Micaela y sus amigas decidieron entrar a la discoteca. Ella intentó llamar a Eliot, pero se detuvo al pensar en que quizá caería pesada.
—¿Qué esperas? —la apuró una de sus amigas— Llámalo, ¡dile que venga! Dile que queremos conocerlo.
—Dile que lo distraeremos un rato.
—¡Sí! Si su novia está lejos ¿no?
—¡¿Qué más les has contado, Ana?! —le reclamó a su amiga.
—¡Ups!
Micaela, algo molesta, decidió llamarlo. Se puso nerviosa pero se preocupó al descubrir que su celular se encontraba fuera de línea. Eso sólo podía significar una cosa, ¿estaba en la otra dimensión? O planeta, en todo caso. Pero no podía creerlo, él le habría avisado si había ocurrido algo.
—¿Ocurre algo?
—¡Ah! No, nada. Está bien, seguro ya estará viniendo de aquí.
Por otro lado. Eliot seguía a Jadi.
—¿Estás buscando algo? —le preguntó— ¿Quieres que te ayude con algo?
Jadi señalo hacia un bosque lejano y siguió caminando, él la siguió.
Después de unas horas, Micaela se sentía algo decepcionada de que su plan no funcionara. Se había dado cuenta de que estaba tomando de más sin percatarse, por estar preocupada por él. Sus amigas estaban bailando entre ellas, y las veía con tristeza. Se sentía una tonta, ¿Cómo se le ocurrió pensar que él vendría? Era obvio que con un baile podían pasar cosas, y sin duda él lo sabía.
—Me parece que esta señorita necesita compañía —le dijo un muchacho.
Volteó sorprendida.
—Gabriel… Hola, vaya, de algún modo me alegra verte aquí.
—Entonces qué bueno, ¿no?
—Sí —trató de forzar una sonrisa.
—Estás triste.
—No —desvió la vista un poco—, estoy bien —volvió a verlo y se encontró con la penetrante e insistente mirada azul de él—. Bueno… sólo un poco triste.
—Lo sabía.
—Soy una tonta… Me siento un poco mal, no suelo tomar, y mírame ahora.
Las amigas de Micaela la vieron a lo lejos.
—¡Mira! ¡Mira! —exclamó una.
—¡Cómo envidio a Micaela! ¡¿Qué hace para atraer chicos así?!
—Pero él es amigo de Eliot —aclaró Ana.
—¡Con más razón aún! ¡Seguro tiene más amigos guapos! ¡Vamos a verlos!
Gabriel tomó del brazo a Micaela.
—Si gustas te escolto hasta el baño.
—No, tranquilo estoy bien, sólo quiero distraerme —se puso de pie.
Él sonrió y la acercó, ella tropezó un poco y sacudió la cabeza. La llevó hasta la pista de baile y la pegó a su cuerpo.
—¿Quieres bailar entonces?
Ella se había ruborizado y se sintió agradecida de que por las luces y la oscuridad no se le notara. Él la tomó de la cintura con un brazo y con el otro tomó su mano. Sus amigas la buscaban hasta que los vieron. Decidieron dejarlos solos al verlos reír.
—Bailas bien —dijo la chica—. Disculpa si me tropiezo, estoy mareada.
—Sí, ya lo noté.
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Dos historias
FantasíaMicaela, una estudiante de Universidad, está muy entusiasmada, ya que esta vez llevará curso con aquel apuesto muchacho, objeto de su amor platónico. Pero no sabe que él guarda luminoso un secreto.
