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La tensión flotaba en el aire como una niebla espesa. Era de noche, y ninguno lograba conciliar el sueño.

—¿Por qué no van a dormir? Yo vigilaré —dijo Taehyung en voz baja, intentando sonar tranquilo.

—No te dejaremos solo —respondió Hoseok con firmeza, sin apartar la vista de la ventana.

—Y-yo sí iré a dormir... —murmuró Jimin, rompiendo el silencio.

Jungkook frunció el ceño al verlo temblar levemente, y sin pensarlo, tomó su mano con delicadeza.

—¿Qué tienes?

—Es solo que... no me siento bien —respondió Jimin con una sonrisa cansada que no alcanzaba a sus ojos.

—Si necesitas algo, solo dímelo —susurró Jungkook, con preocupación sincera en la voz.

—Gracias...

Jimin subió a la habitación que compartía con Jungkook. El cansancio pesaba en sus párpados como si llevara días sin dormir. Se recostó en la cama y no tardó en quedarse profundamente dormido.

Pero no pasó ni una hora cuando algo lo despertó.

Alguien lo abrazaba por la cintura desde atrás. El agarre era más fuerte de lo normal, cálido... pero inquietante.

—J-Jungkook... —murmuró Jimin, quejándose débilmente entre sueños.

Una voz desconocida, susurrante y helada, respondió justo detrás de él:

—Creo que no soy a quien deseas...

Antes de que Jimin pudiera gritar o moverse, una mano firme le tapó la boca y lo inmovilizó contra el colchón. Su cuerpo se tensó al reconocer que no era Jungkook quien lo abrazaba.

—Pequeño, será mejor que no hagas ruido... —susurró Eun-ho con una sonrisa venenosa—. A menos que quieras que tu querido Kookie termine muerto.

El corazón de Jimin golpeaba su pecho con fuerza. Intentaba zafarse con desesperación, pero los brazos de su agresor eran más fuertes, más firmes... y fríos.

—No le he hecho nada —continuó Eun-ho, divertido—. Entré por la ventana. Nadie sabe que estoy aquí.

Se acercó a su cuello, aspirando su aroma con placer. En un descuido, se inclinó para intentar besarlo, pero Jimin, lleno de terror y furia, aprovechó el momento y mordió con todas sus fuerzas la mano que lo sujetaba.

—¡Aaaah, maldita perra! —gritó Eun-ho, soltándolo.

Jimin no lo pensó dos veces. Corrió tan rápido como pudo hacia la puerta, pero Eun-ho reaccionó aún más rápido y lo tomó brutalmente del cabello, jalándolo hacia atrás.

—¡JUNGKOOK! ¡AAAHJ! —gritó Jimin, retorciéndose de dolor, con lágrimas desbordando de sus ojos.

—Olvídate de Jungkook —escupió Eun-ho, furioso.

—¡JUNGKOOOOOK! —gritó Jimin con todo lo que le quedaba, la voz rota, llena de pánico y desesperación.

Abajo, todos dormían… o eso parecía. En realidad, habían sido drogados.

Uno de los hombres que acompañaba a Eun-ho había lanzado discretamente una pequeña bomba de gas somnífero. Cuando los demás se dieron cuenta, ya era demasiado tarde. Uno a uno, cayeron rendidos, sumidos en un sueño profundo e irrompible.

Mientras tanto, Jimin gritaba con desesperación desde lo alto de la casa, sin que ninguno de los tres pudiera escucharlo.

—¡¡JUNGKOOK!! —su voz se rompía entre lágrimas, cargada de miedo y desesperación.

PURGA (kookmin)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora