Capítulo 4

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Al día siguiente, como era de esperarse, intentó disimular que nada había sucedido en la noche anterior. Que al llegar a su habitación, lloró toda la noche hasta quedarse dormida.

Y eso le había hecho sentir un poco mejor, ya que en su estadía en la casa de sus padres, eso era inaceptable. O eso era lo que pensaba ya que cada vez que la veían llorar, luego de que le hayan dicho o hecho algo cruel, la regañaban y a veces hasta golpeaban, haciéndole creer que hasta algo tan normal como llorar era algo que no estaba permitido para ella.

Emociones tan básicas como la felicidad, furia... tristeza, eran cosas que no le permitían expresar.

¿Por qué?

Pues para ellos eran estupideces.

Sí, que eran cosas innecesarias, cosas que hacías por motivos "absurdos".

Siendo ellos, sí, libres de expresar aquellos sentimientos.

Que en su mayoría se desahogaban con ella.

Era algo raro... Se sentía como si fueras la única persona responsable o capaz de la casa pero al mismo tiempo la más inútil y patética.

Sentimientos de desprecio, odio y resentimiento era lo que sentía... Hacia ellos y hacia si misma.

Frases hirientes que por alguna razón siempre conseguían llegar a lo más profundo de si.

Afectando la poca autoestima que había, a veces haciéndole desear morir a que seguir escuchándolos decir todas aquellas cosas. Sin siquiera poder decir nada.

Luego, despertándose a las una de la mañana para consolar a su madre, la cual solía ser quien más le hería verbalmente. Desprendía el asqueroso olor a alcohol que siempre odió, mientras que no paraba de llorar.

Horas y horas escuchándola contarle siempre las mismas cosas que le había contado una y otra vez, pero que al final, terminaba culpándole de todos sus problemas. Claro, era lo mejor que sabía hacer.

Y como siempre, despertando sin recordar nada, tratándole con indiferencia y en algunos casos con agresividad con la que ya estaba acostumbrada.

Mientras su padre, vagando por las calles, regresando después de tres o cinco días, también, arrastrado de borracho.

Y así, repitiéndose esa escena, siempre que consumían alcohol.

Siempre iniciándose una pelea entre ambos que a veces duraban semanas, metiéndola, como era de costumbre, en sus peleas.

—¿Yui? ¿Estás bien? —Uraraka, curiosa y preocupada, se acercó a su mesa mirándole directamente a el rostro, logrando que se sientas incómoda, girando su rostro a otro lado.

De seguro sus ojos aún seguían un poco rojos.

—Claro que estoy bien, Uraraka. —Volvió a mirarla, pero esta vez, intentando formar una sonrisa que nunca supo hacer.

—¡Eso no es cierto!

Y como era de esperarse, no logró engañarla con esa sonrisa actuada.

A veces, desearía ser como su madre en ese aspecto.

Nunca entendió como podía formar aquellas radiantes sonrisas a aquellas personas que odiaba, claro, ya que al terminar de hablar, contaba todo lo malo de ellos.

Y cuando estaba llorando o estaba furiosa, de un momento a otro podía formar una sonrisa en sus labios, como si nada hubiera pasado.

Uraraka no le caía mal, claro que no. Sin embargo, si quería aparentar como si nada hubiera sucedido.

Absolute. [TodorokiXOc]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora