Luis no sabía dónde ir. Había perdido a la persona que más quería. Y lo peor de todo es que no sabía por qué. Él no había hecho nada, pero había preferido creer al niñato de su ex. Echó a andar sin dirección alguna, hasta que llegó a una pequeña terraza con vistas al mar. Salió y sacó el paquete de tabaco. La había prometido que lo dejaría, pero ahora lo necesitaba. Se apoyó en la barandilla y se encendió el primer cigarro. Las lágrimas empezaron a resbalar por su rostro. ¿Por qué estaba siendo todo tan difícil? ¿Por qué no les dejaban ser felices de una vez? Escuchó abrirse la puerta a sus espaldas. Tenía la mínima esperanza de que fuese Aitana y aclarasen las cosas. Pero Ana le tendió la mano pidiéndole un cigarro. Luis se lo dio y ella pudo ver sus lágrimas.
- ¿Qué te pasa?
-Nada.
- ¿Cómo que no, Cepeda? Estás llorando. ¿Qué ha pasado?
-Aitana. Me ha dejado por una gilipollez, que encima es mentira. -Al ver que Ana no estaba entendiendo mucho, profundizó un poco en la historia. -Vicente le fue con el cuento de que le había engañado. Es mentira, Ana. No la podría los cuernos nunca.
Cepeda apoyó los codos en la barandilla y se llevó las manos a la cara. Estaba destrozado. No podía creer que por culpa de Vicente hubiese perdido a Aitana. Y quien sabía si era para siempre.
-La he perdido, Ana. Con lo que nos ha costado estar juntos la he perdido.
-Tranquilo. Ya verás como todo se soluciona. La verdad siempre sale a la luz. Confía en el amor que se tienen, que no es poco.
A la mañana siguiente Luis tomaba rumbo a Madrid. Le habían ofrecido ir a ver un partido del Barcelona, pero no tenía ninguna gana de aparentar normalidad cuando no la había. Lo único que quería era llegar a su casa, coger la guitarra y ponerse a componer.
Nada más salir de la habitación se chocó de bruces con una Aitana ojerosa, con los ojos hinchados de llorar durante toda la noche. Luis soltó su maleta y se lanzó a abrazarla. Por muy destrozado que estuviese en ese momento, no podía verla así. Aitana se tensó y se apartó del abrazo. Estaba confundida. No la culpaba. Él en su situación tampoco sabría qué hacer. Se giró, cogió la maleta y se alejó sin mirar atrás hasta llegar a los ascensores. Ella le siguió con la mirada, mientras las lágrimas no paraban de caer por sus mejillas. Antes de entrar en el ascensor, la miró y le dedicó un gesto de despedida. Se estaban despidiendo ya no solo físicamente, si no como pareja. Se estaban despidiendo de todos esos momentos que habían pasado juntos y de todos los que podían haber pasado. El piso que él había alquilado en Barcelona había hablado con el dueño y volvía a estar en alquiler.
Aitana entró corriendo en su habitación y se tiró en la cama a llorar. Amaia entró y al escucharla al borde de un ataque de ansiedad, corrió a tranquilizarla.
-Aitana. Respira. Por favor. Aitana, ¿qué te pasa? Espérate que llamo a Luis.
- ¡No! No. Estoy mejor. No le llames. No quiero saber nada de él. Ya está, Amaia, se acabó.
- ¿Pero ¿qué estás diciendo, Aiti?
-Que me ha puesto los cuernos. No quiero volver a verle.
-Pues lo tienes difícil. -Aitana se giró y la miró con cara de pocos amigos. -Ay, perdón. Joe, Aitana. Pero no lo entiendo. ¿Cómo lo sabes?
-Me lo ha dicho Vicente. Él le tendió una trampa.
- ¿Y tú te crees a ese, sabiendo todo lo que te manipuló nada más salir del concurso?
Justo en ese momento llamaron a la puerta. Aitana se asustó pensando que podría ser Cepeda. Pero por la cara que había puesto Amaia al abrir, no creía que fuese él.
-Yo no manipulo a nadie. Los que la estáis manipulando sois todos vosotros en mi contra. Si os estuvieseis calladitos seguiríamos juntos y felices, como siempre.
-Tú te callas y te vas.
-Amaia, déjale. ¿Qué quieres?
-Quiero hablar contigo. -Miró a Amaia. -A solas.
-Yo me quedo. No te pienso dejar sola con ella.
-Amaia se queda. De todas formas, le voy a contar todo después.
-Muy bien. Quería saber cómo estabas. Si ese que tienes por novio te ha hecho algo al saber que sabía todo.
-Vete. No te voy a permitir que sigas hablando así de las personas a las que más quiero. Vete. Vete, Vicente, por favor.
-Te ha dicho que te vayas.
Roi que pasaba por la puerta justo cuando Amaia la estaba abriendo, observó lo que estaba pasando y agarrando a Vicente del brazo le sacó de la habitación.
-Me voy. Pero por lo menos me voy con los deberes hechos. Y con mi plan redondo. Le has perdido para siempre, Aitana. Tú me dejaste a mí y ahora él te ha dejado a ti. Y no creo que vuelva a recuperar la confianza que tenía en ti. Te jodes y así aprendes que conmigo no se juega.
Aitana se había quedado en shock. Todo había sido un invento para que Luis y ella se peleasen. Al ver que su amiga no reaccionaba, Amaia avanzó con seguridad, se paró en seco y le grabó su mano en la cara.
-Y esto para que aprendas a dejar de meterte en la vida de los demás. Cómprate una vida y déjales en paz. Reventado.
Aitana entró en la habitación corriendo para coger el móvil. Necesitaba llamarle y pedirle perdón. Pero ya era demasiado tarde.
- "El teléfono a quien usted llama está apagado o fuera de cobertura."
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Camuflados
Hayran KurguAiteda...una historia de amor camuflada en una preciosa amistad...¿o no tan camuflada? *AVISO* antes de criticar, leer la primera pagina para saber porque hago esta historia.
