Capítulo especial de Halloween [2].

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Capítulo especial de Halloween [2].

Normalmente, la noche de Halloween, Melanie y Mason la pasaban haciendo bromas, molestando gente, asustando niños, ensuciando casas (con huevos, papel sanitario, cinta adhesiva y globos con diferentes tipos de contenido; como mostaza, mayonesa, cátsup, harina, salsa, entre otras mezclas misteriosas).

Algunas veces, los mejores amigos asistían a fiestas, aunque claro, siempre después de las doce de la noche, cuando el ambiente estaba en su mejor punto y podían llegar simplemente a la diversión, como a ellos les gustaba. Ninguno consumía alcohol (por lo menos ya no), pero eso no impedía que fueran el alma y corazón del festejo.

Otras veces, como habían pensado hacer ese año, montaban una —la mejor— casa de los sustos; sangre, decoración tenebrosa, música de película de terror, cadáveres (falsos, obviamente) por todos lados, gente disfrazada de muertos o zombis, gritos de niña endemoniada por todos lados, entre otros.

Y éste año hubiera sido genial, hubieran ganado mucho dinero cobrando una pequeña cantidad en la entrada y, además, hubieran tenido la satisfacción de ver las caras de las personas al salir de su casa del terror.

Pero, para mala suerte de todos, Melanie había cogido un resfriado; y no era de ese tipo de resfriados que se soportaban o que se quitaban con el jarabito de mamá, no. Este resfriado, era de aquellos en que debías estar en cama durante mínimo una semana, algo así como cuidado intensivo.

La peli-plateada insistió en a Mason, que llevara a cabo la casa de los sustos sin ella; sabía perfectamente que su mejor amigo se podía hacer cargo y que saldría tan bien como saldría si ella participara o no. Pero Mason se negó rotundamente a hacerla e insistió en quedarse con ella esa noche, como lealtad de mejores amigos.

Después de mucha insistencia y de que el peli-negro avisara a todo mundo mediante Facebook que la casa de los sustos se cancelaría por problemas de salud de Mel, ella aceptó dejarlo quedarse en su casa la noche de Halloween.

Como todos los años, Grace y Josh, los padres de Melanie, salieron a una cena de gala que daba la empresa de su padre todos los años en cada evento que se presentaba (estaba segura de que al jefe de su padre le encantaban las fiestas, porque ponía cualquier excusa para hacer una). Así que ambos adultos se despidieron de los mejores amigos, avisando que no volverían sino hasta muy tarde.

Ya acostumbrados a pasar la mayor parte del tiempo juntos, Melanie y Mason asintieron y arreglaron el cuarto de la chica para la noche de películas de terror que tendrían esa noche de brujas.

Mason compró papas, sodas, jugos, galletas, gomitas, dulces, golosinas y demás tipos de comida chatarra que bien podrían comer unas veinte personas. También consiguió películas de terror, tales como: Carrie, Anabelle, La maldición, El conjuro, Mamá, El exorcista, rec, entre otras.

Con una bolsa extra-grande de papas, una lata de soda cada uno y un paquete de pañuelos desechables para Mel, empezaron su noche.

Empezaron viendo Anabelle. Lo primero que Mason dijo cuándo la película acabó, fue: “¿Por qué mierda la muñeca no se movió?”. Luego Melanie se enojó porque Evelyn murió y decidieron ver la siguiente película: Carrie.

Primero, Mason se asqueó por la escena que la madre de Carrie estaba dispuesta a quitarle la vida la linda bebé con unas tijeras, pero en el último instante, se detuvo.

No podía matar a su bebé. Era su bebita. Suya.

Después de un rato, Melanie empezó a murmurar incoherencias e insultos inconscientemente, como cada que se enfada, pensó Mason; los cuales, iban dirigidos a aquellas tipas que le lanzaron toallas y tampones femeninos.

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