XVII: Curiosidad

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-Deidara.

-¿Hmm?

-¿Estas bien? - le preguntó Naruto. - Has estado muy raro desde que llegaste.

Y es que no era mentira ese hecho. El mayor había estado haciendo todo de manera automática, como si su cuerpo y mente estuvieran en dos mundos paralelos. Deidara solo quería que las cosas del pasado de su ottoto se arreglaran de una vez por todas. Los primeros años fueron los peores. Gritos cada noche debido a las pesadillas de aquel traumático encuentro. La soledad que Naruto sintió al verse abandonado por el que se hacia llamar su esposo, el no saber donde o con quien podría haber estado.

Además, contactar a la familia Uchiha no les había servido de nada. Sasuke les había pedido que no le informaran de nada. Que no le dijeran nada relacionado sobre él a Naruto. 

-¡¡Nii-chan!!

-¡¡¡Katsu!!!

-¿Ahora eres tú el que tendrá una muletilla? Ayúdame con esto Dei - le pedía el menor.

-Lo siento, mi cabeza a estado en su propio mundo sin que me diera cuenta.

-Eso lo note. ¿No paso nada en tu cita con Itachi?

La culpa volvía al mayor. La cita con Itachi simplemente fue la excusa que estuvo obligado a usar para que nadie dudara de su ausencia cuando en realidad había ido con Sasuke. ¿Hasta que punto podría mentirle al que consideraba más cercano como familia?

Si no hubiera sido por Minato, él seguiría en la calle, como una sucia rata callejera. El Namikaze fue el único entre las demás personas que pudo ver el deje de talento que tenia. Su inteligencia nunca fue apreciada por nadie, y el haber nacido en una familia pobre no le sirvió de mucho. Después de ser abandonado, Deidara tuvo que sobrevivir de los restos de comida que encontraba en los basureros o callejones.

La familia Namikaze-Uzumaki lo había acogido en su hogar. Le dieron un hogar. Y no solo ganó unos padres adoptivos maravillosos y comprensivos, ganó un hermano menor. Un pequeño y revoltoso rubio que lo adoró desde el momento en el que puso pie en su casa. Y después de jurar que haría cualquier cosa posible para regresarles la ayuda a esa hermosa familia, lo único que se encontraba haciendo en el momento era mentirle a su confidente. A su hermano. El chico que le llamó aniki cuando le dijeron que iban a ser hermanos.

Un fuerte dolor en el pecho fue lo que Deidara sintió al recordar todo eso. No. No podía dudar ahora. Le tomó mucho coraje salir y tratar de cambiar las cosas por su ottoto. Puede que lo llegara a odiar. Puede que nunca más le dirigiera la palabra. Pero si de alguna manera lograba que los fantasmas de su pasado de esfumaran, entonces habría valido la pena. 

Si tenia que cargar con ese odio, lo haría. Todo, por ver al menos una vez más la hermosa y genuina sonrisa que Naruto estaba acostumbrado a dar años atrás.

Con pesar, Deidara trató de pretender que todo estaba de la mejor manera posible, ayudándole a Naruto a terminar con su trabajo del día y dandole una sonrisa que por poco pasa como genuina. Con suerte, terminarían con un poco del trabajo que se suponía seria para el día siguiente. Entre más lograran terminar, más rápido podría conseguir un tiempo para que Sasuke y Naruto pudieran hablar.

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-¿Tu sabias algo de esto Itachi?

-Todo - le respondió el mayor sin quitarle ojo al libro que se encontraba leyendo.

-¿¡Y no pensaste en, no se tal ves, decirme!?

-Dice el chico que nos pidió nunca más mencionar su nombre por ninguna circunstancia.

La luz en la oscuridadHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora