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Habían pasado tres meses.

Noventa días donde cada noche era una batalla contra los recuerdos, y cada amanecer, una lucha por volver a respirar sin que el corazón doliera tanto. Jimin seguía teniendo sueños —o mejor dicho, pesadillas— que lo despertaban con el rostro empapado en lágrimas y el nombre de Jungkook escapando entre sus labios.

Aun así, poco a poco, su sonrisa comenzaba a regresar… tenue, frágil, pero real. Como una flor brotando entre ruinas.

Su vientre ya no era plano. Ahora, una suave curva marcaba el inicio de una nueva vida. En su habitación modesta, una pequeña cuna blanca adornaba el rincón más iluminado por el sol, vestida con una mantita tejida por Taehyung. No era la habitación más linda, ni la más grande… pero estaba llena de amor. Y eso, por ahora, era suficiente.

Yoongi y Taehyung estaban comprometidos. Un anillo sencillo brillaba en sus manos y sus risas llenaban la casa vecina. Jimin los observaba desde su ventana a veces, con una mezcla de ternura, melancolía y una punzada de envidia que prefería ignorar.

Él trataba de ser feliz a su manera. Trataba de borrar los recuerdos que Jungkook había dejado esparcidos en cada rincón de su alma. Trataba de imaginar que su hermano, desde algún lugar, lo miraba con orgullo. Pero era difícil.

Porque esa sonrisa que ofrecía al mundo… era solo una máscara. Una máscara bien puesta, cuidadosamente ensayada, que ocultaba una herida que no sanaba.

Ahora, Jimin estaba recostado en su cama, una mano acariciando suavemente su vientre. Sus dedos temblaban apenas al sentir el leve movimiento dentro de él. Su hijo. El último regalo que Jungkook le había dejado.

Pero algo no iba bien. Desde la noche anterior, un malestar persistente lo atormentaba. Al principio lo había ignorado, creyendo que era estrés o alguna molestia menor. Pero ahora, mientras el sol apenas se filtraba por las cortinas, una punzada más fuerte lo obligó a incorporarse con dificultad.

—Ah… —jadeó, llevando la otra mano a su costado.

El dolor era punzante, como si algo dentro de él estuviese despertando antes de tiempo. Su respiración se volvió errática, y un leve sudor frío cubrió su frente.

—No… no ahora…

Intentó levantarse, tambaleándose un poco mientras se sostenía del borde de la cama. Su corazón latía con fuerza, no solo por el dolor, sino por el miedo. Miedo a perder lo único que le quedaba de él.

—T-Taehyung… —susurró con voz quebrada, esperando que lo oyera desde la casa de al lado—. Tae…

Pero nadie respondió.

El mundo girando a su alrededor. No sabía si era por el miedo, el dolor… o el cansancio de cargar un duelo que ya lo estaba quebrando por dentro.

 No sabía si era por el miedo, el dolor… o el cansancio de cargar un duelo que ya lo estaba quebrando por dentro

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PURGA (kookmin)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora