Caminar por aquellas calles de nuevo era interesante, el aroma a tierra húmeda aún se podía sentir, había olvidado que tan bien se sentía ese aroma inundar sus pulmones, hacía años que no estaba dónde sus padres vivían, necesitaba un descanso de todo y ver a su familia sería de gran ayuda, abrazarlos y hablarles de todo lo harían concentrarse de nuevo.
Se detuvo justo en medio de esa modesta morada, y tembló por unos segundos ¿estaba bien estar ahí? Ni siquiera lo sabía pero no había vuelta atrás, subió los pequeños escalones y tocó la puerta, era ridículo hacerlo puesto que era su hogar, pero hacía tanto que no estaba ahí que sentía que debía mantener las formalidades. Una mujer se apareció en la puerta, su cabello era ahora de un bello blanco, su cabello lo había cortado hasta rozar con sus hombros, su mirada a pesar de parecer cansada aun transmitía todo tipo de calidez, como si ningún año le hubiese pasado por encima.
– Mamá– dijo en un hilo de voz, esta sonrió con los ojos llenos de lágrimas, de verdad se extrañaban el uno al otro.
–Mi pequeño– su voz se quebró por un momento y se dejó llevar por sus impulsos, lo abrazó tan fuerte como pudo, hasta que lo oyó soltar un pequeño quejido, lo separó y le miró directamente a los ojos, ojos que estaban llenos de lágrimas.
–Lo lamento– pronunció– yo realmente lo siento, tu tenías la razón– gimoteó.
–Entra a casa Gyeommie, hablemos mi bebé– el asintió tratando de parar su llanto pero no cesaba de ninguna manera.
La mujer dejo a su pequeño hijo en la sala mientras colocaba un té para relajarle los nervios, se notaba tan devastado pero no era el momento para mirarle de esa manera, su hijo necesitaba de cuidados y atención y como buena madre ya se presentía de dónde venía todo el asunto, no lo iba a presionar y lanzarle un te lo dije, no sería humano regañarle cuando estaba quebrándose en pedacitos.
Se acercó con ambas tazas de té, y las colocó en la pequeña mesita de noche, su hijo estaba con la mirada gacha, jugaba temerosamente con sus dedos, como cuando tenía cinco años y sabía que iba a ser regañado por hacer una travesura, esa imagen se le apareció en la cabeza y sonrió melancólicamente, cuanto daría por tener de nuevo a su pequeño con esa inocente edad, donde soñar era más fácil, dónde amar y ver a realidad siempre sería mas sencillo.
–¿Quieres hablar? – pensó que el chico frente a sus ojos negaría como a esa edad, pero no, le sorprendió su acción que se movía de manera afirmativa, optó por tomar asiento a su lado y comenzó a sobar su espalda de manera circular, procurando que su hijo se relajase para hablar.
YuGyeom, a pesar de no estar cien por ciento listo, comenzó a hablar, trabándose en muchos pedazos y rompiéndose sin disimulo alguno, pero se incorporaba rápidamente para proseguir, porque quería que su madre lo supiera, que le regañara o algo por el estilo, pero necesitaba sacar todo su dolor, su dolor emocional porque aquellas heridas que estaban en su abdomen eran el recuerdo inminente de lo sucedido, muchas de estas ni siquiera habían cicatrizado correctamente pero necesitaba huir.
Mintió en el hospital, diciendo que lo transferirían a otro lugar, cuando lo primero que hizo al poner un pie fuera fue tomar un camión e ir de la manera menos escandalosa a casa, todo su traslado se basaba en ir por tierra y mar hacía su hogar, porque si tomaba un avión...él podría enterarse, buscarlo, y eso era lo que menos quería, ya no quería nada de la vida, sólo deseaba estar en brazos de su madre, justo como ahora, necesitaba el consuelo de ella, porque una madre siempre sería el consuelo, dónde nunca te criticaría y te apoyaría y a pesar de que eches a perder tu vida ella te recibiría con los brazos abiertos y lloraría contigo, porque a pesar de ser un desastre te aceptaría, a pesar de los errores cometidos no dejaría de brindarte una mano. YuGyeom sólo quería sentir el apoyo de ella, tal y como ahora.
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destino; pepigyeom
Fanfiction"no importa atadura, nudo o imprevisto, el hilo rojo que conecta a dos almas será lo suficientemente fuerte para desistir." JinYoung tiene la habiliadad de ver el hilo rojo del destino, pero nunca ha podido ver el suyo, pretendiendo que él no esta d...
