Capítulo IX.

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Capítulo IX. - Roto.

Recuerda tomar tus medicamentos, Sora.―

―Sí... los tomé ya como me dijo.― afirmó, soltando un suspiro, cansado.

―Últimamente te ves algo débil, aumentaremos un poco la dosis la próxima vez, ¿sí?―

―Está bien... como diga...―

~♡~

Los chicos estaban en sus clases como de costumbre, faltaban menos de diez minutos para poder salir al receso, por lo que ya la mayoría ya no prestaba atención a otra que cosa que no sea el reloj o sus celulares, lo normal.

Sora por su parte estaba en el limbo. En parte escuchaba a su maestro, quién le estaba dando una clase que no entendía del todo, pero cuando le leía el libro todo le quedaba claro; por otro lado, solo quería salir ya.

Se sentía algo cansado, tenía miedo de estar a punto de enfermarse, sería complicado para él si no podía asistir a clases, tenía una beca que mantener después de todo.

El cuerpo le pesaba un poco, y eso aportaba a que no pudiera poner toda la atención que quisiera (y debiera) a las clases.

Cuando estuvo apunto de recostarse en su mesa para descansar un poco, un impulso le hizo levantarse de golpe, interrumpiendo por instantes al maestro, al cual a penas le hizo un gesto de disculpa y salió corriendo del salón, dejando confundidos a todos, y preocupado a un rubio que solo se quedó mirando la puerta.

―Puedes ir, joven Roxas.― soltó el maestro, ya conociendo la relación cercana entre ambos.

―Gracias.―

Sin más, tomó las cosas de su compañero y salió disparado para poder seguirle.

"¿Un ataque..?"

Se cuestionaba una y otra vez qué podría haberle provocado un ataque de pánico, no había estado prestando real atención a las clases, no sabía si el maestro había mencionado algo delicado, aunque lo dudaba demasiado, ese docente siempre tenía cuidado de lo que decía.

Debido a estar tan centrado en sus pensamientos, no se dio cuenta que estuvo a punto de chocar con alguien, y de no ser por la voz de la pelinegra, hubieran terminado colisionando.

―Lo siento Xion... no te vi.― suspiró.

―No te preocupes. ¿Sabes qué le pasa a Sora?― cuestiono, preocupada.

―No, eso voy a intentar averiguar. ¿A dónde fue?―

―Creo que al baño, estaba algo pálido.―

―Gracias, nos vemos luego en la azotea.― se despidió, volviendo a correr.

Por su parte, el castaño se agarraba con fuerza el vientre, sujetándose con la otra mano del borde del inodoro, devolviendo hasta lo que no tenía en el estómago, tosiendo de entre tanto por falta de aire.

Roxas llegó y solo pudo escuchar los sonidos que salían de uno de los cubículos del fondo, sintió un malestar horrible al recordar la primera vez que estuvo en esa situación, pero ahora era incluso peor.

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