Capítulo 16

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Se alisó el pantalón y miró su reloj en el celular, había esperado como idiota en la esquina de aquella calle por unos minutos, para que no se notara su amor por la puntualidad. Tocó el timbre, seguro de que era la dirección correcta, porque se alcanzaba a escuchar una guitarra resonando.

Escuchó un motor y la puerta corrediza de la cochera se fue abriendo un poco, apenas un metro del suelo.

-¡Kyle, pasa! –escuchó y cruzó pisando el pasto hacia ese lugar. Se agachó para pasar y apenas lo hizo la puerta volvió a cerrarse.

No esperaba algo así. Eran tan normales. Aunque olía extraño el lugar pero no le importó mucho.

Estaba un chico de playera holgada tirado en el suelo, puliendo partes de una patineta. Otro chico estaba sentado en un sofá viejo de tela marrón, sus pies colgaban porque era bastante alto gracias a que estaba bajo unos tablones de madera hinchada y carcomida. Veía su teléfono con audífonos. Le recordó a Eric unos segundos pero este tipo era delgado y parecía que los tenía por mero capricho, demonios, si estaba escuchando música ¿por qué no movía la boca o la cabeza o los pies o... algo? Eric disfrutaba la música con todo su cuerpo.

-Basta. –se golpeó las mejillas.

-¡Hey, chicos! –habló Harvey mientras golpeaba la puerta de madera al fondo. Los dos tipos le miraron. –Ya lo conocían pero... él es Kyle.

-¿Ya me conocían?

-Seguro... el cerebrito del que habla tanto el profesor Conni... -le dijo el de audífonos, se tuvo que quitar el gorro de su sudadera cuando puso sus manos para retirar los auriculares.

-¿Conni?

-Connor. Algebra avanzada. –Harvey era su guía por el momento.

-Ah, Conni...

-¿Sabes por qué le decimos así? –ahora habló el que aún seguía metido en su trabajo en el suelo, unas tuercas rodaron de sus manos pero las atrapó en seguida. Subió la cara y Kyle pudo ver las ojeras y los labios resecos, pero tenía una mirada intensa, sus cejas eran gruesas y apuntaban hacia sus ojos, como si dijeran "pon atención aquí". Le sonrió con sorna, con burla. Kyle conocía esa sonrisa, no era idiota. Negó, si bien no con seriedad, sí lo hizo de manera directa. –Que niño tan aburrido.

-No te metas con él, tiene bastante fuerza. –Harvey se burló entrando a la vivienda y dejándolo sólo con esos dos.

-¿Te gusta "vómito tóxico"? –le llamó el del sofá mientras movía su celular.

-¿Perdón?

-Veo que no. –se adelantó pero igual reprodujo la canción y de pronto se escuchó en sus bocinas enormes pegadas a una pared y que fungían también de porta vasos temporal. Era música ácida, ruidosa y tardó unos minutos antes de que iniciara un vocalista a cantar, vaya voz, terrible. Sin contrapuntos, solos de guitarra sin sentido aparente más que el de hacer mover la cabeza de esos dos chicos que estaban metidos en sus tareas mientras disfrutaban el ruido. Ruido, así lo calificó Kyle.

-Agridulce ¿quieres caerle mal en seguida? –le regañó Harvey apenas llegó bajando el volumen. –Que te conozca de verdad, es buen chico, en serio. –sus palabras eran amables pero confundían al judío que no sabía ni qué mierdas hacía ahí. Había olvidado lo difícil que era encajar. –Kyle, ¿cerveza?

-Tengo trece.

-¿Es un... sí?

-Es un no, rotundo. –los miró reírse.

-Es todo un niño como dijiste. –el del suelo dejó su trabajo recibiendo la botella.

-¿Sus padres les dejan beber cerveza? –los miró con horror pero sintió la mano de Harvey rodearle el hombro derecho. –Perdón. Cada quien... -dijo tratando de no meterse en problemas.

Como cuando vas creciendo y el "yo nunca" se convierte en un "¡Joder!"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora