Ellos querían una hija perfecta.
La enviaron a una isla con los mejores maestros.
Planearon cada día de su vida durante dieciocho años.
Ahora está libre, y muchos quieren arrebatarle la libertad.
Pero ella no se los va a permitir.
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Si no hubiera venido aquí hoy, estuviera en la cabina de un tren camino a Francia. Sin embargo estoy en una jaula de oro. Mi madre pidió que me encerraran en mi antigua recámara.
Todo está tal y como lo recuerdo. Me acerco a las puertas francesas que llevan al balcón. Estoy en un tercer piso, si salgo de aquí con ayuda de sábanas hay muchas probabilidades de caer y romperme el cuello.
Entro de nuevo y me siento sobre la cama. Debo pensar en como salir de aquí. Esto es un secuestro y será muy difícil escapar de una mansión con alta seguridad.
Es la primera vez que no se me ocurre algo relevante. Busco con la mirada el teléfono o el computador que estaban en este cuarto la última vez, mas no encuentro nada.
Paso mis dedos entre mi cabello y respiro profundo. Hasta la isla era mejor que una habitación. Necesito encontrar algo en este lugar que me pueda servir de ayuda.
Doy vueltas por la habitación, el armario y el baño. Busco en las gavetas, las cajas y los estantes. Busco y busco hasta rendirme dos horas después porque no encuentro nada.
Termino exhausta y me tiro a la cama para recuperar energías. El sueño me invade y olvido el paso del tiempo.
Para cuando despierto, el cielo está oscuro y hay un plato de comida en la mesa de noche. Saltarme una comida no es una opción, de todas formas tengo hambre.
Al terminar la comida espero a que vengan por el plato. Los minutos pasan y nadie se asoma por la puerta, la cual comprobé y está cerrada.
Hago un poco de yoga en la noche y me siento a meditar en lo que está pasando. ¿Qué pasará con Luke? Mi madre confirmó que lo tienen y si me encerró aquí pudo haber hecho lo mismo con él. Puede que lo esté usando como rehén para obligarme a hacer algo.
No veo a nadie esa noche y tampoco en las primeras horas de la mañana. El reloj marcaba las nueve cuando estaba en el balón viendo hacia afuera. A esa hora escucho la puerta abrirse y entra uno de los hombres altos. Busca el plato de ayer y deposita el que tiene el desayuno en su lugar.
Podría golpearlo antes de que salga, o podría roper el plato para cortarle el cuello. De hecho puedo hacer muchas cosas para escapar, pero aún no sé donde está Luke y no lo puedo dejar a merced de los monstruos que se hacen llamar mis padres.
Dentro de exactamente dos horas el mismo hombre entra a repetir la acción de esta mañana pero con el almuerzo.
-Hola -intento entablar conversación, sin embargo el se hace el sordo y se va.
Durante la tarde intento distraerme de varias formas. Hago aeróbicos, dibujo lo que veo, contemplo el patio desde el balcón y hago origamis.
El día resulta más largo que el resto. Espero a que el hombre de la comida regrese. Cuando entra hace lo mismo de antes y yo intento hablarle. Él me ignora y se va.
El día que sigue es igual. El siguiente también; el otro, el que sigue y los siguientes diez.
El hombre cambia los platos cada seis horas, a excepción de la noche. Cada vez le hago preguntas nuevas o le digo algún chiste o alguna adivinanza. Unas cuantas veces lo atrapé con una sonrisa u ocultando una que otra carcajada.
Intento ganarme la confianza del hombre para que sienta empatía hacia mí. Debo tener paciencia o sino me volveré loca encerrada en estas cuatro paredes.
Puedo llegar a convencerlo de que me diga donde está Luke o de que haga que mi mamá me llame.
Lanzo un avión de papel al patio todos los días con un mensaje en código para Luke. Escribo que prometo sacarlo de donde está y que todo va a estar bien.
Hace mucho creamos un alfabeto con letras, números y símbolos para comunicarnos sin que ningún maestro nos descubra. Agradezco haber tenido su compañía en esa isla, hubiera terminado loca si no lo hubiese conocido.
Ahora, en vez e decirle algún chiste al hombre que trae la comida, le pido que traiga a mi madre porque le tengo que decir algo.
Los primeros tres días nada cambia, pero el uarto, a la hora de desayuno alguien más entra por la puerta.
-Mi querida madre -la saludo irónicamente.
-¿Por qué quieres hablar conmigo? -interroga sin rodeos.
-Quiero ver a Luke.
-¿A cambio de qué? -inquiere. ¿Es que para esta mujer todo es un negocio?
-A cambio de mi silencio -miento.
-Como que no te creo. Tu no eres alguien que puede guardar un secreto por mucho tiempo. ¿Recuerdas que hacíamos pruebas para descubrir qué tan honesta eres?
-Sí, soy honesta. Pero en algo me parezco a ti; cuando quiero algo hago lo que sea por conseguirlo -admito y tomo el plato vacío que reposa en la mesita de noche.
Lo lanzo con ira hacia el suelo y este se rompe esparciendo pedazos de vidrio por todo el piso. Mi madre chilla de la sorpresa. Tomo un pedazo grande con el borde afilado y agarro a mi madre para luego colocar el arma improvisada en su cuello.
Los guardaespaldas entran inmediatamente al escuchar los vidrios y a mi madre. Alzan sus armas pero yo los amenazo con la mirada.
-¿Dónde está Luke? -inquiero por segunda vez en el día -¡Quiero que me lleven con él, ahora! -demando con voz fuerte para que mi mamá confirme mi orden a sus guardaespaldas.
Siento como el movimiento de su garganta conforme traga saliva a través de el vidrio. Puedo sentir su miedo. Ella sabe de lo que soy capaz porque ella misma mandó a que se me enseñara lo que sé.
Sus guardaespaldas le quitan el seguro a sus armas y el sonido resuena por la habitación.
-Bajen sus armas -manda ella-. Llevémosla con su noviecito.
Espero a que los hombres salgan primero y los sigo con mi madre estando constantemente amenazada por el pedazo de plato. No puedo permitir que aluien vaya a mi espalda con el riesgo de que todo se arruine.
Caminamos por el largo pasillo con puertas a ambos lados hasta llegar al otro extremo. Ellos abren la puerta y me hacen señal de que entre. No confío en ellos y les pido que le pidan a Luke que salga.
Ojalá podamos escapar -ruego mentalmente en la espera de que él salga.
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