ESTA ES LA SEPTIMA ENTREGA DE LA SAGA (Se recomienda haber leido las anteriores)
Niaj Bukchaman decide tomarse un descanso de su familia y no es porque no los aprecio, pero tanto amor y tanto niño, empiezan a agobiarle. Se marcha a visitar a su tío...
Un profundo silencio se extendía en la oscuridad de la cueva, solo roto por el crepitar del fuego que la calentaba. Tumbada junto a él, con su cálido cuerpo al suyo, dormitaba, en plena tranquilidad. Hasta que su nombre recorrió el silencio de la noche y ella acudió a su llamada.
Se incorporo y miro el fuego, las llamas moviéndose ante ella.
El tiempo se ralentizo, el rojo de las llamas fueron tornándose marrón, hasta que el suelo apareció ante sus ojos, miro a su alrededor, el bosque. Estaba sentada en un tronco, rodeada de los arboles.
Miles de sensaciones la envergaron, odio, venganza, tristeza, dolor. Y entonces las imágenes llegaron a su cabeza, como otra visión.
La mano se poso en su hombro y respiro bruscamente, volviendo al fuego que había ante ella.
-¿Estas bien? -Niaj deslizo su mano desde el hombro, por el brazo de ella -Sienna -se arrastro sobre la manta, pegando el pecho a la espalda de ella. -¿Que ocurre?
-Nada - cerro los ojos, los abrió, giro el rostro y lo miro -Mañana saldremos de este lugar.
-¿Y? -el alzo la mano, acariciando la mejilla de ella, frunció el ceño -Yo iré donde tu vayas.
Ella le miro a los ojos, durante unos segundos y finalmente se inclino hacia él y beso sus labios, mientras sus manos se aluzaban, recorriendo su pecho hasta abrazarse a su cuello.
Entre besos y caricias, se tumbaron sobre la manta y en la oscuridad y silencio de la cueva, rodeados por el bosque, se entregaron el uno al otro, conscientes de que todo cambiaria pronto. Aunque Niaj Bukchaman no podía imaginar hasta que punto.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Sienna se movió en silencio, escondida tras los arboles. Niaj la siguió, mirando a su alrededor con precaución. Ella se paro tras un árbol, entrecerrando los ojos, mirando al frente, su mano se deslizo por su pierna, alzando el vestido, saco la daga y la lanzo.
El arma se movió con rapidez y sigilo, y se clavo la espalda de uno de los guerreros, que cayó al suelo.