Galopar

80 7 1
                                        

  Abrió la puerta de metal oxidado de un puertazo! Y comenzó a subir las escaleras como si no hubiese mañana, no se veía nada, solo se percibía el oscuro intenso que cegaba y dejaba en chance fallido cualquier intento de percibir un objeto, todo se encubria en las sábanas oscuras de negro nocturno. 



Mientras subía se sentía como si galopeaba, es que las pisadas eran tan fuertes que el símil más acertado sería el de un caballo ganador a punto de cruzar la meta. 



Unos decían que corría porque huía de alguna presencia maligna, otros que corría de sus propios errores, pero de algo estoy seguro es que lo último que quería es ser alcanzado por lo que fuese de que estuviese huyendo!


Lo chocante era qué mientras más corría más cerca se sentía "el eso" , mientras más fuertes eran las pisadas más intensa era la presencia. 



Esa noche las escaleras parecían eternas, escalones pasaban y escalones subía sin que llegara el bendito y último escalón, ese escalón qué indicaría la cima y llegada a casa, parecía que primero iba a ser presa de su casador antes de llegar a la cima. 



Cuando por fin vislumbró el último escalón sintió que ya era demasiado tarde, si pisaba un escalón más seria atrapado por las sombras, así que hizo lo que no se debía hacer, se detuvo, pero así como él se detuvo también se detuvo "el eso"



Lentamente comenzó a girar su cuello hacia atrás, como víctima ya resignada a su fatídico final; es impactado en seco por una voz chillona qué le dice "manito por fin te alcancé", le dice el menor de sus hermanos con cara de inocente y sin darse cuenta que acababa de pegarle el susto de su vida.


Esa noche el pamper lo usó otro. 

Microrrelatos no tan micros.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora