"Un hecho".

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Capítulo 20: "Un hecho".

Años antes...

Solo estaba centrada en mis pensamientos. Pensando en lo miserable que era, más mi vida.

¿Cuál era la forma más rápida de morir sin dolor?

Aún sigo pensando también, de qué hago aquí. Estoy sentada en un banco, mirando perdidamente un punto fijo mientras mis alrededores se divertían con sus amigos.

—Castillo. —Escuché en unísono.

«¿Ése será mi nombre que pondrán mi lápida? Me gustaría otro», pensé.

—Isa —dijo una voz cercana que me desconcentro de mi mundo.

—¿Te sientes bien? —Preguntó el profesor de Historia.

Con mis ojos húmedos de lágrimas. Asiento formando una minuciosa sonrisa.

Era la tercera vez que me lo preguntaban.

[...]

Desperté agitada luego de una pesadilla que había soñado. Miré mi oscuro cuarto tratando de calmarme, de pensar que mi cuarto es "seguro".

Apoyé mi cabeza en la almohada, respirando hondo. Al cabo de unos minutos en un silencio rotundo, el sonido más insoportable retumbo mis oídos. La alarma.

No tenía ni ánimos de salir. No quería, y tampoco podía. Mis manos temblaban, era inevitable. Cualquiera pensaría que tengo Parkinson, pero no. Sucedió luego de haber pasado algo.

A veces como siempre lloraba por mucho tiempo. Me daba temor que un hombre se acercará. Porque aún no olvidaba las noches de infierno.

Se habían vuelto eternos.

Lo triste de esto, es que nadie estaba. Nadie sabía que me pasaba. Nadie sabía lo que hice. No tenía apoyó, excepto de alguien.

Lucy Funk.

La administradora del grupo de Ana y Mia.

Agarré mi celular y por consecuencia del temblor en mis manos, cayó. Me enojé conmigo misma que me golpee las manos.

—¡¿Por qué?!

Respire hondo, inhale e exhale. Funcionaba. Aquéllo trataba de calmar mis nerviosismo.

Hice mi rutina. Me vestí sin ganas, sin ánimo de estar linda. Con lo que era extraño porque Ana le encanta lucirse. Siento que no está conmigo.

No me vi en el espejo. Solo, podía verme en el reflejo de una ventana o algo parecido que no pudiera verme en claridad. Había tantas cosas que me afectaba.

Salí de mi cuarto, un comentario de mi madre ofensivo lanzó.

—¿Cómo puede ser que tenga una hija así? ¿Qué es eso? Ni te sabes acomodar la camisa. —Se intentó acercar bruscamente, pero me alejo temerosa chocando contra la mesa y cayendo una taza. Sin dudarlo el regaño vino por si solito.

«No la escuches, no la escuches. Ella no es tu madre. No es nadie», pensaba intenso, tratando de espabilar sus palabras.

Ella prendió el televisor. Mientras tenía que buscar la escoba y una bolsa para recoger los pedazos de su taza.

Nuevas noticias sobre Agustín Navarro, un estudiante popular de categoría alta que fue encontrado muerto. Indicios muestran que se suicidó.

Las Princesas De CristalHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora