Ellos querían una hija perfecta.
La enviaron a una isla con los mejores maestros.
Planearon cada día de su vida durante dieciocho años.
Ahora está libre, y muchos quieren arrebatarle la libertad.
Pero ella no se los va a permitir.
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Barriga llena, corazón contento. Me termino la comida y limpio mi boca con una servilleta. Falta mucho para que sea de noche, entonces debo aprovechar estas horas antes de ir a mi casa.
Regreso al parque y preparo mi voz para cantar ópera. Empiezo y me acostumbro a ser el centro de atención nuevamente.
No calculo cuantos minutos o cuantas horas llevo cantando. Solo veo personas ir y venir depositando dinero en el plato.
Unos cuantos me graban y pienso que sería peligroso si suben los videos a internet y mis padres localicen donde estoy.
Termino con los últimos tonos de la octava canción y agradezco al público que queda. Todos me aplauden pero una mujer se acerca a mí. Es de mediana edad, tiene el cabello blanco y usa unos anteojos. Cuando está cerca noto que soy más alta que ella.
—¡Bravo! ¡Excelente! —aplaude.
—Gracias —. Me inclino como he visto a los cantantes de ópera hacer después de sus obras.
—Eres muy talentosa, jamás había escuchado a alguien llegar a esos tonos. ¿Dónde aprendiste a cantar así?
—Practico desde los cinco años.
—Y por lo que veo no solo cantas ópera —dice mientras saca su teléfono—. Un amigo mío pasó por aquí y te grabó bailando ballet —me muestra el video.
—Sí. Necesitaba dinero para comer y se me ocurrió bailar en medio del parque.
—¿Quisieras estudiar en mi Academia de Baile? —interpela al momento que me entrega un folleto.— Creo que ya lo sabes todo, pero te puedo hacer famosa. Es un milagro haberte encontrado.
—Se lo agradezco. Lo voy a considerar y la llamo cuando pueda —me excuso y me despido. Reconozco que no puedo confiar en cualquier trabajo que me ofrezcan. Primero prefiero investigar y luego tomaré una decisión. Ya tengo mala experiencia por confiar a ciegas en el negocio de mis padres.
No cuento el dinero en público porque es peligroso. Guardo lo que puedo en los bolsillos y el resto en los zapatos.
Supongo que el dinero es suficiente para comprar algo ropa y una mochila pequeña para guardar el dinero restante y la muda de ropa.
Camino por la ciudad hasta encontrarme con una tienda. Busco una ropa que me pueda resultar cómoda y una mochila pequeña. Entro al vestidor y me la pruebo. Aprovecho que estoy sola para contar el dinero.
No creí que ganaría semejante cantidad por unas cuantas horas bailando y otras cantando ópera. Si hago lo mismo todos los días puedo ganar lo suficiente para vivir bien.
Una hora después estoy vestida con unos pantalones negros y cómodos y una camiseta gris oscuro camino a los suburbios donde resido.
Tengo que tomar tres viajes en bus para poder llegar. No puedo creer que hubiera estado tan lejos de casa. Para cuando bajo en la estación de mi ciudad el reloj marca las cinco de la tarde.