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Debido a que mi madre decidió inculcarme enseñanzas diferentes y alejarme todo lo posible de la maldad, jamás dejó a mi abuela enseñarme hechizos y pociones, lo poco que yo sabía era magia blanca, y aún así mi madre me había prohibido usarla diciéndome que era un poder demasiado peligroso para una persona, y que debía tener cuidado. Siempre lo tuve, siempre obedecí, después de escuchar las aterradoras historias que mi madre me contaba sobre las brujas de magia negra decidí que no quería ser una de ellas, así que me alejé de todo lo que tuviera que ver con mis raíces y la maldición que mi bisabuela había dejado en su descendencia, hasta que hice un trato con él, si lograba liberar al pueblo que mi bisabuela había maldecido, mi madre, yo y todas las generaciones futuras serían liberadas también de la maldición.

Y ahora estaba allí, en el reino del demonio al que debía destruir, siguiendo una serie de pruebas, siendo útil para él... Haciendo todo lo contrario a lo que debería estar haciendo. Tal vez debí darme cuenta que no podría hacer esto sola, no tenía un entrenamiento, ni siquiera sabía usar mis propios poderes de bruja, si no era capaz de salir de un maldito bosque ¿Cómo pretendía salvar a un pueblo entero?

—Basta, Vadwarhe, me rindo. Sácame de aquí.— no hubo respuesta. — No sé cómo crear fuego a partir de mis poderes, no sé casi nada sobre ellos. Tú ganas.

Nada...

Me dejé caer en el suelo y me senté, tenía las herramientas, pero no tenía el instructivo para usarlas. Me pregunté cuanto tiempo más estaría allí, sola, en silencio y completa oscuridad.

Un pequeño y apenas audible murmullo llamó mi atención, ¿Lo había imaginado? Presté atención y traté de agudizar mis oídos. Lo escuché de nuevo, lejano, casi ausente. ¿Era un silbido? Me levanté procurando no hacer mucho ruido. En el completo silencio el murmullo venía de todas partes.

Me... Ugu... Pyat... Aghsì...

Era cada vez más claro ¿Había alguien más en el bosque? Me acercaba, podía saberlo gracias a que cada vez la voz era más clara. De pronto, fui capaz de ver algo a lo lejos, una luz tenue. Rápidamente me acerqué.

Conforme iba llegando, noté que no estaba en el bosque... Había un pasillo y una habitación oscura. Estaba decidida a adentrarme en la habitación cuando me sorprendió una pequeña figura que corrió desde el pasillo hasta la puerta de la habitación y la abrió. Me detuve en seco, esa figura... Era una niña, era yo, y en la habitación estaba esa voz, mi abuela. Estaba presenciando aquella vez, cuando mi abuela estaba dando inicio a un ritual ¡Tenía que prestar atención!

Me acerqué más, quedándome junto a la niña para observar mejor.

Mi abuela enterró sus dedos en una maceta con lodo y mientras murmuraba unas palabras se dibujó dos lineas en el rostro. Cerró sus ojos y meneó la cabeza tarareando, se puso de rodillas en el suelo y tomó una respiración profunda antes de alzar sus manos al cielo y después bajar rápidamente hasta golpear con los puños el suelo.

Me prizoesat ugunsal le corpyat paghsì...— murmuró en una voz ronca, gutural. Forzando su garganta.

Lo repitió tres veces mientras golpeaba al suelo cada vez que terminaba. Memoricé las palabras... Desconocía el idioma, no sabía lo que estaba diciendo pero era parecido a las palabras que había dicho Vadwarhe antes.

Mi abuela, o el recuerdo de ella tomó un poco de tierra seca y la lanzó hacia el aire, al instante, esta se convirtió en chispas que al llegar al suelo iniciaron fuego.

Pasos apresurados me hicieron girar la cabeza rápidamente, mi corazón se aceleró cuando vi a mi madre acercándose por el pasillo, tomándome en brazos me llevó lejos de allí, evitándome ver lo que seguía. Sin embargo y por alguna razón, yo aún podía observar lo que estaba sucediendo en aquella habitación.

Scary Town (Halloween 2018)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora