Capítulo #2; Pista de patinaje y... ¿sin ideas?

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Capítulo #2; Pista de patinaje y… ¿sin ideas?

Hoy era día viernes, tres días después de la pintura verde, el percance en el laboratorio y de Wannabe por toda la escuela. El par de mejores amigos fueron suspendidos por dos días y sus padres los castigaron esos mismos en sus habitaciones sin ningún tipo de contacto con el exterior.

Era muy mala suerte para sus progenitores, que Melanie y Mason se supieran todos y cada uno de los rincones de sus casas.

Mason salió por la puerta del perro y Melanie por la ventana de su habitación, las dos noches seguidas.

Mason tenía una llave maestra, así que con ella, se dirigieron a la dulcería más cercana. Mason hizo su magia y estaban dentro del establecimiento en menos de cinco minutos. El lugar no tenía cámaras, por lo que su trabajo fue más fácil.

No, no robaron. Ellos no eran ladrones. Simplemente tomaron todos los dulces que quisieron y dejaron el dinero correspondiente con una nota sobre el montón.

Aquí tu dinero. Gracias Dan. —M&M.

Dan era un hombre de casi sesenta años, muy bien conservado, para ser sinceros, y con una personalidad muy noble y moderna. A él le encantaba que Melanie y Mason pasaran a hablar con él de vez en cuando.

Después cerraron y dejaron todo en su lugar, sin dejar rastro de que habían estado ahí, con excepción de la nota y dinero.

Sabían que Dan tomaría el dinero y sonreiría mientras negaba con la cabeza, mientras pensaba como prohibirles la entrada en las madrugadas.

Luego ambos chicos regresaban a la casa de Melanie y veían películas hasta un poco antes del amanecer, para que así ambos estuvieran en sus casas para cuando sus padres fueran a revisarlos en la mañana.

Pero como su castigo y suspensión habían terminado, estaban de nuevo en la escuela, ideando algún plan maestro sobre qué era lo que harían ese día.

Estaban entre cambiar el champú de las duchas por tinta color café mierda o meter una lagartija en la blusa de la señora Turner. Aunque para ser sinceros, estaban empezando a aburrirse de siempre molestar a la profesora de Historia, así que quizá buscaran un nuevo conejillo de indias.

—¡Lo tengo! —gritó Mason.

—¿Ya sabes qué es lo que haremos hoy? —preguntó Melanie.

—¿Ah? No —contestó—. Es que había perdido una gomita de osito en mi mochila hace días y hoy la encontré.

El peli-negro mostró su mano con el dulce un tanto gris y con pedazos de lápiz pegados en algunas partes. Melanie arrugó la nariz, asqueada.

Mason era un puerco, como diría Melanie; comía cosas del piso y no le molestaba en absoluto estar sucio o que su habitación lo esté. En realidad, su habitación era un basurero de arriba abajo.

Mientras tanto, la peli-azul era una maniática de la limpieza, se bañaba dos veces al día y su habitación estaba tan ordenada que algunas personas dudaban si era realmente una habitación de adolescente.

Esa era una de las pocas cosas en las que no se parecían esos dos.

—Puerco —dijo Melanie.

Mason sonrió y acercó el asqueroso pedazo de comida a la cara de Melanie, quien se alejó y arrugó aún más la nariz, después de unos segundos, Mason se metió la gomita a la boca y la comió.

—Así de puerco me amas.

—Negativo pareja —contestó Melanie—. Te amo porque las bromas serían aburridas sin ti.

M&M.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora