Capítulo 1

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Aristóteles se encontraba con su familia en una típica comida de domingo en la que todos se reunían. Le gustaba el ambiente que se había formado gracias al regreso de Juan Pablo, y el esposo de su prima Dani, Gabriel. Eso le hacía olvidar que su mundo era muy triste pues no había podido desarrollar otros colores, que no fueran los de Robert y Julieta que le habían regalado el color verde que interpretó como la esperanza. El de Gabriel que fue un rojo intenso, que con solo ver a su prima y a Gabriel juntos le dio el significado de verdadero amor... aunque también con su padre tuvo un nuevo color fue un azul muy obscuro, este se desató cuando su padre se decepcionó de él, al no tener un buen rendimiento escolar. Noto que en cuanto ese último color apareció, el naranja fue disminuyendo su intensidad y con el la admiración por su padre.

A su edad de 15 años solo se le habían mostrado ocho colores, Aristóteles intentaba imaginar con esos pocos como luciria toda la gama de colores a su alrededor, pero simplemente le fue imposible. 

Aristóteles estaba totalmente perdido en sus pensamientos que no escucho a su abuela hablarle. -¡Aristóteles!- grito, lo cual lo hizo saltar en su asiento y poner una mano en su pecho por el susto.

-¿Que paso abuelita?

-¿Porqué andas tan distraído hijo?- pregunto Imelda. -Ah, ya se estabas pensando en alguna niña que llamo tu atención...

-Emm... no abuela estaba pensando en las pruebas para entrar al equipo de básquet.

-Hijo, no crees que ya es tiempo de que traigas a una niña a la casa- dijo Audifaz. -digo ya estás grande y no te hemos conocido ninguna novia o algo.

Aristóteles bajo la mirada mordiendo su labio inferior, Julieta que estaba sentada a su lado le apretó una de sus manos. Robert miro a su primo y luego a su familia. -Tío no crees que estas precionando a Aris.

-Juan Pablo por favor no te metas. -dijo bruscamente Audifaz.

Antes de que se desatara una discusión, Aristóteles se puso de pie. -Voy a dar una vuelta, gracias por la comida tía.

Aristóteles se dirigió a su apartamento agarro su balón de básquet y salió corriendo del edificio, se dirigió al parque y se sentó en una banca derrumbado se, él si deseaba encontrar a su pareja pero que su padre y abuela lo presionaran no le iba a servir. Últimamente su madre y padre habían estado peleando mucho debido a que Audifaz ya no aportaba dinero a la casa y no sabía a donde iba todas las tardes, entre eso se sentía culpable ya que su mamá lo defendía, como la noche pasada habían peleado por lo mismo la escuela y por que no llevaba a alguna niña. mamá siempre lo defendió, Aristóteles recordaba lo que le prometió a su madre sobre luchar por lo que sentía sin importar nada, aveces hablaba con sus primas, o con Juan Pablo y Julieta, todos ellos le decían lo mismo.

Soltó unas lágrimas al recordar una conversación que sin querer había escuchado, era de su madre y su tía Blanca, había escuchado a su mamá decir le a su tía que los colores se estaban volviendo opacos, lo que quería decir que ya no sentía lo mismo por su padre y le dijo que le iba a pedir el divorcio.

Salió de sus pensamientos al sentir cosquillas a un lado suyo, se trataba de un perro, era muy bonito. -Hola, te perdiste- le pregunto como si fuera a contestar, lo tomo en brazos y vio la placa que tenia. -¿Eros?- el perrito ladro confirmando que ese era su nombre. -Tranquilo seguro te estan buscando.

Aristóteles seco sus lágrimas, se levantó y camino al rededor del parque buscando a alguna persona angustiada. Habían pasado unos minutos cuando escuchó un grito.

-¡Eros! ¡Donde estas!- era la voz de un chico, siguió la voz angustiada. -¡Eros!

Llego a un kiosco, ahí estaba un chico con una correa en la mano izquierda mientras que con la derecha bloqueaba el sol de la tarde. Aristóteles lo vio sentarse en una banca rendido y desanimado, fue entonces cuando se acerco a él. -Oye. -El chico levantó la mirada, tenía sus ojos brillosos quiza estaba a punto de llorar. -Este creo que es tuyo.

Un mundo de ColoresHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora