Capítulo 14

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El sonido de los vidrios haciéndose añicos contra una superficie sólida, lograron hacerle sobresaltar una vez más en esa noche, de las tantas veces que lo había hecho. Podía oír a sus dos padres gritar en alguna parte de la habitación y ya escuchar sus voces le provocaba náuseas.

Había estado en esa situación desde la mañana y en su pequeña cabeza se cuestionó cómo es que pueden tener tantas energías para seguir peleando hasta que la noche llegó a su turno.

Se alteró más de la cuenta al sentir como unas retumbantes pisadas se acercaban a su cuarto y rápidamente, quiso ir a su puerta para asegurarla con llave, mas para su mala suerte, ellos fueron más rápidos.

—¡Ya deja de negarlo! —exclamó la mujer entrando a la habitación de la menor— ¡Tienes una amante!

El hombre, seguido de ella ingresó a el cuarto poniendo sus ojos en blanco antes de levantar su voz con irritación.

—¡Ya te dije que estás loca!

Ambos se instalaron ahí y no supo porqué. ¿Qué necesidad había? Sin embargo, no le quedó más opción que ponerse en una esquina de su pequeña cama, intentando no oír el griterío de los dos adultos.

El pleito iba subiendo de tono a medida que pasaban los segundos, era como si esta fuera la mejor parte para ellos. Pues poco a poco comenzaron los empujones que llevaron a los forcejeos.

Estaba asustada y no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lágrimas cuando comenzaron los primeros golpes. Estaba temblando.

—Lo… Lo siento, perdón —murmuró a lo bajo mientras lentamente se bajaba de la cama—, estoy llorando… —dijo entre sollozos hasta que cuando sus pequeñas piernas tocaron el piso, avanzó hasta sus padres alzando sus brazos hasta ellos— Mamá, Papá… Dejen de pelear, por favor…

Un codazo impactó en su rostro, el cual no supo de dónde vino pero aquello fue suficiente para tumbarla en medio de la habitación. El dolor se expandió por todo su rostro y el aire faltó en sus pulmones por breves segundos.

Esperó, aunque sea un mínimo de atención por parte de los contrarios por lo que permaneció ahí, tirada, esperando. Pero nada.

No pasó nada.

Y a medida que nada pasaba, más gotas cálidas recorrían sus mejillas son dolor. No tuvo otro remedio que intentar levantarse por su cuenta, totalmente fuera de sí. Se sentó en el suelo mirando sus piernas, aún estaba mareada como para poder reaccionar. No había otra explicación, pues cuando vió unas gotas de sangre caer desde su nariz manchando su ropa, no hizo nada más que sonreír con tristeza.

El rojo era un bonito color.

Parpadeó varias veces hasta que cayó en cuenta de que todo había sido producto de su mente y se alivió de inmediato

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Parpadeó varias veces hasta que cayó en cuenta de que todo había sido producto de su mente y se alivió de inmediato. Por un instante pensó que había vuelto a esas épocas tan oscuras en donde no podía defenderse, aunque incluso ahora, tampoco era capaz de hacerlo.

Suspiró con profundidad mientras sus ojos recorrían el salón de clase y divisaba que su maestro Aizawa seguía dando explicaciones sobre un tema del cual no había estado prestando atención, todos estaban al pendiente, menos ella. O eso pensó.

Cuando llegó a un punto, notó sus ojos gélidos posarse en ella y puedo volcar su estabilidad en un solo segundo. Giró su rostro para evitar el contacto visual, pero ya había entrado en nervios pues su corazón no paraba de bombear con rapidez y su cuerpo se estremeció. Aunque ya esas reacciones no eran por el simple hecho de que estaba enamorada de él, sino que Todoroki conocía cosas de ella que hubiera preferido enterrar por siempre.

Es cierto que el chico parecía confiable a primera vista, pero en el fondo no estaba segura de que su secreto esté a salvo con él. No lo conocía en casi nada más allá de aquella vez que escuchó sin querer la historia de su niñez. Fuera de eso, no sabía y no podía dejar que sus sentimientos nublen del todo su juicio.

Un sonido de un libro cerrándose con fuerza, hizo que mirara al frente con rapidez topándose ahí con los ojos perezosos de su maestro. Todos hacían lo mismo.

—La clase terminó, pueden retirarse —informó colocando sus materiales en su respectivo escritorio.

Sin mucho escándalo, los alumnos comenzaron a guardar sus materiales mientras conversaban entre ellos de forma animada. Nadie parecía estar preocupado por nada y eso a ella le causó una gran envidia. Por un momento, se preguntó por qué le había tocado esta vida. Quizás, en la anterior, había cometido un acto lo suficientemente malo como para que en esta, estuviera pagando sus pecados.

Mas pensar en eso solo la decaía más, llegando a la conclusión de que pensar de esa manera tampoco le servía de mucho. Por este día, no quería pensar más en ese tema. Estaba muy cansada, después de todo, la noche anterior no pudo dormir casi nada. ¿Quién podría? Le reveló su secreto más grande a un compañero, el chico que amaba.

Cuando logró guardar todas sus cosas, puesto que había tardado lo suficiente como para quedar casi sola en la clase, avanzó hacia la puerta para retirarse. En sus planes, estaba darse una buena ducha y lanzarse a dormir hasta el día siguiente, pero al parecer, no se cumpliría tan fácil.

Justo antes de cruzar el marco de la puerta, notó que alguien más se encontraba en el lugar y en el fondo, era una de las personas con las que menos quería hablar en estos momentos.

Todoroki, al darse cuenta que la joven por fin abandonó el aula, decidió acercarse a ella. Nuevamente se tomó la molestia de analizarla y estaba justo como la había imaginado. Blanca como una hoja e incluso parecía encogerse cada vez más a medida que se acercaba. Amaba eso, amaba verla frágil. Como si quisiera huir del miedo pero que simplemente no pudiera.

Sin embargo, antes de que llegar del todo a ella, Aizawa apareció por detrás de ella tocando su hombro. Eso hizo que frenara y observara desde su posición.

Yui pareció asustarse y con razón, estaba en medio de una crisis de ansiedad al ver que Todoroki se acercaba a ella sin saber cuales eran sus intenciones, pero su agitación aumentó cuando el maestro le pidió hablar a solas en la sala de profesores. Quizás estaba siendo paranoica, pero no podía evitarlo. Había cometido demasiados errores que ahora le pusieron en este estado.

—Todoroki, ve a los dormitorios —ordenó Aizawa, aún sosteniendo el hombro de la menor con su mano—. Tú vendrás conmigo —dijo refiriéndose a la joven.

A ambos no les quedó de otra que acatar la orden del mayor y Yui siguió su camino junto a él hasta la antes nombrada sala. Ahí, junto con el antes héroe número uno All Might, los tres se sentaron en unas sillas, siendo Yui quien enfrente a ambos.

—Señorita Takahashi, necesitamos hablar con usted con un tema relacionado a su familia.

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Absolute. [TodorokiXOc]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora