La tierra. Año 2060.
Anne Jones, es psiquiatra en Nueva York y ve esfumarse, evaporarse, ante sus ojos a una de sus pacientes, la cual sufría delirios apocalípticos. La última palabra que aquella logra pronunciar antes de desaparecer es "ARCA"
Dese...
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—¿Qué haces aquí? ¿Vienes a burlarte de mí al igual que lo hizo tu compañero? —musitó Anne, cuando comenzó a tomar conocimiento de la realidad, aunque con la resaca de la simulación martillando en su mente.
Salir de aquella era como despertarse de un vívido sueño, del cual quedaban visibles rastros.
Hasta el momento en que el cerebro procesaba qué era lo que verdaderamente estaba pasando, el individuo se mostraba confuso, desorientado.
—Nada de eso. Vine a disculparme— anunció Jack, dirigiéndole una mirada apesadumbrada.
Aquel gesto le otorgaba un poco de dulzura adicional a sus rasgos.
Si la chica no hubiera sabido a ciencia cierta que había despertado, la situación inusual le hubiera resultado una alucinación más.
—¡Qué bien! —fue todo lo que dijo, mientras desviaba la vista de aquellos ojos tormentosos, que horas antes ansiaba tanto ver, pero que ahora, luego de haber sido sometida a la tortuosa habitación del pánico, rechazaba.
Definitivamente Anne culpaba a Jack por su situación actual, ya que a su criterio, él podría haberla salvado si le hubiera dado una oportunidad de demostrarle la verdad, pero prefirió rehusarse y esas eran las consecuencias.
—Sé que debes odiarme por mi comportamiento— "Genial, ahora es adivino, además de mártir" pensó—. Intenté hacer lo que mi instinto racional me decía, pero olvidé que a veces la razón suele equivocarse—dijo él, salvando las distancias entre ambos, hasta ponerse frente a frente, sujetando sus manos trémulas entre las suyas, conteniendo el temblor—. Por eso vengo ahora a reparar mis errores y a liberarte Anne—arguyó, ante la mirada incrédula de la psiquiatra, que no se permitía flaquear, ni siquiera ante aquella cercanía abrazadora.
Acto seguido miró sus manos y se encontró con que de pronto estaban adornadas por un par de esposas magnéticas.
—¿Dices que vienes a liberarme y vuelves a esposarme? ¡JA! — aquello le parecía una mala broma.
Jack formuló una media sonrisa, a desgano.
—Para sacarte de aquí y a los otros dos, sin levantar sospechas, debo fingir un "traslado" —explicó.
La doctora analizó sus palabras y gestos unos segundos, resolviendo que eran sinceros.
—¿Quién se volatizó frente a ti? ¿fue Kalani? — preguntó astutamente.
Ella sabía que esa era la única alternativa factible que podía explicar aquel vertiginoso cambio en su conducta. Jack era un hombre de cáracter recalcitrante.
El oficial volvió a sonreír, ahora con cierto ápice de satisfacción, pues esa extraordinaria mujer sabía leerlo mejor a él, que él a ella.