Capítulo X.

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Capítulo X. - Sensaciones.

Sora se sentía mal tras tener que evitar aquellas pastillas a las cuales se había vuelto prácticamente un adicto desde que su memoria le permitía recordar, pero se sentía aún peor tras pensar en sí mismo como algo no muy distinto a un drogadicto, no lo quería.

Sus amigos lo ayudaron bastante esa semana, pronto se le pasó esa incomodidad de compartir con los de casta alfa, y de esa forma pudo sobrellevar todo, en especial las clases, y solo por ello estaba ahí.

Tenían una clase que no comprendía muy bien, pero era porque no prestaba atención, miraba la ventana y raramente escuchaba a la maestra que parecía divagar todo el tiempo, a penas y retenía palabras sueltas que no parecían tener concordancia alguna entre sí a falta de conectores.

De repente, sintió una sensación extraña en el vientre, algo que sentía que ya le había pasado, pero no reconocía. Pensó por instantes que eran ganas de vomitar, pero no, definitivamente no era eso, esa sensación la recordaba demasiado bien.

Salió del salón para ir al sanitario. No empezó a correr, no lo necesitaba, solo sentía como el... ¿malestar?, se hacía cada vez más intenso, aunque comenzó a identificarlo como un cosquilleo extraño.

Realmente no supo qué hacer una vez llegó, solo se miró al espejo, no estaba pálido, al contrario, sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas.

Al instante, sintió como el calor comenzaba a apoderarse poco a poco de su sistema, provocando que se aferre con fuerza al lavamanos, soltando un suave jadeo. De repente, sus clases y las palabras sueltas comenzaban a tener sentido para él.

Las consecuencias del uso constante y desuso repentino de los supresores... cambio en el periodo de celo...―

El simple hecho de escuchar el timbre sonar le causó una sensación de vértigo, escondiéndose tan rápido como podía en uno de los cubículos.

Su cuerpo cada vez le respondía menos, las piernas le comenzaron a fallar, y que ese cosquilleo que tan nervioso le traía se haya extendido a aquella zona no ayudaba en nada.

Mordió suavemente uno de sus dedos, tenía demasiado miedo.

Él nunca, pero nunca, había pasado eso en su propio celo. No, directamente nunca había dejado que su celo se dé desde la primera vez, que no se parecía en nada a eso.

Jadeó y se recostó contra el muro, aferrándose con fuerza a sus ropas, comenzando a sentirse progresivamente desesperado.

Temía que su aroma saliese de ahí y fuera a ser el centro de atención de algún estudiante, le aterraba demasiado. No sabía si los latidos de su corazón eran por eso o por el calor.

Por ello mismo, sintió que le iba a dar un ataque cardiaco cuando alguien golpeó la puerta, ni siquiera lo oyó llegar.

―¿Sora? ¿Estás bien?―

Soltó un fuerte suspiro de alivio al notar de quién se trataba, aún sintiéndose mal, estuvo a nada de abrir la puerta, hasta que se dio una patada mental, y se apegó a una de las esquinas del pequeño espacio.

―Ro...Roxas...―

El rubio sintió un escalofrío, el tono de su voz se lo había provocado.

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