Pasaron unos días. Micaela estaba andando con Eliot por el campus, y Ana la vio de lejos.
—¡Mica! —gritó— ¡Aquí estoy!
—Ana, ¿qué querrá?
—Tendrás que ir a verla o seguirá gritando desde allá —le dijo Eliot.
—Sí —rió un poco—, te veo luego.
Él sonrió y se fue. Micaela se fue a donde Ana, y ésta la abrazó.
—¡Amiga! —la soltó— ¡Era para que vinieras con él!
—Es mi amigo —aclaró otra vez—. No lo ofreceré a nadie, ni a mí, decidí que será mi amigo, y es así como lo he visto desde hace días.
Ana suspiró.
—Mi bobita amiga, tú le gustas —aseguró.
—¡Deja de decir eso! Claro que no, sólo tiene ojos para su novia.
—Bueno, bueno, no lo digo más. Es tu amigo.
—Así es…
Ana puso una sonrisa sospechosa, Micaela se preguntó qué pasaba, pero antes de que volteara, alguien le tapó los ojos por detrás.
—¡Ay no! Detesto este juego —refunfuñó.
—Vamos —la animó su amiga—, sé que adivinarás quien es.
Ella se detuvo un segundo y entonces lo supo.
—¡Gabriel! —dijo y él la soltó.
—¿Cómo supiste?
—¿Cómo no reconocer tu perfume, hombre?
El rubio soltó una leve carcajada.
—Sí, has estado lo suficientemente cerca de mí…
—Hey —ella se ruborizó.
—Micaela ¿me presentas a tu amigo? —intervino Ana.
—Ah, cierto, Gabriel ella es mi amiga Ana, la loca.
—Mucho gusto.
—De igual manera.
Ana se derritió por dentro y Gabriel volvió su atención hacia Micaela.
—Bueno, ya que estoy de pasada, ¿no quieres tomarte un jugo conmigo?
—Bueno —se encogió de hombros—, ya qué.
Se fueron y Ana quedó con la boca abierta.
—Yo estaré aquí… sola… Se fueron sin mí, qué mala amiga…
Micaela y Gabriel llegaron al cafetín, ella notó que algunas chicas volteaban a mirar al muchacho. Se sentía rara cuando las chicas miraban a Eliot, aparte de sentirse odiada además, y ahora con el rubio, le sucedía igual. Pero decidió que le gustaba ser envidiada.
—¿Deseas algo más aparte de jugo? —le preguntó él.
—Ahí está bien, gracias.
—Ah —sonrió—, chica light.
Micaela rió.
—Claro que no, sólo que ya he tomado desayuno.
—Sí, claro.
Ella se detuvo a pensar en que él tenía una sonrisa muy seductora, les trajeron los jugos y dejó de pensar en esas cosas raras. Estuvieron conversando tranquilos por un rato.
—¿Cómo van las cosas con él? —le preguntó Gabriel.
Ella se sorprendió un poco ante el cambio en su tono de voz, de amable a serio.
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Dos historias
FantasiMicaela, una estudiante de Universidad, está muy entusiasmada, ya que esta vez llevará curso con aquel apuesto muchacho, objeto de su amor platónico. Pero no sabe que él guarda luminoso un secreto.
