Ellos querían una hija perfecta.
La enviaron a una isla con los mejores maestros.
Planearon cada día de su vida durante dieciocho años.
Ahora está libre, y muchos quieren arrebatarle la libertad.
Pero ella no se los va a permitir.
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Cierro el libro que estaba leyendo, no puedo concentrarme. Pasado mañana será mi graduación. No cualquier graduación, este sábado culminará la educación y el entrenamiento riguroso que he tenido desde mi primer año de vida.
El estilo de vida que he llevado durante dieciocho años cambiará una vez que salga de esta isla. Ya no más clases de ningún deporte, ya no más idiomas para aprender, no me enseñarán a tocar ningún otro instrumento.
Dentro de una semana ya no podré levantarme para correr por una hora hasta el extremo de la isla y esperar el amanecer haciendo yoga. Cuando salga de esta isla que conozco como mi hogar no tendré mi enorme biblioteca ni mi propia piscina en la que puedo nadar en mi hora libre del día.
¡Qué aburrido será estar un día entero sin un maestro que me enseñe algo nuevo! No me imagino como será estar sin ser monitoreada.
Intento retomar el capítulo que estaba leyendo sin embargo leo dos párrafos y aún así no logro captar de que trata porque mi mente imagina como será el mundo allá afuera.
Tengo una hora al día en la que puedo leer un libro o ver una película y veinte minutos para hacer un resumen de las connotaciones y una reseña de estos. De todas las películas que he visto, todos los libros que he devorado y todas las letras de canciones que he analizado puedo tener una imagen de como funciona el mundo allá afuera. Es como saber qué es la nive y reconocer que es fría sin aún haberla visto o tocado.
Devuelvo el libro al estante donde pertenece y me encamino a mi habitación para ponerme un bañador y tomar una toalla. Me dirijo a la piscina cubriendo mi cabello con un gorro especial para que no se moje. Espero que nadar aclare mi mente y aleje las preocupaciones de sobre mi futuro.
Salto al agua de una manera elegante. La Señora Watson dijo una vez que podría practicar en las olimpiadas de natación. No solo ella, sino que todos mis maestros me dicen que puedo participar en múltiples olimpiadas y concursos y salir victoriosa de cada uno de ellos. Personalmente no me interesa mostrarle al mundo mis habilidades.
Una vez salga a mi país natal quisiera vivir como una persona normal, aunque todos sabemos que no lo soy.
Nado de un extremo a otro de la piscina repetidas veces. El agua a temperatura ambiente y el silencio me ayudan a calmar mis agitados pensamientos.
-Si no te conociera, diría que entrenas arduamente para una competencia de natación. Pero te conozco tanto que sé que algo te atormenta-escucho a Luke mencionar.
Me detengo a mitad de la piscina y veo que se acerca despreocupado con las manos en los bolsillos de su pantalón deportivo.
Luke es hijo de la Señora Watson, mi supervisora. Ellos se mudaron aquí cuando mi antigua supervisora falleció. Yo tenía ocho años. Desde entonces Luke se ha vuelto mi complemento y la persona más cercana a mí en esta isla.
-Tengo miedo -admito. La frase me sale en un hilo de voz que dudo que él pudo haberlo escuchado. La primera y única vez que dije eso fue cuando me estaban enseñando a pilotear un helicóptero y estaba a punto de estrellarnos. No es común en mí decir este tipo de cosas.
-¿Escuché mal o acaso Sue Thompson le tiene miedo a algo? Retiro lo dicho, no te conozco tan bien -se burla poniendo una mano sobre su pecho.
Nado hasta la orilla más cercana a él y apoyo mis brazos en el borde de la piscina. Él está más que emocionado por ir a Inglaterra y es injusto, el ha pasado la mitad de su vida fuera de esta isla y yo solo un año de la mía.
-¿Quieres que practiquemos boxeo? Hace mucho que no subo al cuadrilátero -lo reto viéndolo a los ojos. Lo conozco por una década y aún así el color esmeralda de estos me cautiva, aún más que contrasta con su color de piel trigueña. El odia perder y yo siempre le gano en boxeo.
-No, gracias -dice mientras se da la vuelta para irse.
¡Ja! ¿Quién tiene miedo ahora?
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