Capítulo 18

183 24 1
                                        

Jimin Pov

He estado unos cuantos días en una nube donde sólo estamos él y yo, pero tengo miedo de que se convierta en una tormenta y caigamos sin poder evitarlo.

Hoy hemos quedado en el gimnasio, le estuve hablando sobre mi adicción al boxeo y parece ser que él está interesado en el baile, así que le pone cachondo la cantidad de espejos que tiene esa ciudad del deporte de nuestra universidad.

Me doy cuenta de la hora y faltaban 5 minutos para nuestro encuentro, me había perdido en mis pensamientos y me estaba olvidando de que la realidad es mucho más preciosa que unas cuantas imágenes vagas en tu memoria, así que me vestí y me dispuse a salir rápidamente por la puerta con mi bolsa de deporte colgando del hombro, corría mientras guardaba las llaves del apartamento en uno de los bolsillos y bajaba las escaleras de dos en dos, con una felicidad que irradiaba desde cada poro de mi piel.

Por suerte cuando llegué él aún no estaba allí, así que no tendría que aguantar su cara de cachorrito enfadado.
Envuelvo mis nudillos con una benda blanca e intento concentrarme en mi primer golpe cuando escucho el chirrido de la puerta, todos los allí presentes miran a Jungkook entrar y vuelven sus ojos hacia a mí esperando algún tipo de respuesta por mi parte, pero decido ignorar todo y volver a centrarme en el saco, que se mueve lentamente por alguna fuerza extraña e invisible.

Aparto levemente la vista del saco y poso mis ojos detrás de él, a unos diez metros veo a Jungkook rebuscando en su bolsa y noto como sus ojos se centran en los míos de forma pícara mientras sus manos se siguen moviendo ávidamente dentro de su bahúl de cables, altavoces y barritas energéticas.

Pego un primer golpe, no muy fuerte y empiezo a dar saltos alrededor del saco de arena sin quitar mis ojos de él. Se dedica a beber de una cantimplora que hace que sus mejillas se encojan debido a la absorción; me enciende de alguna manera.
Mientras sigo lanzando derechazos veo como Jungkook abre el primer botón de esa camisa blanca que tan bien le queda cuando baila y que deja inutir su silueta sin mostrarla atrevidamente.
Una melodía dulce empieza a sonar y su cuerpo empieza a ondear como si se tratase de una mariposa volando entre polvo y rayos de luz colándose por las ventanas.
En medio de todos los hombre allá presentes, él parece el más varonil y delicado que se pueda hallar.

En uno de los pasos de baile, hace un giro y sigue la coreografía sin apartar sus ojos de los míos, decido descansar y me siento en un banco, apoyando mis codos en las rodillas mientras disimuladamente le dedico mi más sincera sonrisa.

Mierda. Lo extraño.

Lo tengo tan cerca pero tan lejos que siento como cada centímetro de mi piel se desgarra dolorosamente.
Súbitamente se escucha de nuevo un chirrido, más que una puerta parece un timbre. Pero ni él ni yo dejamos de mirarnos, aprovechamos ese momento para sonreír y desviar la mirada tímidamente antes de volver a mirarnos. Su rostro luce angelical, envuelto en su brillante piel, inundada de un sudor que sin pudor o disgusto limpiaría con mi lengua.

Toda esa magia se rompe cuando una figura borrosa irrumpe en mi campo de visión y envuelve a Jungkook entre sus brazos. Puedo ver como la sonrisa de Jungkook desaparece lentamente sin dejar de mirarme.
Me quedo en shock durante unos cuantos segundos, sin poder apartar mi mirada de Taehyung y Jungkook, delante de mí.
Me levanto fuertemente del banco,provocando que este vuelque en el suelo cuando de repente Jungkook le devuelve el abrazo, manteniendo en todo momento la mirada.

Y lo entiendo todo.

Me está protegiendo. Nos está protegiendo de todo lo que nos puede herir.

Y su escudo, cruelmente, se llama Kim Taehyung.

Me doy cuenta de cómo mi antiguo compañero de piso gira su cabeza con ánimos de mirarme y me esfuerzo en disimular como si no me hubiese dado cuenta. Cojo mi botella de agua y la bebo entera antes de lanzarla a una papelera.

Vuelvo a ponerme la bolsa de deporte en el hombro y salgo de el pabellón a paso apresurado.

Después de caminar una media hora sin detenerme decido descansar y me siento en el primer banco que encuentro.
Me quedo ahí sentado no sé cuanto tiempo, preguntandome dónde me he metido y por qué debo aguantar que otro hombre toque lo que es mío.

Siento unos brazos que me envuelven desde mi espalda, y capto ese dulce olor a cereza que desprende su cabello, y su respiración tranquila en mi oído...

- Te dije que lucharíamos juntos.

Sus palabras se cuelan en mí y me giro lentamente hasta igualar su boca con la mía.

- Eres mío, Jeon Jungkook.

Ambos lo sabíamos, sabíamos a quien pertenecíamos realmente y eso podría significar estar lejos el uno del otro, pero no siempre.

CLAUSURA - JiKook Donde viven las historias. Descúbrelo ahora