Se le notaba la pereza desde el primer bostezo, pero Kyle tardó más aun en su andar hacia la parada del autobús, contando tres bostezos más. Llevaba su chamarra atada en su cintura mientras su camisa rayada blanca con azul aqua por fin mostraba sus antebrazos ya libres de la cicatriz espantosa de aquella inyección obligada que le recordaba sus peores errores hasta ahora. Se cambió sus botas por unos tenis deportivos y llevaba una mochila con suficientes dulces y comida para satisfacer la ansiedad alimenticia de la que era víctima el gordo que le esperaba con mala cara recargado en el poste que daba señal de parada oficial.
Lo vio revisar la hora sin percatarse de que estaba a un cruce de calle de su cita. Kyle sonrió agradecido al cielo de que esto estuviera sucediendo. Antes de cruzar por fin la calle, aprovechando que andaba distraído en su celular con audífonos, se permitió repasar su imagen. Eric también había cambiado un poco su moda habitual, considerando el día soleado que se preveía. Llevaba unas zapatillas que mostraban sus dedos blancos y mofletudos, la camisa rosada combinaba perfectamente con sus gafas de sol (a pesar de la temprana hora para usarlas) que portaba en su rostro de expresión claramente molesta. Una gorra cubriendo su cabello fue el último toque, era azul pastel con varias nubecitas esponjosas en toda la tela.
Cruzó por fin la calle cuando lo vio acomodarse su gorra por tercera ocasión.
-Vaya, pensé que sería yo quien te tendría que esperar. –dijo como saludo colocándose a su lado.
-¡Llegas tardísimo! –le reclamó el otro abandonando su música con cierto descontento.
Kyle revisó su hora en su propio teléfono.
-Son las ocho con tres minutos. –le aclaró.
-¡Dijiste que a las ocho!
-Exagerado. –le restó importancia y miró hacia la carretera, tal como había revisado los horarios, el autobús ya estaba llegando, se podía ver allá a lo lejos, deformado por la distancia. Hinchó el pecho en puro oxígeno tomado con ansiosa fascinación por su día con Cartman.
-... ¿Y? ¿Dónde vamos a comer?
-Te dije que iríamos al acuario. –le explicó paciente mirándolo de nuevo. –Eric... -le llamó al ver sus gafas, al verse reflejado en los cristales oscuros de armazón rojo chillante.
-¿Qué? –su tono tranquilo sacó una sonrisa nerviosa al pelirrojo. -¿Qué? –preguntó de nuevo al verlo mudo del todo.
-... Nada. –se rindió, que usara lo que le plazca, pensó; Eric se veía bien con lo que sea, incluso así, exageradamente mal combinado, pero igual de lindo. Lo maldijo en secreto mientras escondía el rostro para que no viera su sonrisa enamorada.
-Eres tan putamente raro... -le explicó mientras hurgaba en su bolsillo del pantalón beige. –Afortunadamente tengo mi protección contra judíos por si te quieres pasar de la raya.
-¿Ah? –el autobús ya se acercaba pero igual se giró a ver de qué hablaba. -¡Culón! –le quiso arrebatar la hebilla de cinturón que mostraba una reluciente cruz esvástica nazi. -¡Guarda eso!
-¡Quieto! –dio un saltito abriendo el compás de sus piernas para estar más firme en el suelo. -¡Te tengo! –le acercó la cruz amenazante, divirtiéndose de la expresión de irritación del judío. –Sabía que funcionaría. –soltó para subir por fin al autobús escondiendo su arma mortal, seguido del pelirrojo farfullando. –Él paga. –le dijo al conductor y sin remordimiento corrió a buscar un lugar pegado a la ventana.
Segundos después, Kyle se le unió a su lado, sosteniendo la mochila en su regazo. –No hace falta que pague yo todo ¿eh? –se quejó con el ceño fruncido, el castaño no dejó de ver la ventana mientras tomaban camino.
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Como cuando vas creciendo y el "yo nunca" se convierte en un "¡Joder!"
Hayran KurguEl término adolescencia puede interpretarse de distintas formas pero una que le gusta resaltar a Stan es el de "dolencia", una etapa en la que la persona sufre, le duele vivir. A Kyle no le gustaba esta interpretación pero comenzaba, poco a poco,a a...
