Jimin Pov
Andaba bajo la mirada, envidiosa, de aquellas personas que había compartido el aire estancada junto a mí por meses.
No sabía qué sentir o qué esperar al salir de allí.
Con qué cara miraría a la de Jungkook después de haber arruinado su vida por mí.
La puerta se abrió ante mí y el sol me cegó por unos instantes, tuve que habituarme a la luz antes de poder fijarme en el paisaje. Y menudo paisaje.
Jungkook estaba allí, apoyado en una vaya de metal mirando un móvil por encima; la puerta chirrió y le sacó de sus asuntos para enfocarse en mí. Sus ojos eran tan brillantes y tan grandes, me hubiese gustado mirarlos de cerca mucho más en el pasado.
- Pensaba que saldrías a las 12.. he estado esperando 2 horas aquí - Dijo mi galletita mientras se acercaba a mi sin detenerse.
- Yo también me alegro de verte.
Ninguno de los dos se detuvo en su camino y en el instante en que nos situamos el uno frente al otro, recogí su rostro entre mis manos y le besé en esa posición. Mis antiguos carceleros nos miraban, o al menos sentía sus ojos clavados en mi nuca.
Pude saborear la libertad en sus labios, y de nuevo recordé aquella conversación a oscuras, sentados y entrelazados donde le expliqué lo que él significaba para mí. Y, desde ese entonces, fue creciendo algo en mí que me hacía amarlo cada vez más.
- Jungkook, ¿estará todo bien? Ni si quiera tienes coche - dije en broma mientras relamía nis labios.
- Estaba dudando en comprarme un coche en vez de pagar la fianza, no se si he hecho bien.
Ambos reímos y nos miramos, parecía que el tiempo no hubiese pasado.
Parecía que por un instante estaría todo bien.
Que no dolería.
Que no deberíamos seguir luchando.
Anduvimos media hora por el arcén de la carretera hasta que una señora se detuvo y nos dejó subir a su vehículo. Entablamos una buena conversación que duró las 2 horas que tardamos a llegar a nuestro destino.
Una biblioteca.
- Jungkook, lo que menos me apetecía después de salir del trullo... era meterme en una biblioteca - me acomodé el pelo hacia atrás mientras hablaba y oí como el menor se reía entre dientes.
- Vamos, te enseñaré algo.
Parecía que Jungkook tenía todo preparado. Se sentó en una silla frente a un ordenador y me cedió otra donde me pude relajar por fin.
Empezó a hacer clics aquí y allá, hasta que apareció en la pantalla fotos de un pequeño piso.
Suelo recubierto de madera, sofá verde de dos plazas, una pequeña cocina a la derecha...
- ¿Qué es esto? - Le pregunté, estaba dispuesto a ocupar cualquier piso, no quería hacerle gastar mas dinero.
- Es un piso que tuve retenido hasta cumplir 21, me enteré hace poco que lo habían desbloqueado así que es mío. Me lo dejó en herencia un tío mío al que nunca conocí.
Me quedé boquiabierto y Jungkook me sacó de mi asombro a estirones, le ví como un niño que quería una golosina y no hice nada más que esbozar una leve sonrisa, no había gastado más y eso me reconfortaba.
- Hyung corre! - estaba tan apresurado que empezó a dar brincos.
- Pero, ¿Qué demonios te pasa?
Volví a abrir la boca al llegar a la avenida principal.
Ante nosotros se disponía un coche amarillo eléctrico, ruedas grandes y un diseño deportivo.
- No me jodas.
- Te jodo.
Corrió hasta él y se apoyó en el marco de la puerta.
- Al final decidí pagarte la fianza y comprarme el coche, lo vamos a necesitar - no podía creer lo mis ojos estaban presenciando, por lo visto la herencia no se trataba de cuatro monedas mal contadas, al chaval le había tocado la lotería.
Traa convencerme de ser un gasto razonado, me subí al coche y contemplé cada rincón de tremenda obra de arte, y del coche también. Jungkook se reía tras mi sugerente mirada pero se limitó a encender el vehículo y emprender la marcha.
El piso que había conseguido se encontraba al otro lado del país, al noroeste concretamente, cerca del aeropuerto, por lo que el viaje serían unas 5 horas sin opción a parada técnica.
Llevábamos ya 3 horas de camino cuando la luz empezó a desvanecerse. El rostro de ese niño se tenía de un naranja cálido y sus ojos tomaban un delicioso color café.
Puse la calefacción al máximo y me quité la chaqueta.
- ¿Qué haces?, hace mucho calor - dijo Jungkook a regañadientes.
- Para ahí y si tienes calor quítate la ropa.
Jungkook debió entenderme muy bien, pues en menos de 2 minutos había hecho la maiobra y se había detenido en un terreno oculto entre la maleza.
De la radio emergía una melodía suave y acompasada, mientras yo me movía a los asientos traseros.
Cuando ya estaba atrás, acaricié el cuello de mi hombre. Le besé la mejilla, la oreja, todo lo que estaba a mi alcance.
Saboreé cada milímetro de él, entonces hice que su respaldo se inclinase y con mis propios brazos lo arrastre encima de mí hasta que estuvo sentado en mi regazo.
Mi mano descubrió cada parte de su terso abdomen bajo su camisa, le besaba el cuello y el me ofrecía sus deliciosos labios, que no me contuve a degustar.
Por qué habíamos tardado tanto, por qué todo tenía que ser tan complicado hasta este punto. Había tirado a la basura muchas cosas que me hacían daño, pero él era una de esas que jamás podría abandonar.
Porque aunque doliese, era él.
Jungkook enredaba sus dedos en mi pelo mientras le masajeaba su miembro y le besaba en la zona de la clavícula, suspiraba y se excitaba más y más.
Y eso me excitaba a mí.
Observaba como su cuerpo se inundaba en un brillante rocío.
Jungkook se giró sobre mí y descubrí mi amor por quitarle la ropa lentamente, sin apartar su mirada de la mía.
Él me quitó la camisa y sentí su miembro golpeándome en el abdomen, amé esa sensación.
Cuando estuvimos completamente desnudos, nos miramos durante un minuto o dos. Entonces sentí el calor de su pecho contra el mío y su corazón latir relajado pero con fuerza.
Mientras nos besábamos Jungkook empezó a balancearse, a rozar su entrada con mi endurecido miembro, que hacía desearlo cada vez más.
Gotas de sudor caían entre nosotros y me percaté como la ventanilla se había convertido en un cristal empañado.
Recorrí con mis manos todo el camino que unía sus caderas con sus muslos y los apretaba a cada avance, me deslicé a sus gluteos y los agarré con fuerza.
Tanta fue la fuerza que sentí como su dulce entrada se abría levemente y mi miembro rogaba por entrar.
Ya entonces era la luz de la luna lo único que nos acompañaba.
Mientras sus nalgas estaban atrapadas en mis manos Jungkook fue penetrándose con mi falo. Poco a poco, y la luz tenue y pálida me dejaba contemplar sus gozo, su sufrimiento, sus temores y mi recompensa.
- Te amo.
Fue lo único que surgió de mi antes de ayudarle a sentirla toda dentro de él.
Me abrazó y le elevé un poco para, lentamente, poder aprofundizar una vez por segundo, repitiendo el proceso con cada suspiro y cada "Jimin".
Dios mío, como podía amarlo así, ¿cómo?.
Aumenté la velocidad y Jungkook arqueó su espalda, aproveche para lamerle sus pezones y su cuello nuevamente.
Era tan dócil, tan suave.
- Te amo Jungkook - Repetí.
Jungkook volvió a mirarme y cuando sus labios encontraron los míos, sin besarlos y con un leve gemido, dijo:
- Dame tu amor entonces... - sus entrecortadas palabras me llevaron al clímax. Y lo que pensé que solo disfrutaba yo, llegó a mi pecho y al suyo, uniéndonos en un baño de oro blanco y de calor extremo.
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CLAUSURA - JiKook
Fanfiction¿Qué sucede cuando tras descubrir un gran secreto de tu familia eres secuestrado por un hombre que te cambiará la vida? Jungkook tendrá que lidiar con sus problemas personales y los impuestos por enamorarse del que no debería.
