Corazones latiendo

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La luz volvió a pasar al campo  de concentración. El barracón desierto en un día de frío y lluvia en el que nada les iba a parar para trabajar. 

Helena se percató de que su amiga no estaba al lado suyo como ayer, así que decidió buscarla. Al salir grito su nombre pero no hubo repuesta. Repitió de nuevo la acción y esta vez si se llevo respuesta. Un gemido de dolor se oyó de detrás del barracón y ella fue investigarlo.

Su amiga desnuda tirada en el suelo y mojada por la lluvia. Se retorcía entre el barro y su llanto era amargo.

- ¡Edith! Santo Dios, ¿que haces aquí fuera?- se acercó a ella y la puso sentada, pero volvió a caer al suelo.

- Él... él me...- no podia acabar la frase, ya que los recuerdos la aislaban a una profunda desolación.

- ¿Quien es él?-

- El guardia me...-

- ¿Te pego?-

-No,no,no,no. Me violó.- Ya cayo en la tristeza y sus lagrimas brotaban de sus ojos cristalinos.

- No , Edith, no.- No podía creérselo. Era horrible pensar que unos nazis sueltos por la noche hicieron eso por diversión, ¿que seria lo siguiente? ¿La muerte? 

Helena la abrazó con fuerza y le empezó a cantar una nana intentando darle un poco de tranquilidad en este momento. Después de un tiempo la ayudo a levantarse y la dejo en la litera en la que dormían.

-Tengo que... trabajar o me.- 

-Tranquila, no miran los barracones hoy. Lo tengo contado. Ahora descansa que lo necesitas.- le dio un beso en la frente y salió de el barracón pero se encontró a alguien en la entrada. Un chico de uniforme estaba esperando.

- Esta Edith dentro.- Helena se puso de los nervios, asustada de lo que podía pasar. ¿La matarían a las dos? era la pregunta que le rondaba en la cabeza.

-No, no esta aquí.- 

- No me mientas por favor, no la haré daño.- De pronto la puerta se abrió de golpe y salió Edith enfadada.

- Eres un...- le miro a la cara y se quedó sorprendida. 

-Edith...-

-¿Adler?.-  Adler se acercó a ella y la abrazó.- Yo no quería hacerte esto... Me obligaron a hacerte esto...-

- Lo sé, lo sé.- Sus labios se rozaron por primera vez en mucho tiempo.

- Tengo tanto que contarte.- Edith no parecía destrozada como unos segundos, el dolor se le aliviaba, o eso se suponía.

- Edith, necesito un favor. Tengo una niña escondida en mi habitación. Esta huérfana y tiene mucho miedo. Necesito que la cuides como puedas.-

- Si.- ella respondió sin pensarlo.

-Gracias Edith.- Otro beso fue recompensado.

- Pero, quiero una cosa a cambio.- Edith se volvió seria.



1945Donde viven las historias. Descúbrelo ahora