Capitulo XVII

1.9K 192 1
                                        

- Alois... Yo no te amo, me engañaste, jugaste conmigo durante dos años y esperas que solo lo olvidé y vuelva contigo, cuando ibas y le abrías las piernas a Michaelis, jamás te perdonaré Alois, jamás - las lágrimas salieron de los ojos del rubio, al escuchar las crueles palabras de su amado, pero él tenía razón, quien se equivocó fue él y solo el, no solo perdió a Astre, también a Sebastián y todo por sus errores, ahora ya no había nada que hacer, el azulino nunca lo iba a perdonar por ello.

- Lo siento...lo siento...lo siento - susurraba entre lágrimas, causando que el menor se sintiera culpable.

- Yo también lamento haberte gritado, lo siento Alois no podemos volver a estar juntos, tal vez solo pueda ser tu amigo - el rubio corrió y se refugió entre los brazos del otro, aquellos que antes lo recibían con tanto amor y donde siempre se sentía a gusto; ahora, aunque seguían siendo cálidos, algo faltaba.

- Prometo que te compensare, prometo cambiar Astre, por el amor que te tengo, me convertiré en tu mejor amigo, en tu apoyo - susurraba con la voz entrecortada a causa del incesante llanto, Astre se permitió abrazarlo por última vez con el amor, que aún latía en su corazón para lograr continuar con su camino y permitir a Alois iniciar de nuevo, porque si ellos continuaban juntos, nunca olvidarían los errores que cometieron y serían infelices, está era la oportunidad para ser felices de nuevo.

Estuvieron un buen tiempo abrazados, sin darse cuenta la primera clase ya se había acabado; por otro lado, un azulino ya había ingresado a clase, se había presentado y ya tenía compañeros que le agradaban, pero estaba preocupado por su hermano, cuando el director le pregunto dónde estaba, solo pudo decir que había ido al baño, ya que estaba enfermo, esperaba que apareciera pronto o llamarían a su nuevo padre.

Padre, esa palabra en su boca sonaba tan lejana, aunque la dijera y se sintiera avergonzado; por alguna razón, no podía tampoco perdonar a ese hombre, por permitir que su madre lo criará, aun así trataba de continuar, aunque no se puede echar tierra al pasado, debía aprender a convivir con él, porque gracias a él, era lo que es ahora, un chico sano y capaz de realizar cualquier cosa que se proponga, alguien débil pero que logro hacerse fuerte al atravesar las adversidades, por ello le daría una oportunidad a ese hombre de compensar el tiempo perdido, de ser el padre que nunca fue y lo mismo iba dirigido a su nueva familia, por que todos nos equivocamos alguna vez y solo necesitamos una segunda oportunidad para corregir los errores que cometimos, sin importar el motivo.

Ciel estaba inmerso en sus pensamientos, que no se fijó de la entrada tranquila de su hermano, quién rápidamente se sentó a su lado, evitando las miradas de curiosidad, decidido movió a Ciel, para contarle lo sucedido con Alois.

- Ciel - susurro esperando que el otro lo escuchará, pero aún seguía en sus pensamientos, así que lo movió un poco más fuerte - Ciel - volvió a decir, pero esta vez consiguiendo la atención del otro, que de inmediato le pellizco los cachetes causándole dolor - ¡Auch Ciel! -

- Ciel nada, ¿Dónde estabas?, sabes que tuve que mentir para que no te regañaran, desde cuándo te has vuelto tan rebelde ehh - todo el salón los miraba con curiosidad, aún no sabían qué relación tenían, debido a que el varón no se había presentado aún.

- Muchachos, a sus asientos - ingreso una profesora tranquilamente - veo caras nuevas, podrían pasar al frente y presentarse - a Ciel no le agrado la idea, pues él ya se había presentado frente a la clase, por lo que no veía la necesidad de hacerlo de nuevo, pero aun así se levantó y fue al frente junto a su hermano.

- Mi nombre es Ciel - fue lo único que dijo y la maestra no sabía que más decir, ante la escueta respuesta de su nuevo alumno.

- Mi nombre es Astre, soy varón, tengo 15 años, mucho gusto - el otro azulino en cambio sonaba alegre, contagiando a la clase, Ciel solo sonrió - si tienen preguntas, pueden hacerlas - los alumnos interesados levantaron la mano y la maestra estaba alegre, de que los estudiantes interactuaran con los nuevos.

MascotaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora