Lo persigo sin que me vea, no puedo dejarlo solo. Detesto las intrigas y sospecho que le puede pasar algo, lo intuyo. Camina en plena mañana por Once, derecho por Rivadavia en dirección oeste, está loco. Camina, camina y camina, sin detenerse, quizás me presiente y me quiere aburrir para que deje de seguirlo pero lo sigo lo mismo. A pesar de la distancia percibo su respirar melancólico y furioso por los sucesos. Aunque se haga el duro, aunque diga que Alberto no era más que una misión que le encomendó Elena hubo algo entre el muchacho y Alberto, ¿venía del amor? No sé, si amor, pero el pibe lo enamoró, ganó su confianza, fueron pareja y un tiempo compartieron hasta que pudo sacarle todos los datos para corroborar de que era necesario liquidarlo a él y a Raúl. Que él, Esteban, haya sido el encargado de matar a Raúl fue sorprendente, que Elena le haya planteado que también debía matar a Alberto, perverso. Sin embargo se negó a esto último y supe, ante esa negativa, que la mirada de Elena guardaba un reproche letal. El pibe no está seguro y yo no quiero quedarme solo por el momento.
Veo su paso dudoso, aburrido, opuesto al que presencié en ese departamento en que liquidó a Raúl. Parecía un experto jugador de traiciones ejecutando a sangre fría al mentor de su maestro, Raúl. Ejecutaría a cualquiera por Elena había dicho, pero no pudo con Alberto... ¿Qué sentido tiene seguirlo por la larga avenida donde hay gente yendo y viniendo en este calor húmedo y pegajoso semejante al infierno?
Estoy cansado ya no estoy para jugar al perseguidor. Pero no me queda otra opción, debo hacerlo... evitar la soledad... a pesar del calor de muerte. Elena mandó a Alberto para que salve mi comunidad, en ella debo confiar, por ella lo debo cuidar. Con él fuimos a apretar a un hacendado, ex milico, intendente... mierda... no deja de caminar. Ese hijo de puta tenía dos mercenarios que, mientras íbamos a presionarlo para que nos devuelvan nuestras tierras expropiadas, violadas, quemaron mi hogar con mi familia, previo disparo en la cabeza y tortura a cada uno de ellos. ¿Qué día los maté? ¿Cuándo me vengué con mi brutal carnicería? No recuerdo. Solo se me vienen a la cabeza sus rostros antes de arder y sus nombres: Costas y Reyes. Seres repugnantes, sádicos, que me separaron a mí, a Huichahue, de mi familia. Mi nombre aborigen me destinó a ser aquel quien no retrocede ante el peligro, matador de fieras con mano desnuda para alimentar y defender a su comunidad, vertedor, inescrupuloso, de la sangre del enemigo. Por eso fui bautizado al campo de batalla. Aunque, al conocer a Alberto adquirí la identidad de Mapuche, la que adopté como nueva piel, para siempre, luego de perder todo lo que me ataba a mi tierra... El pibe está yendo rápido, buscando que me equivoqué y aparezca, me descubra, patético.
Camina, camina y casi corre, se dio cuenta de que lo sigo, pero ¿por qué hace esto? Lo igualo fácilmente en velocidad. Estoy cansado de ir de acá para allá, sin rumbo, de esperar la orden de Elena para volver a la "Agencia" hasta que llame. No se comunicó aún, eso lo ha puesto también nervioso al muchacho que quizás piensa que quiero matarlo. Lo entiendo, está podrido y temeroso... yo también, pero ¿tanto pudo apretar el paso como para meternos en Flores cerca de lo de Raúl? Al recapitular el pasado abolí la unión tiempo-espacio y me perdí el presente. Miro mi reloj, lo veo doblar, lo pierdo por mi distracción, son las ocho. Salimos siete y veintidós del hotel, han pasado cuarenta minutos de la salida de Once, casi corrimos.
Marcha desesperanzado por el barrio del Ángel Gris, por veredas y callejones que lo vieron nacer y formarse como ser humano, policía y nocturno detective, como Francisco Molinedo para Ángela, otras putas de cabaret y las calles. Ese barrio que fue cuna de sus secretos, como para el tanguero la orilla del Río de la Plata, lo acompaña con su silencio matutino, caluroso y nublado. No aparta de su mente la idea de que otra vez se le abren las puertas de la redención, que puede, por fin, limpiar su nombre, que las casualidades no suceden porque sí. El universo cambia a cada instante, las estrellas se alinean. Lo sabe, lo tiene que aprovechar, marcha. Piensa que la única forma de que encuentre al joven de la foto es difundiéndola por los medios. Hoy a la tarde dará la primera conferencia de prensa luego de veintidós años de silencio. Será su gran golpe para redimirse y ascender. En su presente existe un gobierno que lucha por los desaparecidos y el esclarecimiento de crímenes de lesa humanidad, será interesante desmantelar una mentira militar contra montoneros. Sabe que lo apoyarán con sus medios contra los que protegen a los militares. Tomarán con alegría la desmitificación de lo ocurrido, la revelación de la mentira genocida. En sí, no le interesa mucho la política, pero sabe que es una buena herramienta para su sueño de redención. Sólo echará más leña al fuego de una lucha por el poder cumpliendo con su deber, por el honor de concluir el caso que tantos años lo tapó. Se refriega las manos y añora la hora de superar el fracaso.
