Cinco

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Habían pasado dos largas semanas, semanas donde Laurel recibió miradas de la gente, semanas donde Laurel logró escribir más, semanas donde Laurel no recibió noticias de Nathan, semanas donde recibió las miradas tristes de Patrick. Laurel siguió con sus clases, llegando tarde, pero intentaba ir. Ya no tenía ganas de nada, lo único que podía calmarla era escribir, pero poco a poco perdía el interés en aquello.
Nathan, el chico de ojos azules por el que había dejado absolutamente todo, había desaparecido totalmente del radar de Laurel, este no respondia sus llamadas, ni sus mensajes,
Las amigas de Laurel, Laura y Lucia, se encontraban muy preocupadas, así que intentaban animarla a diario, no la dejaban quedarse en casa, la llevaban al cine, a alimentar perritos callejeros, a caminar por el bosque, a nadar, a comer pizza.
Laurel luego de las vacaciones seguía yendo a clases, pero su rendimiento escolar iba bajando, sus notas seguían siendo altas, pero estaban más bajo de su nivel.
Pasó un mes, un mes en el que la alma de Laur se apago. Aunque no sería por mucho, aun no recibía noticias de Nathaniel, el chico de los ojos más azules del mundo, aquel que la había enamorado totalmente.

|Whatsapp|
Nathan
Volveré la próxima semana.

Laurel sentía un vacio tremendo, eran exactamente las seis de la madrugada, aún no amanecía y se escuchaba el sonar de los relojes. Tic-tac. Era lo único que lograba pensar con claridad la chica de ojos verdes
Se preguntaba cómo llego a eso, ¿realmente en esto se estaba convirtiendo?
Cuando el reloj dio las siete, decidió ir a bañarse, dejó que el agua corriera por su cuerpo y borrara sus lagrimas. Dejó que las gotas de agua cayeran una por una de manera rápida por su espalda, pensando una y otra vez en los momentos que compartió con Nathan, y a su vez, Patrick. Se abrazó a si misma y araño con todas sus fuerzas su espalda, comenzando a enloquecer y comenzando a golpearse las piernas una y otra vez hasta caer. Soltó un quejido y no respiro, hasta que su arañada espalda le comenzó a arder por el agua caliente. Se vistió y secó su cabello. Ya lista, vio que poco a poco comenzaba a amanecer, por lo que fue a hacerse el desayuno. Escogió el tazón más grande y puso cuatro cucharadas de café, las revolvió con el agua hirviendo ya puesta y agregó un poco de agua helada. Tomo el tazón y fue a buscar a su perro recientemente adoptado para darle de comer.

Laurel se preguntaba porqué los animales son tan felices, mientras veía como la cola de su cachorro se movía una y otra vez de un lado hacia el otro. Este perrito, llamado Guardián, saltaba repetidas veces intentando conseguir cariño de su dueña, que sin duda en este momento estaba completamente rota. Guardián lamia cada parte de su mano y eso hizo que dudara sobre si los animales, o mas bien los perros, podían distinguir las emociones.

-Ya estas levantada -Dijo Julia, la madre de Laurel, a través de su ventana que daba con el patio donde estaba Laurel y Guardián.

Por si no lo había mencionado antes, Julia era la responsable de que Laurel tuviera los ojos verdes más hermosos. Los ojos de la mujer mayor, estaban ligeramente abiertos, tenía unas grandes ojeras. Su cuerpo era delgado, cada hueso destacaba.
Guardián, que era tan solo un pequeño cachorro, corría de un lado a otro intentando captar la atención de su dueña.

-Desperté temprano.

-Y a la escuela siempre llegas tarde -Dijo su madre con un poco de ironía

-Probablemente porque odio la escuela

Su madre ahogo una carcajada -Entra, aun tienes el cabello húmedo, te puedes enfermar.

-Solo voy a darle de comer a Guardián

Su madre no dijo nada, pero se entendió que no había problema alguno cuando cerro la ventana y volvió a la cama, no sin antes aquellas pildoras que Laurel nunca preguntaria que eran.
Mientras tanto la chica de ojos esmeraldas hizo lo que debía y luego de varios intentos logró salir del patio trasero, porque el pequeño cachorro solo quería jugar, y está vez su dueña estaba demasiado rota para aquello.
No sabía en que se convertía, pero no quería serlo. Así que hizo lo que nadie hace, busco ayuda; aunque no fue suficiente, solo su propia verdad la liberaría de ese peso, el problema es que ni ella sabía la verdad.

Nathan estaba a punto de volverse parte de la vida de aquella chica de ojos esmeraldas. A Laur le asustaba la idea de estar con Nathan, estaba perpleja con esos ojos azules, cada que le miraba oía a lo lejos el sonido de las olas chocando con las rocas, podía oler la brisa y podía sentir sus labios salados, muchas veces sentía que el agua rodeaba sus piernas... pero el mar siempre le ganaba, la arrastraba a lo más profundo, donde todo es desconocido y la única opción que tienes mientras las olas te mueven de un lado a otro es morir. Mientras que aquel chico sentía en ella paz, podía sentir las ramas de los arboles sonando por el viento, podía sentir el pasto más verde bajo sus pies y sentir el olor del árbol más grande.
Pero Laurel se decía que estaba enamorada, porque el amor aterra.

Luego en su habitación volvió a su baño privado y seco su cabello con delicadeza. Cuando este ya estaba seco, puso algunos productos para cuidarlo del calor y entonces lo aliso. Luego coloco otros productos para cuidarlo de la contaminación. Tomo una toallita humeda y desinfecto su rostro, se maquillo las ojeras inmensas que tenia, se hizo su habitual delineado y un balsamo labial para sanar sus labios que estaban partidos y secos por el frio.

Una vez finalizado todo, se miro en el espejo y despues de mucho tiempo se sintio bien, quizás porque había expresado todo el dolor de su vida en aquellos dos meses, o tal vez porque ahora tenia noticias de Nathan, o quizás porque su dolor había hecho que su proximo libro tuviese emociones puras y reales del dolor causado por el amor y el saber que tras el dolor habría exito le calmaba.

Lxurel.Armstrxng
Esta bien, avisame cuando lleges...
Para ir a verte

Sonrio y salio del baño, para llamar a sus amigas.

-Tengo algo que contarles...

Cielos grisesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora