poder en el año 1932, trayendo consigo ideales racistas y antisemitas contra todo tipo de personas que no eran de su raza.

Adler y Edith llevaban una relación plena y agradable, pero ya cuando tocas el cielo, solo puedes ir hacía abajo.

Considerado Adler de la raza aria, todo eran beneficios: trabajo, dinero, libertad... Desde siempre había votado y admirado al partido, dandole tranquilidad de que iban a sacar a Alemania de la crisis.

Mientras tanto, Edith no veía esto como una amenaza, seguía su vida normal con Adler y su familia, pero todo empeoró:

Se le prohibieron ir a los sitios públicos, tener bicicleta, hacer deporte, entrar a algunos negocios y lo que ella más odiaba: tener que ir todo el tiempo con esa estrella. Su madre ya las había cosido en las chaquetas de todos pero les faltaba ir a hacerse la documentación. Edith nunca lo hizo, simplemente desapareció.

Se quitó la estrella, hizo una maleta y se fue a casa de Adler, dejando solos a sus padres y hermano. Por su parte, ellos no fueron a buscarla sabiendo donde estaba, solo siguieron su vida marginal deseándole lo mejor a su hija.

Mientras tanto, en la casa de Adler, todo eran fiestas. Cada sábado, todos los oficiales y generales del partido nazi se reunían allí.

Edith se vistió con el vestido con el que Adler y ella fueron al bar. Era el único que tenía y a Adler le gustó, pero a sus padres no tanto, esperaban algo más.  Adler les mandó callar y fueron al salón.

- Tu solo sonríe y di si o no, a mí me funciona- aconsejó Adler.

- Así que no es tu primera fiesta... pero si a ti te gusta todo esto-

- ¿Me gusta el qué? ¿El nazismo?-

- Exacto.- Edith se soltó de él. Adler soltó una sonrisa

- No tienes nada de que preocuparte, no eres judía, así que no van a hacerte nada.- Le miró sonriendo y se agarró del brazo, llena de miedo por dentro ¿Pensaba eso de verdad?

Al presentarse en el salón, todos los invitados se giraron a verlos. Todos con sus botas de cuero, uniformes verdes y gorras que hicieron a Edith sentir un escalofrío.

- Señores, esta es mi novia Edith.- alzó su mano y la agarró, atrayéndola hacia ella. Todos se pusieron a aplaudir y siguieron hablando como si nada hubiera pasado.

Se adentraron en el salón y uno de los hombres se acercó a ellos. Los saludó y se acercó a Adler. Le susurró al oído y miró a Edith.

- Edith, ¿por que no vas a por champán a la cocina para los tres?- Edith afirmó y se fue a por la bebida.

El hombre cogió al chico de la manga y lo llevo hasta una esquina del salón.

- Te he conseguido el trabajo que me pediste. Me ha salido caro pero es todo tuyo.- Sacó de su bolsillo una carta que le entregó a Adler. La miró nervioso.

- Entonces esto es mi plaza asegurada en el partido.-

- Exacto, pero no se sabe cuándo llegará el momento de trabajar.-

- Estaré preparado.- se dieron las manos y justo apareció Edith con los vasos de champán. Los repartió a todos y antes de sorber un poco llego un fotógrafo.

- Una foto para la prosperidad.- Adler afirmó y agarró a Edith de la cintura. El otro hombre se acercó a ella y puso su mano en su cuello. Edith le miró de reojo. Estaba mirándola seriamente, pareciendo que la quería estrangular. De pronto Edith se puso pálida.- Oye, la señorita, sonríe un poco.- Volvió a la realidad y miró al fotógrafo sonriendo. Sacó la fotografía y se fue hacia su habitación.

- Edith, adonde vas.-

- La fiesta para mí ha terminado.-

1945Donde viven las historias. Descúbrelo ahora