Capitulo 32

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-¿Qué ha pasado? ¿Dónde has estado? Llevo una hora llamándote. Joder, Aitana, estaba preocupada.

-Ana, no me vuelvas a pegar un susto así en tu vida. He ido a dar una vuelta, nada más.

-¡Pero si llevamos un montón de tiempo buscándoos!

-¿Como que buscándonos? ¿Tú y quién más?

-¿Tú te crees que la policía es tonta? -Ana se comenzó a reir, y Aitana seguía sin entender nada. -Roi vino a preguntar si Cepeda estaba aquí. ¿Estabais juntos, no?

-No digáis nada, por favor. No queremos que vuelva a pasar lo mismo de la otra vez.

-Tranquila, no vamos a decir nada si vosotros no quereis. Pero quiero hablar contigo. -Aitana se sentó en el borde de la cama de su amiga, mirando al suelo porque sabía el rumbo que iba a tomar esa conversación. – Aitana, soy tu amiga, me considero como tu hermana mayor, y necesito decirte esto. Luis lo ha pasado muy mal estas semanas. No salía a ningun lado, por mucho que dijese que estaba bien. Creo ya tiene compuestos tres discos, como mínimo. Era lo único que conseguía distraerle, componer.

-Ya lo se, Ana, y me siento culpable por todo eso.

-No te estoy diciendo que seas la culpable. Solo te digo que Cepeda te quiere, mucho, y nunca sería capaz de hacer nada parecido. Pero tampco pueden estar así toda la vida. No lo echeis a perder. Es tan bonito lo que tienen. -Aitana se tiró a abrazarla y, tras un largo rato charlando, intentó dormir lo poco que le quedaba de noche.

Unos gopes en la puerta le despertaron. Vio de reojo a Roi acercándose a la puerta para abrir.

-Me voy. Buenos días, por cierto. -Fue lo único que escuchó el gallego antes de que la puerta se cerrara. De pronto notó a alguien tirándose encima de él. Sonrió al instante de darse cuenta de quien era.

-Buenos días. No te hagas el dormido que se que ests despierto. Luis, vamos.

Luis hizo un movimiento rápido y acabó colocándose encima de ella.

-Buenos días. ¿Pero que haces aquí?

-Solo quería darte los buenos días. Pero si quieres me voy.

Antes de que Aitana pudiese mover un musculo, Luis la estaba besando, haciendo que ella volviese a recostarse en la cama.

-Para, Luis. Para. Nos tenemos que ir ya. Hay que ir a hacerse la sesión de fotos para la gala.

Refunfuñando, Luis se incorporó, y ayudó a Aitana a hacerlo. Le acompañó hasta la puerta donde se despidieron con un casto beso.

-Ponte guapo.

-Entonces puedo ir en pijama, porque eso ya lo soy.

-Lo que eres es tonto.

-Perdón, acaban de llamar que las foto nos las hacen esta tarde.

-Entonces adiós Ana. No nos esperéis para desayunar.

En cuanto le vio entrar con ese traje no pudo quitarle los ojos de encima. Recordó que la primera vez que le había visto así vestido fue en una pantalla, mientras lloraba recordando que ya no estaba en la academia. Y ahora estaban juntos, con sus más y sus menos, pero juntos.

-Bonito pijama.

-Tú también estás muy guapa.

Aitana notó la mirada embobada de Ana sobre ellos y le hizo un gesto a Luis para que entendiese que miraba. Ambos se rieron viendo como las mejillas de la canaria se enrojecían al verse descubierta.

-¿Queréis alguna foto juntos? -Se miraron y asintieron ilusionados. -Vale, pues tú, Aitana, ponte aquí y tú, Luis, siéntate normal.

-Por fin voy a tener una foto donde yo salga más alta.

Luis rio ante este comentario de Aitana, e inonscientemente la besó en el hombro. Notó como el flash se disparaba, pero a ninguno de los dos les importó.

En ese momento, Aitana supo que no quería que volviesen a estar esconcidos. Y sabía como hacerlo. Solo necesitaba hacer una llamada.

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